e-issn 2227-6513 santiago, 167, 2026
Artículo de Investigación
Comunicación política de la autogestión comunitaria en el contexto cubano: su influencia en las relaciones políticas comunicacionales
Political communication of community self – management in the cuban context: its influence on political communication relations
Comunicação política da autogestão comunitária no contexto cubano: sua influência nas relações políticas e comunicacionais
Yamilet Suárez Alonso 1, ORCID: http://orcid.org/0000-0002-7023-6137
Hilda Saladrigas Medina 2, ORCID: http://orcid.org/0000-0003-3470-5159
1Universidad del Partido Comunista de Cuba “Ñico López”, Vicerrectoría, La Habana, Cuba
2 CEHSEU, La Habana Cuba
*Autor para correspondencia: jramirez5706@utm.edu.ec
RESUMEN
El propósito de este artículo es sistematizar los conocimientos existentes referentes a la comunicación política de la autogestión comunitaria en el contexto cubano; así como su influencia en las relaciones políticas comunicacionales entre dirigidos y dirigentes. El mismo se auxilió de métodos teóricos y empíricos como: el análisis documental y bibliográfico, el analítico, sintético, histórico-lógico, lógico-deductivo y la elevación de lo abstracto a lo concreto pensado, los cuales posibilitaron el análisis filosófico-político- comunicacional de la problemática tratada desde una posición crítico-propositiva. Los resultados revelan que existe una dispersión teórico metodológica en el tratamiento de este asunto. La originalidad del estudio radica en la integralidad de los análisis desde los tres ámbitos de la Comunicación Social y en el enfoque sistémico y estratégico de centrar la atención en las relaciones políticas entre dirigidos y dirigentes sustentadas por la comunicación política de la autogestión comunitaria en el contexto cubano.
Palabras clave: Comunicación política, autogestión comunitaria, relaciones políticas comunicacionales.
Abstract
The purpose of this article is to systematize existing knowledge regarding the political communication of community self-management in the Cuban context, as well as its influence on the political communicational relationships between those led and their leaders. It employed theoretical and empirical methods such as documentary and bibliographic analysis, analytical, synthetic, historical-logical, and logical-deductive reasoning, and the process of moving from abstract to concrete thought. These methods enabled a philosophical, political, and communicational analysis of the issue from a critical and propositional perspective. The results reveal a theoretical and methodological dispersion in the treatment of this topic. The originality of the study lies in the comprehensiveness of the analyses across the three areas of Social Communication and in its systemic and strategic approach, which focuses on the political relationships between those led and their leaders as sustained by the political communication of community self-management in the Cuban context.
Keywords: Political communication, community self-management, political and communicational relations.
Resumo
O propósito deste artigo é sistematizar os conhecimentos existentes referentes à comunicação política da autogestão comunitária no contexto cubano, bem como sua influência nas relações políticas e comunicacionais entre dirigidos e dirigentes. O mesmo se apoiou em métodos teóricos e empíricos como: a análise documental e bibliográfica, o analítico, sintético, histórico-lógico, lógico-dedutivo e a elevação do abstrato ao concreto pensado, os quais possibilitaram a análise filosófico-político-comunicacional da problemática tratada a partir de uma posição crítico-propositiva. Os resultados revelam que existe uma dispersão teórico-metodológica no tratamento deste assunto. A originalidade do estudo reside na integralidade das análises a partir dos três âmbitos da Comunicação Social e no enfoque sistêmico e estratégico de centrar a atenção nas relações políticas entre dirigidos e dirigentes sustentadas pela comunicação política da autogestão comunitária no contexto cubano.
Palavras-chave: Comunicação política, autogestão comunitária, relações políticas comunicacionais.
Recibido: 9/12/2025 Aprobado: 10/1/2026
Introducción
La continua demanda de generación histórica de orden, integración y estabilidad socio-política en Cuba requiere de un basamento teórico – metodológico para desarrollar la comunicación política de la autogestión comunitaria, de modo que a través de ella se produzcan acumulados, históricamente posibles, de relaciones sociales de carácter socialista y se desarrolle la conjugación entre la aptitud-actitud racional con la sensibilidad política humanista en el discernimiento y realización de los derroteros históricos de construcción de alternativas comportamentales al capitalismo.
El presente artículo se orienta a la solución de necesidades teóricas fundamentales emanantes de la práctica socio-histórica en el contexto cubano entre las que se encuentran: el favorecer y dinamizar la construcción de nuevas relaciones sociales de carácter socialista a partir de la activación de relaciones políticas consecuentes con la naturaleza del poder político popular y la función general de su ejercicio en Cuba. Cuestión que trasciende el objeto habitual de las llamadas Ciencias de la Dirección, al tiempo que demanda la integración del saber que pueden aportar, a esos efectos, las diversas Ciencias Sociales e, incluso, otras más allá de sus fronteras.
Lo anteriormente expuesto resalta la complejidad del proceso y no niega la necesidad de que desde las Ciencias Políticas se construya continuamente los fundamentos teórico metodológicos que respondan de una manera más cercana al contexto donde este se desarrolla, especialmente desde la micropolítica; donde la relaciones entre dirigidos y dirigentes tienen un carácter estratégico para el logro de una autodirección social desde los aportes que brinda la comunicación política de la autogestión comunitaria.
El estudio se deriva de una investigación interdisciplinar que, desde el Programa Doctoral “Dirección Política de la Sociedad”, tributa a su línea de investigación No. 1. Fundamentos teóricos generales acerca de la Actividad de Dirección Política de la Sociedad Cubana por el pueblo. Tiene como objetivo sistematizar los conocimientos existentes referentes a la comunicación política de la autogestión comunitaria en el contexto cubano; así como su influencia en las relaciones políticas comunicacionales entre dirigidos y dirigentes. Además tiene como antecedentes estudios doctorales en Ciencias Políticas y de maestría en Estudios Sociopolíticos y Socioculturales tanto a nivel internacional como nacional; así como otras investigaciones asociadas al campo de la Comunicaciòn Política y a las Ciencias de la Dirección que tributan al objeto de análisis. Entre ellas se pueden destacar los aportes de Krohling Peruzzo (2025), Rodríguez Noriega (2025), Suárez Alonso (2025) y Suárez Alonso y Rodríguez Noriega (2026).
Metodología
El artículo se deriva de una revisión narrativa sustentada en los paradigmas epistemológicos analítico-racionalista y dialéctico-materialista, lo que permitió abordar el objeto de estudio desde una perspectiva crítica e integradora. Para el desarrollo del análisis se recurrió a diversos métodos teóricos y empíricos, entre los que destacan: el análisis de textos y la revisión bibliográfica de libros, artículos científicos, documentos históricos y de otra naturaleza, publicaciones periódicas, semblanzas y ensayos. Asimismo, se emplearon métodos como el analítico-sintético, el histórico-lógico, el lógico-deductivo y la elevación de lo abstracto a lo concreto pensado, los cuales posibilitaron un examen filosófico, político y comunicacional de la problemática tratada, desde una posición crítico-propositiva.
El enfoque metodológico mixto asumido permitió articular la dimensión teórica con la práctica, integrando el análisis documental con la interpretación crítica de los marcos normativos y discursivos. La secuencia lógica seguida en el estudio partió de la identificación de los principales aportes internacionales y nacionales en torno a la comunicación política y comunitaria, continuó con la revisión de los marcos normativos y políticos que regulan la materia en Cuba, y culminó con la detección de vacíos y limitaciones que justifican la necesidad de un modelo de análisis integral y sistémico.
Resultados y discusión
A nivel internacional, diversos autores han abordado la comunicación política como objeto de estudio, entre ellos Mota (2023), Romero (2025) y Pérez (2025). Sus investigaciones se han centrado en temáticas como la propaganda política, los debates, la construcción de la imagen política, el marketing electoral, el establecimiento de la agenda y las campañas. Asimismo, destacan los análisis sobre el poder de la guerra mediática de carácter simbólico y cognitivo, así como el papel de la inteligencia artificial (IA) en la gobernanza y su influencia oculta en fenómenos contemporáneos como el neofascismo, posfascismo y ciberfascismo. Estos aportes también han profundizado en la relación entre comunicación política e “infoguerra”, subrayando sus impactos significativos en los procesos emancipatorios de la región latinoamericana.
En el caso de Cuba, sobresalen los estudios de Saladrigas (2024, 2025), Ruiz (2024), Drake (2024) y Pérez (2025), quienes centran sus propuestas en el rol de los medios de comunicación alternativos en las comunidades, especialmente la radio y la televisión, como herramientas para la gestión del desarrollo cultural comunitario. Sus análisis también enfatizan la importancia de la opinión pública, las prácticas comunicativas políticas y las interrelaciones entre el socialismo cubano, la Revolución, el marxismo y la comunicación.
Por otra parte, autores como Elizalde (2013), Fung y Bauta (2015), Acea (2022), Rodríguez (2022, 2024, 2025), González y Vázquez (2020) y González (2024) han particularizado en la implicación de los actores políticos como sujetos revolucionarios, en la gobernanza de internet y en los enfoques del discurso político. Sus trabajos también destacan la comunicación como herramienta estratégica dentro de la política de los Estados Unidos, aportando perspectivas críticas sobre su influencia en el escenario cubano y regional.
Sin embargo, aunque los aportes realizados resultan significativos, aún no alcanzan un carácter suficientemente integrador y sistémico en relación con los diversos ámbitos en los que se desarrolla la comunicación política en el contexto cubano. Se observa una tendencia a ponderar más lo organizacional y mediático que lo comunitario, destacándose los procesos de gestión comunicacional en detrimento de los procesos de autogestión.
En el plano internacional, varios autores han investigado la autogestión comunitaria, entre los que sobresalen Uranga y Vargas (2020) Uranga (2021) y Krohling (2025). Sus trabajos insisten en la necesidad de transformar la espiral descendente de la pobreza en espirales ascendentes de desarrollo comunitario, promoviendo la descentralización que permite al municipio y, de manera concreta, a la comunidad local, convertirse en generadora y articuladora de iniciativas.
En el contexto nacional, autores como D’Angelo (2004) D’Angelo y Morillas (2020), Drake (2024) y Romero (2025) han abordado la necesidad de la educomunicación en este proceso desde una perspectiva sociocultural, enfatizando en la accesibilidad, la soberanía y la autogestión de las infraestructuras de comunicación, así como en la imprescindible autogestión social. No obstante, se considera que en su mayoría sus análisis carecen de integralidad, pues tienden a ponderar el rol mediático en mayor medida que el organizacional, y lo político no se comunica de manera suficiente a partir de la propia autogestión, lo que genera, en ocasiones, distorsiones en la implementación de sus propuestas por parte de los actores encargados de llevarlas a cabo.
La revisión y análisis bibliográfico-documental permitió constatar que, en su mayoría, las investigaciones promovidas por instituciones, organizaciones o redes de investigación en Cuba intencionan sus análisis respecto al objeto de estudio de manera dispersa y sesgada. Se abordan dimensiones específicas como la comunicación política, comunitaria, participativa, para el cambio social o para el desarrollo, pero sin lograr una visión integral y sistémica. Esta fragmentación limita la incorporación coherente de los aportes teóricos realizados a partir del análisis contextual cubano.
En el orden político-normativo, se puede afirmar que la comunicación política ha sido abordada con especial interés en los discursos de los principales dirigentes del país y en los documentos rectores del Partido Comunista de Cuba (PCC) desde su I Congreso en Tesis y Resoluciones, aunque con una marcada orientación hacia lo mediático. Asimismo, desde los Objetivos de la Primera Conferencia Nacional del PCC (2012) se hace referencia explícita a su importancia y necesidad de desarrollo, particularmente en los números 46, 54, 59, 67, 69, 70 y 71.
En la Conceptualización de la Actualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista (PCC, 2021), resultan de especial valía para este estudio el Capítulo I, principio 3 y el apartado 1.2 inciso f), así como en el Capítulo IV los incisos e), g) e i) y los artículos 4.1 y 4.2.
De igual manera, en los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución (primera edición), se destaca el Lineamiento 165. En la Política de Comunicación Social del Estado y el Gobierno cubanos, que cuenta con 6 objetivos y 17 principios, se corresponden con el objeto de estudio los objetivos 1.2 y 1.4, los principios 2.3, 2.7, 2.10 y 2.17, y la acción 3.5 (PCC, 2021).
La Constitución de la República de Cuba (Asamblea Nacional del Poder Popular, 2019) también tributa al componente político-comunicacional en sus artículos 1, 10, 13, 16 inciso m), 53, 55, 56, 61, 97 y 101 incisos g) y h). A ello se suman la Ley 127/2019, Ley Electoral, y el Decreto-Ley 41/2021 “De la Creación del Instituto de Información y Comunicación Social” (GOC-2021-801-O96).
En síntesis, aunque existe un marcado interés político, jurídico, científico y cultural en Cuba respecto a la comunicación política y social, se requiere que en la práctica política comunicativa lo normado trascienda hacia una mayor integración entre la teoría y la praxis revolucionaria.
Las autoras coinciden con Buen Abad (2006) en la concepción del proceso comunicacional como un organismo viviente que puede nacer, crecer, reproducirse y morir si no se interpreta adecuadamente y se le presta la máxima atención. No debe entenderse como una herramienta que puede utilizarse a conveniencia, sino como un componente estratégico que transversaliza los demás procesos sociales.
En el caso cubano, la Ley de Comunicación Social (ANPP, 2024) regula en el Título I, Disposiciones Preliminares, Capítulo I, Artículo 3 la complejidad de este proceso, subrayando que la conformación de colectividades surge de intereses comunes y de la necesidad de comunicar información valiosa capaz de vincular a los individuos y regular comportamientos sociales. Esto denota el carácter estratégico de la comunicación social, sustentado en la capacidad de intercambio y de interrelacionamiento de los interlocutores. No obstante, en el contexto actual se demanda la construcción y reconstrucción constante de modos, métodos, medios y mecanismos que favorezcan el desarrollo de la colectividad socio-política, dado que este proceso no ocurre de igual manera en todas las sociedades, pues depende de su desarrollo económico, político, social, cultural y tecnológico.
En Cuba, se sugiere que este proceso se realice desde la colectividad socio-política, asentada en el poder social y conformada como resultado de las transformaciones impulsadas por la Revolución en términos de dignificación y justicia social popular. En este escenario, el auto-reconocimiento del pueblo como protagonista resulta estratégico.
Por tal motivo, las autoras consideran necesario fortalecer las relaciones entre la institucionalidad política y las instituciones no políticas en la Actividad Práctica General de Dirección Política de la Sociedad por el pueblo. Asimismo, se requiere propiciar una mejor comunicación política de estas interrelaciones entre dirigidos y dirigentes, no solo a través de las redes sociales digitales, sino mediante una comunicación estratégica aplicada con una perspectiva de 360°, que logre un impacto sistémico e integral en los tres ámbitos de la comunicación social. La propia Ley 162/2023, en su Capítulo II, Artículo 4.3 inciso c), reconoce lo comunitario como parte esencial del sistema de comunicación social.
En este sentido, las autoras concuerdan con lo normado, pero plantean que la representación del entorno ofrecida en los relatos comunitarios solo alcanzará congruencia si es compatible con la concepción del orden social vigente, donde las mediaciones desempeñan un papel trascendental. Además, la misma Ley, en su Capítulo V de la Comunicación Política (Artículos 55.1, 55.2, 55.3, 56, 57 y 58.1, 58.2), articula implícitamente vínculos generales con lo establecido en el Capítulo III de la Comunicación Social en el Ámbito Comunitario (Artículos 45.1, 45.2, 45.3, 46, 47, 48.1, 48.2, 49 y 50).
No obstante, en la práctica política y comunicacional cubana este sigue siendo un proceso al que aún queda mucho por aportar para lograr los propósitos políticos, económicos, sociales, culturales y medioambientales compartidos por la nación. Su concreción no dependerá únicamente de la voluntad política, sino también de la capacidad de articular teoría y praxis en un modelo comunicacional integral y emancipador.
Lo anterior evidencia la necesidad de considerar los procesos comunicacionales que se desarrollan en la comunidad, para la comunidad y desde la comunidad misma, entendida como espacio de comunicación participativa por excelencia. Estos procesos deben asumir el compromiso de activar las sensibilidades, la conciencia, el pensamiento crítico y productivo, con el propósito de alcanzar el bien común, el equilibrio y la justicia social. De esta manera, se promueve la generación de conocimientos y diálogos desde la armonía que sustenta la estabilidad sociopolítica.
En el contexto cubano, destacan los aportes de Fung y Bauta (2015), quien define la comunicación política como:
“una disciplina de la ciencia política y de la comunicación, que se ocupa de la producción, difusión, diseminación de los efectos de la información, tanto a través de los medios de comunicación masiva, cuanto de los interpersonales, en un contexto político que incluye el estudio de los medios de comunicación, el análisis de los discursos de los políticos y aquellos que están tratando de influir en el proceso político, así como de las conversaciones formales e informales entre los miembros del público, entre otros aspectos” (p. 308).
Lo valioso de su análisis radica en la ubicación disciplinar del término dentro de la Ciencia Política, abordando algunas de sus etapas y particularizando en los efectos de la información. Sin embargo, no se limita a lo mediático, sino que reconoce otros niveles de la comunicación, como el interpersonal. Además, resalta el contexto de su desarrollo y distingue que el diálogo generado puede tener un carácter formal o informal, lo que marca una diferencia respecto a otros enfoques.
También desde Cuba, González y Vázquez (2020) proponen un modelo de comunicación política para el cambio cultural, destacando la relevancia que la comunicación adquiere en la política exterior de los Estados Unidos. Para estas autoras, la comunicación política trasciende la relación entre gobernantes y gobernados en el debate sobre políticas públicas o coyunturales. Su modelo incluye no solo a las organizaciones mediáticas, sino también a agencias y organizaciones gubernamentales, no gubernamentales, tanques de pensamiento, iglesias y otros actores que influyen en procesos de formación de consenso, movilización, cooptación política, cambio de valores, referentes cognitivos e ideal social. Sus objetivos, por tanto, van más allá del cambio de gobiernos o la legitimación de políticas.
En este sentido, se coincide con el criterio de que la comunicación política debe constituirse como un diálogo directo e indirecto, sistemático y plural, que combine y emplee diferentes canales, espacios, técnicas expresivas y prácticas comunicativas. Solo así se podrán establecer vínculos que favorezcan la educación y la autoeducación de los sujetos individuales y colectivos, en función de una participación transformadora de la realidad política en la que se desenvuelven. Dichas relaciones humanas y sociales coherentes constituyen la base de la reproducción espiritual, simbólica e ideológica de la sociedad.
Por tal motivo, se pondera la sistematicidad del diálogo, la combinación de vías y canales, espacios, técnicas expresivas y prácticas comunicativas, como elementos esenciales para la creación, mantenimiento y reproducción de las relaciones humanas en primer lugar, y posteriormente de las relaciones sociales y políticas. La propuesta no se limita únicamente a la necesidad de educar a los individuos para que, desde sus prácticas comunicativas, participen en la transformación de su realidad política; también enfatiza la capacidad de autoeducación, lo que dimensiona el proceso no solo desde una perspectiva receptiva, sino también aportadora, basada en el aprovechamiento de los conocimientos individuales y colectivos que sustentan la reproducción espiritual, simbólica e ideológica del comportamiento político-comunicacional.
A partir de este análisis, la comunicación política en el contexto cubano se define como un proceso sociopolítico y sociocultural complejo, generado de manera bidireccional entre sujetos políticos. Implica la producción de contenidos (mensajes) a través de canales, vías o soportes comunicativos de carácter masivo o alternativo, preferentemente directos, sin desestimar el desarrollo tecnológico. Se desarrolla en espacios físicos, virtuales o mixtos, con el propósito de explicar, argumentar, persuadir, convencer, convocar, coordinar, consensuar y motivar la participación política en la toma de decisiones, orientada a la solución de conflictos cotidianos que afectan el funcionamiento del sistema político cubano. Este proceso requiere medios, métodos, modos y mecanismos que consideren el contexto en que se desarrolla, las barreras que lo entorpecen, las competencias y habilidades comunicativas de quienes lo implementan, así como el conocimiento de las prácticas políticas comunicativas que, en lo históricamente posible, han favorecido la calidad de la interrelación integral entre dirigidos y dirigentes.
De ahí que, para su implementación, se requiera concientizar políticamente al pueblo cubano sobre la necesidad de la continuidad histórica del proceso de transición socialista, sustentado en la cultura política adquirida y desarrollada durante la Revolución. Ello implica fortalecer su capacidad de diálogo sistemático, ético, transparente y coherente con sus dirigentes, como práctica comunicativa aprendida de grandes paradigmas de la historia nacional, entre los que destacan José Martí Pérez, Ernesto Che Guevara y Fidel Castro Ruz.
No obstante, esta práctica comunicativa política aprendida exige una socialización política constante, adaptada a las nuevas realidades que enfrenta Cuba y el mundo. Se materializa, en primer lugar, en el ámbito comunitario y luego trasciende al organizacional y mediático, lo que demanda procesos continuos de revitalización de los roles diferenciados y complementarios de los actores de la Actividad Práctica General de Dirección Política de la Sociedad por el pueblo.
Esta mirada conduce a reflexionar sobre la comunicación como bien público y derecho ciudadano, con marcada incidencia en el ámbito comunitario. Se manifiesta a través de prácticas comunicativas que se traducen en comportamientos políticos y conductas colectivas, donde se gana o se pierde poder en las disputas por los sentidos. Asimismo, resalta su importancia como creadora de un discurso innovador en este ámbito específico. Existen, además, propuestas que destacan lo común y lo compartido —como la historia y la identidad— más allá de lo territorial, incluyendo redes formales e informales que ponderan lo físico sin desestimar lo digital.
El desarrollo de la autogestión comunitaria y su necesaria comunicación política ha estado influenciado por las relaciones entre el poder político y la sociedad, incrementándose de manera exponencial desde los años noventa. A nivel internacional, se observa una gran diversidad temática que abarca la propaganda política, los debates, las relaciones entre medios y estructuras gubernamentales (principalmente desde la formulación de políticas públicas), la imagen política, el establecimiento de la agenda y las campañas electorales. Su vínculo con las comunidades surge como alternativa para que estas identifiquen sus problemáticas y promuevan soluciones democráticas y participativas, acordes con una visión de desarrollo económico, político, social y cultural de la nación a la que pertenecen. En Cuba, aunque existe un marcado interés por desarrollar este ámbito comunicacional, aún se obvian particularidades que no deben quedar sujetas a interpretaciones, como la necesidad de una comunicación política ajustada a los nuevos diseños de la sociedad socialista.
Es importante señalar que el ejercicio del poder político popular en las condiciones cubanas de transición al socialismo se concibe como un modo cultural de actuación de naturaleza práctico-espiritual, que no debe limitarse únicamente al despliegue institucional. En otras palabras, no puede depender exclusivamente de una organización política o de masas para vehicular su desarrollo a través del sistema político estructurado a nivel local, aunque el logro de alianzas y equilibrios en las interrelaciones entre estas y la comunidad constituiría el escenario ideal.
Dado que aún no se encuentra definida la categoría de comunicación política de la autogestión comunitaria en el contexto cubano, se propone entenderla como el conjunto de prácticas comunicativas políticas en el ámbito comunitario que despliega el sujeto de poder político popular, tanto hacia el interior como hacia el exterior de la comunidad políticamente organizada. Su finalidad es favorecer la función social y la calidad política del ejercicio del poder popular en transición socialista, a partir de las relaciones políticas que se establecen en el sistema político cubano a nivel local. Estas prácticas benefician la interrelación entre dirigidos y dirigentes, con un propósito clasista y popular orientado a la emancipación nacional, social y humana.
Para comunicar políticamente la autogestión comunitaria en el contexto cubano, resulta imprescindible reconocer al pueblo como interlocutor permanente. En consecuencia, los flujos de comunicación fundamentales entre sujetos políticos no deben ser únicamente verticales y descendentes, sino que deben incorporar de manera estratégica los flujos ascendentes y horizontales, con el objetivo de fortalecer las relaciones políticas comunicacionales entre dirigidos y dirigentes como una misión ineludible.
El adecuado desarrollo de estos flujos comunicacionales —ascendentes y horizontales— y la eliminación, en la medida de lo posible, de las barreras que entorpecen las relaciones sociales y políticas entre individuos, dirigentes e instituciones mediáticas, políticas y de otra índole, exige comprender que cada persona, desde sus individualidades propias y colectivas, forma parte del mismo sujeto colectivo masivo de poder político popular: el pueblo, del cual dimana todo el poder.
No obstante, la comunicación política de la autogestión comunitaria en Cuba presenta particularidades singulares, derivadas de su desarrollo en un proceso de transición hacia el socialismo, lo que le confiere un carácter único y distintivo en comparación con otros contextos.
Ello implica que, más allá de la normativa política, administrativa y jurídica existente, se requiere una cultura jurídica, política y comunicacional que permita tanto a dirigentes como a dirigidos asumir responsabilidades con las implicaciones éticas que estas conllevan. En este sentido, la socialización política y la educación popular en un contexto como el cubano, en transición socialista, deben orientarse a propiciar que desde el ámbito comunitario se autogestionen los procesos económicos, políticos, sociales y culturales, acompañados de un sólido componente político-comunicacional.
La posibilidad de sumar a las mayorías en el ejercicio de su hegemonía desde una mirada democrática y comunicacional, con el objetivo de transitar hacia una formación económica superior al capitalismo, exige no obviar el componente cultural e ideológico. Sostener, reproducir y perfeccionar en el tiempo un proceso revolucionario como el cubano requiere mantener viva la historia, los símbolos, las tradiciones, costumbres e identidades. Y aunque se promueva la autogestión y la autonomía, estas nunca deben excluir la unidad como principio indispensable.
Este estudio asume el gran reto de analizar la comunicación política de la autogestión comunitaria desde un contexto distinto al de sus antecedentes, con fuertes bases en las relaciones que se establecen entre dirigidos y dirigentes y viceversa.
En un sentido estricto, las relaciones políticas constituyen el conjunto de interacciones sociales (entre actores, organizaciones, etc.) que, instituidas política y jurídicamente, gravitan de manera inmediata desde y sobre el poder político, a partir de las prácticas que se fomentan mediante las permisividades y prohibiciones habilitadas por las normativas. Como señala Rodríguez (2022):
“Se hace preciso un continuo proceso político de co-educación, autogestionado por el propio sujeto de poder, en particular por su vanguardia organizada, en aras de una profunda revolución cultural política. Proceso que debe ser acompañado por búsquedas epistemológicas asociadas a la complejidad de esa relación y del intercambio de roles. Se trata realmente de un reto histórico” (pp. 57-58).
Sin embargo, no pocas veces ese orden normativo deja de abarcar, por diversas razones, parte del conjunto real de relaciones sociales en las que se refracta dicha institucionalidad. Lo político resultante de esa realidad penetra el ámbito específico de la vida política de la sociedad, para bien o para mal del sentido clasista popular del poder. En otras palabras, las relaciones políticas y los comportamientos que configuran ese modo de producción política de sociedad no pueden desligarse del entramado ontológico de la vida cotidiana, que trasciende lo normativizado, lo visibilizado y lo intencionado desde las instituciones políticas.
Rodríguez (2025) precisa que:
“Las relaciones políticas, en un sentido estricto, constituyen el conjunto de vínculos sociales que, regulados política, ética y jurídicamente, gravitan de manera inmediata desde, y sobre, las instituciones del poder político y el orden social que estas proveen desde una perspectiva clasista (pluriclasista en el caso cubano), a partir de las permisividades y prohibiciones que habilita dicha regulación. Ellas surgen por las demandas de ordenar la convivencia social y la actividad que de las mismas presuponen; se desarrollan por necesidades e intereses objetivos que brotan, de manera inmediata, del estado de las relaciones socio-clasistas, ancladas, a su vez, en la estructura de propiedad y en la división social del trabajo que cualifican las relaciones económicas” (p. 72).
En consecuencia, se puede afirmar que las relaciones políticas entre dirigidos y dirigentes, más allá de su impacto en la calidad del ejercicio del poder político popular, deben considerar los modos de legitimación histórica y concreta de su reproducción a través de la comunicación política, adaptada al contexto en que se desarrolla, y sustentada en relaciones de subordinación y ayuda mutua.
Dicho de otra manera, resulta imprescindible escuchar y atender las opiniones, intereses y necesidades del pueblo, involucrarlo de manera más activa en la toma de decisiones y en la búsqueda de soluciones a sus propias problemáticas. En otras palabras, se trata de saber interpretar y comunicar al ser humano desde su expresión colectiva en las comunidades, concebidas como sujeto político revolucionario histórico-concreto. Cuando estos componentes estratégicos del proceso político-comunicacional en el ámbito comunitario son desatendidos, ello puede derivar en un subdesarrollo político.
En este sentido, se ha vuelto un imperativo comprender la noción de ciudadanía hegemónica y trabajar la de ciudadanía comunicativa, dada la marcada enajenación que se observa en algunos sectores que se autodenominan apolíticos. Esta situación responde, en gran medida, al mal manejo de los términos política y político, asociados únicamente a los políticos profesionales o a los politólogos. En este escenario, los sujetos se ven inmersos en procesos de despolitización, y la política aparece como un campo exclusivo de expertos. Como señala Pérez (2025, p. 5): “Si la política es un arte, el ciudadano se construye en el ejercicio cotidiano de hacer política”.
Cada vez son más los que manifiestan no sentirse identificados o representados por sus dirigentes (insuficiencias en el liderazgo político), los que refieren no ser tomados en cuenta en la elaboración de políticas públicas (limitaciones en el empleo de la opinión popular en la toma de decisiones), los que rechazan pertenecer a organizaciones políticas y de masas (escasos ingresos a la militancia e incremento de las desactivaciones), y los que no desean asumir cargos políticos a nivel comunitario (déficit en la dirección política local). Todo ello genera vacíos en el completamiento de las estructuras políticas comunitarias, afectando el funcionamiento orgánico del sistema político y comprometiendo su continuidad histórica.
No se trata de una utopía: el abandono del espacio político público, físico o digital, es un proceso que en los últimos años ha mostrado un incremento en el ámbito comunitario. Este fenómeno no es ajeno a lo organizacional ni a lo mediático, ni tampoco a las relaciones de la institucionalidad política con instituciones no políticas dentro de la Actividad Práctica General de Dirección Política de la Sociedad por el pueblo.
No obstante, la distribución de cuotas de poder entre los sujetos políticos ha generado relaciones específicas que los delimitan según los roles que asumen en el ejercicio de ese poder. Dicho poder debe ejercerse con calidad y responsabilidad, en función del logro de los propósitos políticos compartidos de la nación.
El asumir cuotas de poder político sin el conocimiento, la cultura política adecuada, la ética y la responsabilidad necesarias, puede provocar que las interrelaciones entre sujetos políticos se vean laceradas o disminuidas, en la medida en que algunos se consideren superiores a otros y ejerzan el poder de manera discriminatoria y autoritaria. Este ejercicio inadecuado del poder puede derivar en caos o desestabilidad sociopolítica. Como señala Rodríguez (2022):
“Así, más allá del grado relativo de manifestación histórica necesaria de nexos estrictos de dominación-obediencia, las relaciones de poder deben ser gestionadas jerárquicamente por lazos de cooperación, solidaridad y complementación mutua entre dirigentes y dirigidos, es decir mediante la colaboración y ayuda mutua que engendra su propia cohesión, en tanto condición para el alcance de coherencia política con la naturaleza emancipatoria del proyecto social” (p. 38).
Durante la transición al socialismo, el ejercicio del poder debe garantizar orden, integración y estabilidad socio-política, de manera que contribuya a la construcción de un nuevo modo de producción y de vida, capaz de favorecer el desarrollo humano y, al mismo tiempo, la formación de un hombre y un pueblo nuevos, con posibilidades de realización y reproducción social con sentido emancipatorio. El socialismo cristaliza como un nuevo sistema de relaciones sociales cuando la distintividad clasista de su propuesta económica, política, social e ideológica se asienta como alternativa cultural, afectando cualitativamente no solo el entramado institucional, sino también los comportamientos cotidianos de las personas. Dicho proceso se expresa en la manera de vincularse entre sí y con la naturaleza en la gestión corriente de vida, articulando modo de producción y modo de vida en sus potencialidades emancipatorias, a lo que debe contribuir la calidad política del ejercicio del poder (Rodríguez, 2022, pp. 42-43).
Este proceso se manifiesta en condiciones históricas, sociales, económicas, políticas, científicas, ambientales y culturales que marcan el decursar de la nación, impactado tanto por factores internos como externos. Entre los elementos objetivos que inciden se encuentran las necesidades prácticas de la sociedad, incluida la realización del poder político popular en la construcción socialista, así como las contradicciones entre los avances del progreso social y los recursos científico-técnicos disponibles para alcanzarlo.
Como punto de partida, se toma el estado de las prácticas comunicativas políticas que se desarrollan en las comunidades cubanas como parte de la Actividad Práctica General de Dirección Política de la Sociedad por el pueblo. Estas prácticas, que pueden ser difusivas, interactivas, interpretativas y cooperativas-transformadoras, no siempre son identificadas, caracterizadas y ejecutadas integralmente en el ejercicio democrático de la comunicación política a nivel local. Ello permitió conformar un criterio de necesidad del objeto de investigación y sustentar el valor general de los resultados que se proponen.
Mediante la sistematización de los presupuestos teóricos estudiados se logró definir la categoría analítica principal de esta propuesta: comunicación política de la autogestión comunitaria en el contexto cubano. Esta categoría objetiva el complejo proceso comunicativo comunitario del hacer político en dicha instancia, a través de actividades con propósitos difusivos, interactivos, interpretativos y cooperativos-transformadores que sustentan las relaciones políticas entre dirigidos y dirigentes.
Lo anterior exige competencias, sentidos y materialidades concebidas y desplegadas de manera estratégica e integrada, para propiciar la activación y/o transformación de conocimientos, comprensiones y disposiciones de la colectividad socio-política. Se busca la articulación orgánica de las necesidades e intereses que emanan de la nación en su conjunto, así como de las proyecciones programáticas de la vida política del sujeto del poder político popular. Todo ello se promueve mediante el intercambio discursivo, debates, consensos y sentidos de identificación política entre los involucrados. Perfectible en su condición científica, esta categoría permite dar cuenta de especificidades del quehacer comunicativo político no siempre operacionalizadas, favoreciendo su mejor conocimiento y tratamiento.
En conclusión, el análisis teórico sobre la comunicación política de la autogestión comunitaria en Cuba y su influencia en las relaciones políticas comunicacionales entre dirigidos y dirigentes expresa la necesidad de una relación esencial entre lo político-organizativo-mediático funcional —implícito en la norma jurídica y política existente— y las premisas ideo-culturales, políticas y comunicacionales que se derivan de las prácticas políticas comunitarias. Su carácter estratégico resulta clave para la implementación de la Ley de Comunicación Social en Cuba.
CONCLUSIONES
Se defiende la idea de que la comunicación política de la autogestión comunitaria en el contexto cubano tiene sus bases teórico metodológicas en la democracia socialista de condición participativa y popular, en el carácter estratégico, sistémico e integrado de la Comunicación Social, en la Educomunicación popular de esencia dialógico – reflexiva, en la comunicación aplicada de las prácticas comunicativas políticas como expresión de una praxis colaborativa y participativa en la micropolítica y en la funcionalización política de la construcción socialista mediante la Actividad Práctica General de Dirección Política de la Sociedad por el pueblo que tiene como soporte estratégico las relaciones humanas, sociales, políticas y comunicacionales entre los dirigidos y sus dirigentes en esa unidad socio - política que constituye el pueblo como sujeto colectivo masivo de poder.
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Declaración de conflicto de interes: Los autores declaran no tener conflictos de interés.
Declaración de contribución de los autores/as utilizando la Taxonomía CRediT:
Yamilet Suárez Alonso: Conceptualización, Metodología, Investigación, Recolección de datos, Análisis de resultados, Discusión y Redacción del borrador original.
Hilda Saladrigas Medina: Supervisión, Validación, Metodología y Redacción: revisión y edición.
Declaración de aprobación por el Comité de Ética: Los autores declaran que la investigación fue aprobada por el Comité de Ética de la institución responsable, en tanto la misma implicó a seres humanos
Declaración de originalidad del manuscrito: Los autores confirman que este texto no ha sido publicado con anterioridad, ni ha sido enviado a otra revista para su publicación.