e-issn 2227-6513 santiago, 167, 2026
Artículo de Investigación
Tratamiento del sismo de 1932 en Santiago de Cuba, en el periódico Diario de Cuba
Treatment of the 1932 earthquake in Santiago de Cuba, in the newspaper Diario de Cuba
Tratamiento do sismo de 1932 em Santiago de Cuba, no jornal Diário de Cuba
M. Sc Gretchen Gómez González¹ https://orcid.org/0000-0001-8231-3761
Lic. Jessica Escandell Nuviola² https://orcid.org/0009-0008-0583-8300
Dr. C Giselle María Méndez Hernández³ https://orcid.org/0000-0002-3051-4294
Dr. C. Olga Portuondo Zúñiga³ https://orcid.org/0009-0006-0544-0242
¹Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas, Santiago de Cuba, Cuba
²Emisora de Radio Provincial CMKC, Santiago de Cuba
³Universidad de Oriente, Santiago de Cuba, Cuba
*Autor para correspondencia: gretchen.gomez@cenais.cu
RESUMEN
El sismo del 3 de febrero de 1932, que devastó Santiago de Cuba, permanece relegado en la memoria colectiva. Aunque no existen sobrevivientes, el Diario de Cuba —periódico local de la época— atesora en sus páginas el registro de aquel acontecimiento. Este estudio examina el tratamiento periodístico dispensado por dicho medio al evento sísmico mediante análisis de contenido cualitativo. Los resultados evidencian que el rotativo cumplió su función informativa, se erigió como fuente de orientación y respaldo para la población, y demostró —a través de textos claros y oportunos— la contribución de la prensa en las labores de recuperación posdesastre.
Palabras clave: Prensa, sismo, análisis de contenido, tratamiento periodístico.
Abstract
The earthquake of February 3, 1932, which devastated Santiago de Cuba, remains relegated in collective memory. Although no survivors exist, Diario de Cuba —a local newspaper of that time— preserves in its pages the record of that event. This study examines the journalistic treatment given by this medium to the seismic event through qualitative content analysis. The results show that the newspaper fulfilled its informative function, emerged as a source of guidance and support for the population, and demonstrated —through clear and timely texts— the media's contribution to post-disaster recovery efforts.
Keywords: Press media, earthquake, content analysis, journalistic treatment.
Resumo
O sismo de 3 de fevereiro de 1932, que devastou Santiago de Cuba, permanece relegado na memória coletiva. Embora não existam sobreviventes, o Diário de Cuba —jornal local da época— guarda em suas páginas o registro daquele acontecimento. Este estudo examina o tratamento jornalístico dispensado por esse meio ao evento sísmico mediante análise de conteúdo qualitativa. Os resultados evidenciam que o jornal cumpriu sua função informativa, erigiu-se como fonte de orientação e apoio à população e demonstrou —através de textos claros e oportunos— a contribuição da imprensa nas tarefas de recuperação pós-desastre.
Palavras-chave: Imprensa, sismo, análise de conteúdo, tratamento jornalístico.
Recibido: 19/1/2025 Aprobado: 15/2/2026
Introducción
Los desastres naturales acaparan la atención mediática por su carácter extraordinario y las secuelas que generan (Domínguez-Panamá, 2017). En particular, los sismos provocan efectos devastadores: sacudimiento del suelo, incendios, tsunamis, derrumbes, licuefacción, deslizamientos, interrupción de servicios vitales y pánico colectivo. Su naturaleza impredecible y fuerza incontenible convierten la comunicación en herramienta esencial para afrontarlos.
Santiago de Cuba ha sufrido veinte sismos de gran intensidad en 447 años (Chuy, 1999), con una recurrencia estadística estimada entre 80 y 100 años (E. D. Arango Arias, comunicación personal, 13 de enero de 2025). El del 3 de febrero de 1932, magnitud 6.7 (Chuy, 1999), afectó toda la región oriental y constituye el último gran evento en el sector sismogénico Santiago-Baconao (E. D. Arango Arias, comunicación personal, 13 de enero de 2025). Dado el incremento actual de vulnerabilidades, un fenómeno similar podría causar miles de víctimas (Chuy, 1999).
Para 1932, Santiago era una ciudad acostumbrada a fuertes movimientos telúricos; su población poseía cierta noción de los daños y una incipiente cultura de enfrentamiento. Como señala Portuondo (2014), estos fenómenos no deben subestimarse si se pretende comprender mejor la idiosincrasia de sus habitantes.
El sismo se inserta en un contexto histórico particular. Tras la década del veinte, surgió un viraje en la vida republicana con las primeras manifestaciones de crisis estructural y transformaciones en la psicología colectiva que se expresaban en movimientos populares, en la producción artístico-literaria y en una actitud que buscaba soluciones más allá del simple lamento. Los grupos de poder intentaron sostener el sistema mediante el programa machadista, con contradicciones, pero como un primer intento de solución desde el poder (López Civeira et al., 2012).
Desde 1930 se gestó una situación revolucionaria que alcanzaría su clímax en 1933 con el derrocamiento de Gerardo Machado. La represión —incluso contra la prensa— y la deficiente gestión gubernamental, agravada por dos grandes desastres naturales en 1932 (el sismo en Santiago y el ciclón en Santa Cruz del Sur, que dejó más de 3000 muertos el 9 de noviembre), actuaron como factores detonantes adicionales de las huelgas y luchas de entonces.
Eduardo Abril Amores, director del Diario de Cuba —creado en 1917—, era concejal provincial residente en Santiago y comulgaba con los intereses gubernamentales. Aunque este trabajo no realiza análisis del discurso, el dato permite aproximarse al encuadre político de los temas abordados.
La memoria vinculada a desastres naturales constituye un saber útil para fomentar comunidades resilientes y una adecuada percepción del riesgo. Examinar su reflejo en la prensa coetánea posibilita reconstruir la memoria histórica transmitida, ante la ausencia de sobrevivientes. La sociología indica que la comprensión y preparación social frente al riesgo sísmico varían culturalmente, pues los terremotos son experiencias colectivas que entrelazan lo natural y lo social (Altez & García Acosta, 2020). La historia ha acuñado conceptos como memoria telúrica, memoria transmitida y memoria vivida (Concha & Henríquez, 2022). El periodismo, por su parte, permite apreciar la relevancia de los relatos sobre sismos históricos, tanto para documentar la respuesta humana como para entender la trayectoria sísmica de un territorio.
García Acosta (1993) sitúa el inicio del estudio social de los desastres en los años veinte del siglo XX, centrado en recopilar datos desde las ciencias físicas. Salazar Navarro (2023) señala que hoy el campo de estudios históricos en comunicación constituye una disciplina científica consolidada, cuyas investigaciones muestran la pertinencia del pasado en el presente mediante la inserción de la historia en el análisis mediático.
Estudios comparativos del tratamiento mediático de diversos riesgos revelan cobertura desigual: no todos reciben atención pese a causar daños significativos y recurrentes. La cobertura obedece a prácticas periodísticas y factores sociales amplios (Rouquette & Bihay, 2022). Análisis de informativos españoles indican predominio de grandes catástrofes, frecuentemente descontextualizadas y con escaso uso de fuentes. Tormentas, sismos e incendios concentran la atención, mientras sequías e inundaciones quedan relegadas. Este sesgo puede agravar la desinformación y la falta de preparación, al enfatizar episodios espectaculares sin promover la comprensión de riesgos ni medidas preventivas (Cantero-de-Julián & Herranz-de-la-Casa, 2023; Brimicombe, 2022).
Mompeller et al. (2020) afirman que ante desastres, los medios no tienen alternativa más que informar con objetividad, oportunidad, pluralismo y participación sobre los acontecimientos espontáneos, dado el escaso margen de control o planificación preventiva.
Actualmente, los estudios históricos sobre desastres experimentan un giro metodológico hacia su comprensión como procesos sociales y objetos de memoria y discurso, aunque persisten marcos naturalizantes en las fuentes. La historiografía combina análisis de prensa con protocolos de noticia y enfoques interdisciplinarios, utilizando crónicas para rastrear cómo las narrativas naturalizaban eventos pretéritos y cómo emergen marcos que incorporan exposición, vulnerabilidad y resiliencia (Brimicombe, 2022).
La investigación del periodismo en contextos de conflicto socioambiental revela que la crónica mediática construye memorias locales y documenta disputas por recursos, desplazamiento y daños ambientales (Iwai et al., 2022). Tanto historiadores como comunicadores deben priorizar explicaciones sobre exposición y desigualdad, no solo la espectacularidad del evento. Rubio (2024) observa que incluso hoy la pobreza como tema central en noticias es escasa, predominando narrativas sobre dificultades estructurales y sociales.
Según Bieńczyk (2017) y Brimicombe (2022), las investigaciones históricas deben continuar explotando hemerotecas con protocolos sistemáticos para mapear cambios discursivos y evaluar la persistencia de marcos naturalizantes. También resulta necesario emular trabajos recientes que emplean análisis de contenido sistemático y protocolos de noticia para identificar marcas textuales, rupturas o continuidades en paradigmas de riesgo y alivio en la prensa histórica.
Estos estudios resultan vitales pues, como sostienen Mompeller et al. (2020), los canales de difusión colectiva deben formar —mediante su programación— mapas de conciencia y sentimientos ciudadanos que permitan anticiparse a estos sucesos y generar actitudes y comportamientos colectivos para resolver necesidades urgentes. Esteinou (1998) señala que los medios deben trabajar intersectorialmente, produciendo y difundiendo conocimientos orgánicos que respalden las acciones reconstructivas del Estado, a la par que concientizan sobre la necesidad de un nuevo currículo informativo de emergencia que transmita una racionalidad acorde con las realidades más apremiantes, para educar a la población y provocar cambios de conducta colectiva.
Lo anterior aconseja hoy mayor especialización periodística en esta temática: delimitar la perspectiva para informar sobre desastres —y no a la inversa—, definir primero el objeto para luego decidir el enfoque (Mompeller et al., 2020) y emplear big data para enriquecer colaborativamente el relato (León-Moral et al., 2025).
En Cuba, Mompeller (2013) y Mompeller et al. (2020) han abordado el periodismo de desastre en la prensa espirituana, pero no existen estudios específicos sobre sismos históricos, lo que otorga novedad a esta indagación.
Por tanto, el objetivo del presente estudio es examinar el tratamiento periodístico dispensado por Diario de Cuba al sismo del 3 de febrero de 1932 en Santiago de Cuba, para valorar el papel de la prensa como fuente de información, orientación y apoyo poblacional ante desastres de gran intensidad.
Metodología
La investigación adopta un enfoque cualitativo que, según Hernández-Sampieri et al. (2014), busca examinar la percepción de los fenómenos considerando su contexto, y profundizar en interpretaciones y significados donde la perspectiva del investigador resulta valiosa. Este autor añade que una actividad principal del investigador consiste en emplear diversas técnicas y habilidades sociales de manera flexible según los requerimientos situacionales.
Se utilizaron métodos generales de investigación científica (histórico-lógico, análisis-síntesis, inducción-deducción) y análisis de contenido como técnica cualitativa básica (Ruiz Bueno, 2021). El paradigma hermenéutico resultó útil para analizar y explicar el sentido y valor del corpus, comprendiendo la obra completa, cada parte y sus elementos constitutivos (Aguirre Garza, 2023).
Para el análisis de contenido se siguió la metodología de Sartori et al. (2011). Se emplearon como técnicas: entrevista semiestructurada a especialistas del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas, para obtener información relevante sobre la actividad sísmica de Santiago de Cuba; y revisión documental, para recopilar información pertinente y consultar las ediciones de Diario de Cuba disponibles en la Biblioteca Provincial Elvira Cape y el Archivo Histórico de Santiago de Cuba.
Se seleccionó una muestra no probabilística. Se analizó un periodo de quince días posteriores al terremoto (3 al 19 de febrero) en las ediciones correspondientes (porque el día 3 y 4 fueron una emisión conjunta). Mediante criterio intencional, se escogieron las publicaciones más legibles según su estado de conservación. Pese al deterioro temporal, la textura del papel permite leer la mayoría de los textos relativos al sismo.
En los quince días analizados se contabilizaron 368 trabajos periodísticos relacionados con el evento. De esta población, se seleccionaron 122 publicaciones como muestra, conforme a los criterios enunciados.
Resultados y discusión
Se identificaron doce temas abordados por Diario de Cuba entre el 3 y el 19 de febrero:
- Daños causados: afectaciones humanas y materiales.
- Condolencias: mensajes de organizaciones, localidades y sociedad civil.
- Solidaridad interna: iniciativas de apoyo de provincias, compañías, personas y sociedad civil cubana.
- Solidaridad externa: apoyo de otros países, personas y compañías extranjeras.
- Medidas oficiales: disposiciones de autoridades locales (Alcaldía, Gobernador, funcionarios, diputados) y Gobierno nacional.
- Normas constructivas: adoptadas por gobierno y sociedad civil.
- Opiniones ciudadanas: comentarios poblacionales sobre los sucesos.
- Opiniones de especialistas: criterios de expertos sobre movimientos sísmicos.
- Reportes de réplicas: repercusión del temblor fuera de Santiago y otros sismos posteriores.
- Espiritualidad: misas, convocatorias religiosas y expresiones de fe.
- Éxodo: desplazamiento poblacional tras el terremoto.
- Valoraciones finales sobre el rol del Diario de Cuba frente a la catástrofe: Evaluación crítica del papel desempeñado por el medio en la cobertura de la catástrofe.
Daños ocasionados
El sismo dejó trece fallecidos. Según carta de Ángel Garri al director Eduardo Abril Amores (Diario de Cuba, 5 de febrero de 1932), el 95% de las viviendas de la ciudad y sus alrededores sufrieron afectaciones.
Entre las pérdidas destacan la destrucción parcial del Hospital Civil Saturnino Lora y el Asilo San José, donde ancianos quedaron atrapados entre escombros. También resultaron dañados la Oficina Telegráfica, la Cámara de Gobierno, numerosos comercios y viviendas. La Catedral sufrió desperfectos que exigían reparación urgente.
El cementerio no escapó a los estragos: diecisiete tumbas resultaron afectadas, incluida la de Carlos Manuel de Céspedes. Se reportaron fallas en infraestructuras vitales como faros y plantas eléctricas. Unos veinte mil niños quedaron en situación vulnerable, necesitados de alimentos y protección.
La comunidad enfrentó una crisis humanitaria: más de cien mil personas (Diario de Cuba, 12 de febrero de 1932) permanecieron sin refugio, la mayoría a la intemperie, agudizándose el hambre y las enfermedades entre los más desfavorecidos.
Damnificados
Más de sesenta familias en pobreza —algunas con hasta ocho hijos— quedaron desamparadas y solicitaron auxilio mediante el periódico para que su director gestionara asistencia.
Los vecinos del barrio Bravo clamaban desesperados por ayuda alimentaria; algunos no habían ingerido alimentos antes de dormir. Similar situación afectaba a residentes del sur del barrio Belén. En sesión de la Cámara, se constató que el pueblo exigía comida mientras los miembros instaban a mantener la calma.
Esta situación se agravó en lugares donde se refugiaron despavoridos los pobladores del centro, como en las dos casas de madera con techos de zinc en el actual Reparto Marimón. Elvira Arguelles Zamora (nacida en 1920) relataba a su nieta Sandra María Reina Igarza (comunicación personal, 9 de enero de 2025) cómo debieron compartir los alimentos.
Éxodo
Días después del terremoto, numerosas familias de la alta sociedad abandonaron sus hogares ante el temor de nuevas réplicas, buscando refugios más seguros. La mayoría se trasladó a San Vicente, aunque también emigraron a Jiguaní, El Caney, Dos Bocas y la Carretera de Cuabitas. Otras optaron por desplazarse hacia el occidente, el centro u otras zonas de la provincia oriental.
Este éxodo "demuestra lo desolada que está la ciudad de Santiago de Cuba, que cada día se queda más vacía y más triste" (Diario de Cuba, 7 de febrero de 1932, p. 4).
Opiniones ciudadanas
Ante el hambre y la desesperación, algunos habitantes manifestaron descontento y propusieron soluciones para garantizar que los donativos llegaran equitativamente a todos los necesitados. Solicitaron distribución domiciliaria mediante acción oficial inmediata para emergencias, facilitando así la ayuda a la mayoría afectada.
Medidas oficiales
El presidente Gerardo Machado, en carta del 4 de febrero, expresó consternación por los sismos en Oriente y reconoció la labor de autoridades civiles y militares. La Cámara baja aprobó la Ley del Millón, que otorgaba crédito hasta por un millón de pesos para damnificados santiagueros. Concejales solicitaron reunión del Consejo Provincial para mitigar el sufrimiento, obteniendo setecientos pesos para asistencia.
El gobernador de Oriente, José Barceló, y el gobernador provincial de Santiago, Dr. Enrique Silva Estenoz, se reunieron con Machado y acordaron un sorteo extraordinario de la Lotería Nacional para financiar la reconstrucción de la Casa de Beneficencia, el Asilo Barceló, Hijas de María, el Asilo San José y Belencito.
Se propuso construir una nueva cárcel en las afueras y un hospital de emergencia, junto con la ampliación de infraestructuras viales (Alameda y Paseo de Martí) para mejorar el desarrollo urbano.
Antonio Bravo Acosta presentó tres propuestas legislativas al Estado: pago de deudas a trabajadores desde 1930 y exención impositiva para comerciantes afectados.
Luis del Rosat, jefe del Primer Distrito Militar, emitió órdenes severas que incluían restricciones a la circulación nocturna. Se castigaría con quince días de arresto o 150 pesos de multa a infractores; solo las Fuerzas Públicas podrían realizar escombreos, prestar auxilios o autorizar la reapertura de escuelas y negocios. Quedó prohibida la divulgación de "noticias falsas o alarmantes", como pronósticos de réplicas.
Se adoptarían medidas contra quienes intentaran lucrar con la calamidad: saqueos, incremento de precios de materiales constructivos o alquileres.
Se repartieron raciones alimenticias domiciliarias en camión y se recomendó invertir un millón de pesos en pavimentación urbana. En salud, se advirtió sobre riesgo de epidemias, recomendándose vacunación contra tifus y viruela. Se inició campaña de inmunización en el Hospital General Saturnino Lora, mientras la clínica infantil "Núñez Carrión" ofrecía atención domiciliaria a febriles.
Ocho escuelas sufrieron daños; algunas reiniciaron actividades en casas de maestros. Las clases se suspendieron entre el 4 y el 13 de febrero; algunos colegios privados reanudaron antes, mientras la Escuela Normal lo hizo el 15.
Normas constructivas
Tras el sismo, muchos propietarios realizaron reparaciones defectuosas que constituían grave riesgo para futuros eventos. Las autoridades prohibieron obras sin aprobación previa del arquitecto municipal. Algunas instalaciones fueron demolidas por peligro de derrumbe, aunque el Secretario de Obras Públicas abogó por la reconstrucción en lugar de la demolición generalizada.
Una comisión de ingenieros evaluaría los daños para proponer medidas reconstructivas seguras. Dos arquitectos del Colegio de La Habana advirtieron contra juicios apresurados en nuevas edificaciones; uno ofreció útiles consejos. El ingeniero José Menéndez Menéndez, secretario de la Sociedad Cubana de Ingenieros, con experiencia internacional en sismos de Estados Unidos, Guatemala y Tokio (1906-1923), enfatizó la necesidad de construcciones antisísmicas con estructuras de acero y hormigón armado, desechando materiales no elásticos como ladrillos, piedras o madera (Diario de Cuba, 13 de febrero de 1932).
El Dr. Stephen Faber, profesor de la Universidad de Carolina del Sur, afirmó: "después de un examen de los destrozos causados por el terremoto y de cada uno de los determinados tipos de edificios, no ha sido tanto lo ocurrido por la fuerza e intensidad del fenómeno, como por la defectuosa construcción de ellos" (Diario de Cuba, 6 de febrero de 1932, p. 5).
Condolencias
A través del periódico, personas avecindadas fuera de Santiago con alto status social enviaron mensajes de pésame a sus allegados: figuras como Olga Mouriño y el senador Goderich. Poblados cercanos (Cacocum, Manzanillo, Sagua de Tánamo) y la provincia de Guantánamo expresaron sus condolencias por pérdidas materiales y humanas. Organizaciones como la Federación de la Prensa Latina de América y la Gran Logia de Cuba manifestaron solidaridad ante los daños.
Solidaridad interna
Se recaudaron más de 25 mil pesos en donativos, ropa y alimentos. El Secretario de Hacienda contribuyó con diez mil pesos del Fondo Especial del Banco Nacional. Se activaron Comités de Auxilio en La Habana, Holguín, Las Tunas, Guantánamo, Manzanillo y zonas de Santiago, priorizando niños y ancianos.
Más de veinte localidades enviaron donativos. Santa Clara y otros territorios remitieron víveres; los lecheros —supervisados por el Alcalde— aportaron diariamente tres mil botellas de leche para asilos y hospitales. El Club Femenino de Media Luna y los Caballeros de Colón ofrecieron cuidados a niños y ancianos asilados. La "Henry Clay and Bock Company" donó dinero y productos; el Centro de Cafés y Hoteles de Cárdenas hizo lo propio.
Los eventos deportivos se suspendieron hasta el 18 de febrero en Santiago, pero en sus alrededores se organizaron actividades artísticas y deportivas cuyos ingresos se destinaron a damnificados, con participación de artistas reconocidos.
La solidaridad trascendió lo material: Armando Gil ofreció servicios profesionales para la reconstrucción; la Empresa Naviera de Cuba transportó gratuitamente artículos donados por el periódico El País. La Cruz Roja y la Brigada Femenina del Cuerpo de Bomberos desempeñaron papel crucial. Se establecieron campamentos para damnificados; damas caritativas adoptaron al menos dos niños huérfanos.
Solidaridad externa
Los cónsules de diversas naciones, mediante el Comité de Auxilios, solicitaron apoyo gubernamental para mitigar el sufrimiento. Santo Domingo envió un grupo de ayuda; el periódico El País remitió médicos al hospital de emergencias. El papa Pío XI ofreció mensaje de condolencias, invocando "la misericordia divina que conforta y bendice" (Diario de Cuba, 9 de febrero de 1932) y un "paternal subsidio" de 10 000 pesos para reparación de templos y apoyo a damnificados.
Espiritualidad
La noche del 3 de febrero, la población atemorizada encontró consuelo en iglesias católicas y evangélicas, que celebraron misas y oraciones solicitando protección divina. En parques públicos (Céspedes, Plaza de Marte, Dolores, La Alameda, Crombet, Aguilera, Libertad, Moncada y otros) se efectuaron oficios en memoria de las víctimas.
En El Cobre, "fue sacada a la plaza pública la imagen de la patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre y ante ella, los fieles de aquel lugar y otros que fueron de esta ciudad, oraron y pidieron" (Diario de Cuba, 8 de febrero de 1932, p. 9). Celebraron ceremonia especial donde los fieles suplicaron el cese de los temblores y agradecieron por las vidas salvadas.
En actos religiosos fuera de Santiago, se convocó a los fieles a contribuir con donaciones para damnificados; hubo colectas en todas las iglesias de La Habana y Pinar del Río. La respuesta solidaria de la comunidad cubana resultó notable en aquellos momentos difíciles.
Réplicas
En días posteriores al 3 de febrero, se percibieron movimientos sísmicos en varias localidades orientales, predominantemente en Guantánamo, aunque también en Manzanillo, Jamaica, Bayamo y Santiago. Muchas de estas réplicas no fueron reportadas hasta el 17 de febrero.
Memoria histórica
Diario de Cuba publicó una serie de reportajes del licenciado D. Miguel Estroch en sus ediciones del 5, 6 y 7 de febrero, relatando el devastador terremoto del 20 de agosto de 1852 que también afectó Santiago.
De las Crónicas de Emilio Bacardí se extrajo información puntual. Según el relato de 1852, "las únicas víctimas de los terremotos fueron un niño, sobre el cual cayó una pared, y una anciana, Doña María de los Ángeles Reyes, fallecida a consecuencia de una caída. El daño a la ciudad se calculó en más de dos millones de pesos y hubo desperfectos de mayor o menor importancia en 672 edificios particulares. Entre otras instituciones religiosas se perjudicaron la Catedral, Dolores, San Francisco y Trinidad que tuvo 'desplomado el muro entre la Iglesia y la Sacristía, y el frente del templo arruinado'" (Diario de Cuba, 6 de febrero de 1932, p. 12).
Opiniones de especialistas
La inseguridad generada llevó a los investigadores a indagar el origen de los sismos. Una expedición internacional a bordo del submarino S-48 exploró las Antillas durante dos meses para realizar pruebas gravimétricas y determinar movimientos terrestres. El sismólogo Pedro J. S. O'Connor ubicó el epicentro al este de Santiago, cerca de la Hoya de Bartlett, donde se suponía ocurría el hundimiento del lecho oceánico.
El Dr. Stephen Faber señaló que la mayoría de los sismos regionales se originaban en la costa sur, debido a la geología joven de la Sierra Maestra con fallas débiles. Identificó varias importantes y sugirió investigar las submarinas, pues podían causar alteraciones marinas.
Juan Manuel Domínguez Dumois, filántropo de Banes empleado de la United Fruit Company, propuso que "el fuego interno de la Tierra genera grandes presiones de gases, que pueden liberar a través de volcanes, considerables válvulas de seguridad para evitar desastres. Si los volcanes no funcionan correctamente debido a las obstrucciones, las presiones buscan otras salidas" (Diario de Cuba, 9 de febrero de 1932, p. 5). El padre Mariano Gutiérrez Lanza refutó esta teoría.
Gutiérrez Lanza, reconocido científico, sostuvo que los temblores obedecían a desplazamientos tectónicos, no a actividad volcánica. Desestimó la interpretación de vapores sulfurosos como indicios de volcanismo y aseguró que la Hoya de Bartlett no representaba peligro inminente. Aclaró que los cambios geológicos eran graduales y no amenazaban con catástrofes inmediatas, considerando improbable otro gran terremoto a corto plazo.
Carlos Abelspies explicó que la corteza en fondos marinos contenía masas ígneas que, al debilitarse, permitían la entrada de agua generando vapor explosivo causante de temblores.
El profesor Don Leet, de Harvard, destacó que durante trastornos sísmicos, la fractura de grandes bloques corticales producía vibraciones propagadas como ondas oscilatorias, registradas por sismógrafos. La intensidad dependía del tamaño de los huecos formados.
Especialistas en salud alertaron sobre posibles epidemias; el Club Rotario recomendó vacunación antitífica y antivariólica. Posteriormente se inició campaña de inmunización en el Hospital General Saturnino Lora.
Constructores experimentados sugirieron edificar una nueva cárcel en amplio terreno periférico, fomentando una colonia agrícola. Se acordó junto con la realización o ampliación de nuevos viales.
Publicidad
Antes del 3 de febrero, Diario de Cuba incluía publicidad diversa. Tras el sismo, la atención se centró en este, y los anuncios relacionados con servicios necesarios para afectados aumentaron notablemente. Destacaron contratistas para construcción de viviendas (Construcciones de Ciudamar, Alberto González & Co.) y ofertas de créditos para edificar casas de madera.
La Compañía de Transportes de Santiago y varias empresas de materiales promocionaron sus servicios. Algunos comerciantes emplearon humor: el cigarro LIBORIO utilizaba frases ingeniosas como "Cuesta Poco, Vale Mucho" y mensajes instando a fumar tranquilamente pese a los temblores.
Valoraciones finales sobre el rol del Diario de Cuba frente a la catástrofe
El análisis del tratamiento periodístico otorgado por Diario de Cuba al sismo del 3 de febrero de 1932 revela dimensiones significativas sobre el papel de la prensa en contextos de desastre, la construcción de memoria colectiva y las relaciones entre medios, poder y sociedad en la Cuba republicana. Los hallazgos obtenidos permiten reflexionar sobre varios ejes temáticos que se discuten a continuación.
En primer lugar, la cobertura del periódico evidencia una función informativa exhaustiva y sostenida. La publicación de 368 piezas periodísticas en quince días consecutivos —una media superior a 24 trabajos diarios— demuestra la prioridad editorial otorgada al evento y la capacidad del medio para movilizar recursos informativos en situación de crisis. Esta respuesta coincide con lo señalado por Domínguez-Panamá (2017) acerca de que los desastres naturales acaparan la atención mediática por su carácter extraordinario. Sin embargo, a diferencia de lo observado en estudios contemporáneos sobre cobertura de desastres (Cantero-de-Julián & Herranz-de-la-Casa, 2023), Diario de Cuba no se limitó a relatar la espectacularidad del suceso, sino que proporcionó información detallada sobre daños, necesidades poblacionales, medidas oficiales y canales de ayuda. Este enfoque multifacético contribuyó a mitigar la incertidumbre y el pánico, funciones esenciales del periodismo en emergencias según Camps (1999) y Mompeller et al. (2020).
Un aspecto destacable es la articulación del periódico como espacio de visibilización de las demandas ciudadanas. Las solicitudes de auxilio de familias damnificadas, las quejas sobre la distribución desigual de donativos y las propuestas para mejorar la asistencia encuentran cabida en sus páginas. Este rol de altavoz social coincide con la noción de Esteinou (1998) sobre los medios como generadores de mapas de conciencia ciudadana. No obstante, debe matizarse que dicha apertura estuvo mediada por los criterios editoriales y, probablemente, por las relaciones de poder del contexto, como se evidencia en la prohibición oficial de divulgar "noticias falsas o alarmantes", que limitaba la circulación de información no controlada.
La cobertura también desempeñó una función pedagógica y orientadora. La difusión de disposiciones gubernamentales —normas constructivas, restricciones de circulación, campañas sanitarias— actuó como puente entre el Estado y la población, facilitando la implementación de medidas de emergencia. Este hallazgo coincide con lo planteado por Mompeller (2013) acerca de la necesidad de un tratamiento periodístico que trascienda la mera información para contribuir a la gestión del riesgo. Especialmente relevante resulta la publicación de recomendaciones técnicas de ingenieros y arquitectos sobre construcción sismorresistente, que evidencia una incipiente conciencia sobre la necesidad de adaptar el hábitat a la amenaza sísmica. La advertencia del Dr. Stephen Faber sobre la "defectuosa construcción" como causa principal de los daños (Diario de Cuba, 6 de febrero de 1932, p. 5) constituye un antecedente temprano de los enfoques actuales sobre vulnerabilidad estructural.
CONCLUSIONES
El análisis de contenido aplicado permitió cumplir el objetivo de examinar el tratamiento periodístico otorgado por Diario de Cuba al sismo del 3 de febrero de 1932 en Santiago de Cuba. La revisión documental y categorización de datos evidenciaron que el periódico asumió su función informativa con claridad y oportunidad, ofreciendo seguimiento exclusivo durante los quince días posteriores al evento. Desde un enfoque cualitativo, se logró reconstruir hechos, narrativas y percepciones sociales que reflejan cómo la prensa impresa de la época abordaba fenómenos naturales de gran magnitud, erigiéndose en fuente de orientación y apoyo poblacional en medio de la crisis.
Los resultados corroboraron que Diario de Cuba no solo cumplió su rol informativo, sino que también se perfiló como medio de referencia para comprender el impacto social del sismo y las acciones de recuperación. La investigación permitió reconocer a la prensa como herramienta fundamental para el estudio histórico de los desastres naturales, sus manifestaciones y consecuencias, al tiempo que reveló la memoria transmitida en torno al terremoto de 1932. Asimismo, se evidenció que el temor colectivo y el deficiente manejo gubernamental influyeron en la escasa recordación posterior del hecho, lo que refuerza la importancia de rescatar estas fuentes periodísticas para reconstruir la memoria histórica y valorar el papel de los medios en contextos de desastre.
Referencias bibliográficas
Aguirre Garza, R. D. (2023). Lectura y reflexión: una estrategia hermenéutica para la interpretación literaria. Humanitas. Revista de Teoría, Crítica y Estudios Literarios, 2(4), 65–89. https://doi.org/10.29105/revistahumanitas2.4-46
Altez, R., & García Acosta, V. (2020). Dossier Terremotos, historia y sociedad en Hispanoamérica. Temas Americanistas, (44), 1–11. https://acortar.link/cWfEFy
Bieńczyk, M. (2017). Katastrofy i wypadki w czasach romantyków. Instytut Badań Literackich Polskiej Akademii Nauk. https://doi.org/10.4000/books.iblpan.13293
Brimicombe, C. (2022). Is there a climate change reporting bias? A case study of English-language news articles, 2017–2022. European Geosciences Union, 5(3). https://doi.org/10.5194/gc-2022-8-ac2
Camacho-Sanabria, J. M., Chávez-Alvarado, R., & Canchola Pantoja, Y. (Coords.). (2024). Gestión del riesgo de desastres en América Latina y el Caribe: Experiencias, aprendizajes y desafíos. https://doi.org/10.52501/cc.218
Camps, S. (1999). Periodismo de catástrofes. Paidós.
Cantero-de-Julián, J.-I., & Herranz-de-la-Casa, J.-M. (2023). Cobertura de la información sobre medioambiente en medios de comunicación de España entre 2018 y 2021. Revista Mediterránea de Comunicación. https://doi.org/10.14198/medcom.24100
Chuy Rodríguez, T. (1999). Macrosísmica de Cuba y su aplicación en los estimados de peligrosidad y microzonificación sísmica [Tesis doctoral, Instituto de Geofísica y Astronomía].
Concha Ramírez, A. V., & Henríquez Aste, G. (2022). Memoria histórica vivida y transmitida en torno a los terremotos de 1939–1960 de los habitantes del Gran Concepción, Chile. Historia Actual Online, 24, 187–199.
Diario de Cuba. (1932, febrero 3–18). Ediciones consultadas. Archivo Histórico de Santiago de Cuba; Biblioteca Provincial Elvira Cape.
Domínguez-Panamá, J. J. (2017). El periodismo de desastre: de las no-rutinas a las funciones sociales del periodista. Comhumanitas: Revista Científica de Comunicación, 8(1), 103–115. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6057562
Esteinou Madrid, J. (1998). Medios de comunicación y formación de una cultura para el enfrentamiento de los desastres naturales: el caso de los terremotos en México en 1985. En J. Esteinou Madrid (Ed.), Espacios de Comunicación (pp. 221–236). http://bibliotecadigitalconeicc.iteso.mx/handle/123456789/6898
García Acosta, V. (1993). Enfoques teóricos para el estudio histórico de los desastres naturales. En A. Maskrey (Ed.), Los desastres no son naturales (pp. 128–134). La RED.
Hernández-Sampieri, R., Fernández Collado, C., & Baptista Lucio, M. P. (2014). Metodología de la investigación (6ª ed.). Interamericana Editores.
Iwai, Y., Holdren, S., Rosen, L. T., & Hu, N. Y. (2022). Narrative trajectories of disaster response: Ethical preparedness from Katrina to COVID-19. BMJ Journal, 48(2). https://doi.org/10.1136/medhum-2021-012194
León-Moral, N., Mancinas-Chávez, R., & Estrella-Tutivén, I. (2025). El periodismo de datos como herramienta informativa en desastres naturales. Revisión teórica y propuesta de mejora. Culturales, 13(1). https://doi.org/10.22234/recu.20251301.e963
López Civeira, F., Mencía, M., & Álvarez Tabío, P. (2012). Historia de Cuba (1899–1958): Estado nacional, dependencia y revolución. Pueblo y Educación.
Mompeller, A. (2013). Tratamiento del periodismo de desastre en la prensa escrita espirituana: análisis del semanario Escambray en el período 2001–2008 [Tesis de licenciatura, Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas]. https://acortar.link/pJ2SRT
Mompeller Lorenzo, A., Ortiz Nicieza, I. M., & Pérez González, L. (2020). La cobertura periodística de desastres naturales. Sistematización teórica sobre el tratamiento en los medios de comunicación. Pedagogía y Sociedad, 23(58), 76–95. https://acortar.link/HBzsMp
Portuondo Zúñiga, O. (2014). ¡Misericordia! Ediciones Oriente.
Rouquette, S., & Bihay, T. (2022). Les risques naturels médiatiquement invisibles. Communication, 39(1). https://doi.org/10.4000/communication.15149
Rubio, M. J. (2024). La pobreza en la mirada de los medios 2024: Noticieros y prensa. Alianza Comunicación y Pobreza. https://goo.su/WKhj6j
Ruiz Bueno, A. (2021). El contenido y su análisis: Enfoque y proceso. Universitat de Barcelona. https://acortar.link/1gkfKq
Salazar Navarro, S. (2023). Viejos y nuevos rumbos en la historiografía del periodismo impreso cubano del siglo XX: Una cartografía del campo de la historia de la prensa. Comunicación y Sociedad, e8516. https://acortar.link/RsLBQF
Sartori, R. B., Del Valle Rojas, C., Echeto, V. S., Rivera, J. C., & Moraga, Á. I. (2011). Propuesta teórico-metodológica para un análisis crítico y complejo del discurso (ACCD) en la prensa de Chile y Perú. El ejemplo de «La Cuarta» y «Ajá». Estudios sobre el Mensaje Periodístico, 17(1). https://doi.org/10.5209/rev_esmp.2011.v17.n1.1
Declaración de conflicto de interes: Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses entre ellos ni con otros autores/as sobre el artículo.
Declaración de contribución de los autores/as utilizando la Taxonomía CRediT:
-M. Sc Gretchen Gómez González: conceptualización, software, investigación, curación de datos.
- Lic. Jessica Escandell Nuviola: redacción - borrador original, visualización, análisis formal.
- Dr. C Giselle María Méndez Hernández: recursos, financiación, redacción - revisión y edición.
- Dr. C. Olga Portuondo Zúñiga: administración del proyecto, supervisión, validación, metodología.
Declaración de aprobación por el Comité de Ética: Los autores declaran que la investigación fue aprobada por el Comité de Ética de la institución responsable, en tanto la misma implicó a seres humanos.
Declaración de originalidad del manuscrito:
Los autores confirman que este texto no ha sido publicado con anterioridad, ni ha sido enviado a otra revista para su publicación.