e-issn 2227-6513 santiago, 167, 2026
Artículo de Investigación
José Martí ordena la vuelta a Cuba. Una aproximación histórica a la segunda comisión realizada por Gerardo A. Castellanos Lleonart
José Martí orders the return to Cuba. A historical approach to the second commission carried out by Gerardo A. Castellanos Lleonart
José Martí ordena o retorno a Cuba. Uma aproximação histórica à segunda comissão realizada por Gerardo A. Castellanos Lleonart
Dariel Alba Bermúdez, https://orcid.org/0000-0002-9791-4604
Universidad de Cienfuegos, Cienfuegos, Cuba
*Autor para correspondencia: darielalbabermudez@gmail.com
RESUMEN
La fundación del Partido Revolucionario Cubano (PRC) por José Martí en 1892 marcó un nuevo período en la lucha independentista contra el colonialismo español. Desde sus inicios, la organización enfrentó obstáculos como el espionaje ibérico, la influencia del Partido Liberal Autonomista y la necesidad de cohesionar a los grupos emigrados. En este contexto, una de las tareas más complejas fue la creación de células partidistas en Cuba, misión encomendada a varios comisionados, entre ellos Gerardo A. Castellanos Lleonart, quien entre 1892 y 1894 realizó varias gestiones para evitar alzamientos prematuros. El objetivo de esta investigación es analizar su segunda comisión, poco estudiada en la historiografía cubana. Para ello se emplearon métodos teóricos (histórico-lógico, inductivo-deductivo, analítico-sintético, informativo-cualitativo, cronológico y hermenéutico) y empíricos (análisis documental). Los resultados evidencian la relevancia de Castellanos en la consolidación del proyecto martiano. Se concluye que su labor fortaleció la organización revolucionaria y aporta nuevas perspectivas al estudio del proceso emancipatorio cubano.
Palabras clave: Gerardo A. Castellanos Lleonart, José Martí, Partido Revolucionario Cubano.
Abstract
The founding of the Cuban Revolutionary Party (PRC) by José Martí in 1892 marked a new stage in the independence struggle against Spanish colonialism. From its inception, the organization faced obstacles such as Iberian espionage, the influence of the Liberal Autonomist Party, and the need to unify Cuban emigrant groups. One of the most complex tasks was the creation of party cells within Cuba, entrusted to commissioners like Gerardo A. Castellanos Lleonart, who between 1892 and 1894 carried out missions to prevent premature uprisings. The objective of this research is to analyze his second commission, which remains little studied in Cuban historiography. The study employed theoretical methods (historical-logical, inductive-deductive, analytical-synthetic, informative-qualitative, chronological, and hermeneutic) and empirical methods (documentary analysis). The results highlight Castellanos’s relevance in consolidating Martí’s project. It is concluded that his work strengthened the revolutionary organization and enriches perspectives on Cuba’s emancipation process.
Keywords: Gerardo A. Castellanos Lleonart, José Martí, Cuban Revolutionary Party.
Resumo
A fundação do Partido Revolucionário Cubano (PRC) por José Martí em 1892 marcou uma nova etapa na luta pela independência contra o colonialismo espanhol. Desde o início, a organização enfrentou obstáculos como o espionagem ibérico, a influência do Partido Liberal Autonomista e a necessidade de unificar os grupos de emigrados cubanos. Uma das tarefas mais complexas foi a criação de células partidárias dentro de Cuba, confiada a comissários como Gerardo A. Castellanos Lleonart, que entre 1892 e 1894 realizou missões para evitar levantes prematuros. O objetivo desta pesquisa é analisar sua segunda comissão, pouco estudada na historiografia cubana. O estudo utilizou métodos teóricos (histórico-lógico, indutivo-dedutivo, analítico-sintético, informativo-qualitativo, cronológico e hermenêutico) e métodos empíricos (análise documental). Os resultados evidenciam a relevância de Castellanos na consolidação do projeto martiano. Conclui-se que sua atuação fortaleceu a organização revolucionária e enriquece as perspectivas sobre o processo emancipatório cubano.
Palavras-chave: Gerardo A. Castellanos Lleonart, José Martí, Partido Revolucionário Cubano.
Recibido: 19/2/2025 Aprobado: 2/3/2026
Introducción
La fundación del Partido Revolucionario Cubano (PRC) por José Martí, en abril 1892, significó la superación de aquellos errores que habían conducido al fracaso de tentativas revolucionarias una vez culminada la Guerra de los Diez Años (Cuevas & Loyola, 2001). En tal sentido, emprender el estudio acerca de esta institución política implica en sí un análisis detallado de los elementos históricos por los que atravesó el pensamiento independentista de la mayor de las Antillas y, al mismo tiempo, de la actividad desarrollada por nuestro Apóstol Nacional en pos de unificar los esfuerzos y ánimos de los conspiradores cubanos de cara a la preparación de la última etapa contra el régimen colonial español.
Para dar cumplimiento al objetivo central propuesto desde su propia creación, el PRC abogó por ser una institución no excluyente ya que su base social fundamental estuvo compuesta por los obreros de la emigración cubana y por los antiguos veteranos de las gestas pasadas; además, de incluir a las nuevas generaciones de conspiradores cuyas ideas separatistas se ajustaban con las directrices del Partido. Asimismo, la estructura establecida por José Martí estaba dirigida al auxilio y fomento de la independencia de Puerto Rico e impedir la expansión de Estados Unidos sobre la región latinoamericana (Valdés, 2006), por lo cual rechazaba cualquier vínculo con la administración estadounidense. Por otra parte, el PRC afrontó numerosas problemáticas iniciales que frenaron el quehacer del mismo, tanto fuera como dentro del territorio cubano, entre los que sobresalieron el accionar del espionaje español, la demora de varios clubes revolucionarios en aceptar las Bases y Estatutos Secretos del Partido y la marcada influencia política que generaba el autonomismo por toda la Isla.
Sin menoscabo de las problemáticas antes expuestas, una de las más importantes asumida por José Martí fue la estructuración del PRC hacia el interior de Cuba. Para ello, se proyectó el envío de varios comisionados para conocer el estado de ánimo de los conspiradores hacia el interior del país; además, de impedir posibles alzamientos esporádicos que pusieran en riesgo las incipientes faenas conspirativas ya realizadas con anterioridad. Dentro de estos enviados sobresalió la figura de Gerardo A. Castellanos Lleonart, antiguo comandante del Ejército Libertador cubano durante la Guerra de los Diez Años. Es oportuno subrayar, que la primera comisión llevada a cabo por el comisionado, enmarcada geográficamente entre La Habana y Camagüey, ha sido ampliamente abordada por historiadores e investigadores sociales debido a la repercusión inmediata que tuvo en los trabajos preparatorios de la Guerra Necesaria (Alba, 2023). Sin embargo, la segunda comisión no ha corrido con igual suerte y es por ello que este artículo está orientado a realizar un análisis sobre esta cuestión en particular y su significación para el proceso independentista cubano.
Resulta válido subrayar, que la personalidad de Castellanos Lleonart no ha sido estudiada con el rigor y la profundidad necesaria, sino que ha caído en una especie de “olvido historiográfico”. La justificación de la afirmación anterior se sustenta en que los textos de historia nacional apenas ofrecen referencias al accionar separatista de esta figura ni profundizan en su pensamiento, cualidades que llevaron a José Martí a designarlo como el primer comisionado del PRC en Cuba. Aunque su primera y única biografía fue publicada en 1923 con un marcado enfoque positivista, desde entonces no se han desarrollado investigaciones que examinen de manera sistemática su trayectoria. Este vacío historiográfico ha contribuido a invisibilizar la relevancia de quienes sus contemporáneos bautizaron como el “Cónsul Mambí”, limitando la comprensión integral de su papel en el proceso emancipatorio cubano y evidenciando, a la vez, la necesidad de nuevas aproximaciones críticas que rescaten su legado político y revolucionario.
Cabe resaltar, que esas breves menciones solo se centran en la primera comisión realizada a la Isla y pasan por alto el impacto que tuvo su núcleo familiar en la fundación del poblado de La Esperanza, en la región central del país, su quehacer en los principales cenáculos conspirativos de Santa Clara previo al estallido de la Guerra de los Diez Años (Pérez, 1919), su participación en esta beligerancia, su actuación durante la Guerra Necesaria y su incansable batallar por la defensa del ideario martiano y los derechos de los antiguos veteranos y, en especial, de los emigrados en las primeras décadas republicanas. Se han hecho eco de estas breves menciones los historiadores Ibrahím Hidalgo Paz, Eduardo Torres Cuevas, Pedro P. Rodríguez López, Diana Abad Muñoz y Paul Estrade, por solo citar algunos.
No obstante, el historiador Dariel Alba Bermúdez ha centrado sus investigaciones en la figura de Castellanos Lleonart, las cuales le han servido para la presentación de sus resultados en diversos eventos y talleres científicos nacionales e internacionales, en su proceso de formación doctoral y en la elaboración de una metodología que, utilizando la actividad revolucionaria desplegada por esta personalidad durante toda su trayectoria sin segmentarla, posibilite construir una biografía acorde a las concepciones historiográficas más actuales sobre este género en particular.
El objetivo de esta investigación es analizar en profundidad la segunda comisión de Gerardo A. Castellanos Lleonart en Cuba, destacando sus particularidades dentro del proceso de organización del Partido Revolucionario Cubano impulsado por José Martí, con el fin de valorar su contribución en la consolidación del proyecto emancipatorio y aportar nuevas perspectivas historiográficas sobre una etapa poco estudiada de la lucha independentista.
Metodología
Para la realización del estudio se emplearon varios métodos del nivel teórico y empírico. Estos viabilizaron los procesos de búsqueda, fichaje e interpretación de los datos examinados. En tal sentido, numerosos autores consideran que los métodos histórico-lógico, inductivo-deductivo y analítico-sintético, son generales para el conocimiento y, por lo tanto, no son exclusivos de la ciencia histórica. A pesar de ello, por la importancia que revisten es necesario partir de estos para poder acceder a la utilización de otros más concretos que permitan ahondar en aquellas particularidades relacionadas con la segunda comisión realizada por el enviado del PRC a la Isla y poder establecer un grado de diferenciación con las restantes. Los métodos teóricos manejados son los siguientes:
• Informativo-cualitativo: permitió, a partir de las características del movimiento de emancipación cubano, analizar las particularidades de cada una de las comisiones desarrolladas por Castellanos Lleonart durante la preparación de la Guerra Necesaria.
• Cronológico: posibilitó el estudio de las circunstancias históricas que permitieron la formación, desarrollo y posterior consolidación del pensamiento independentistas de Castellanos Lleonart. De igual modo, contribuyó a descubrir la lógica de actuación de esta figura durante su segunda visita a la Isla por orden de José Martí para así evitar posibles alzamientos contra el gobierno colonial y que estos rompieran con lo pactado durante su primera comisión.
• Hermenéutico: su utilización accedió al manejo de una valiosa herramienta para comprender los documentos (cartas, reseñas y certificados) redactados por el propio Castellanos Lleonart o por otras personalidades también partícipes durante el desarrollo de su segunda comisión a la Isla. Es importante afirmar que este método permitió la identificación y comparación de algunas fechas que no se conservan en los escasos textos y estudios referentes al quehacer del Cónsul Mambí en su segunda visita a la geografía cubana. Por último, permitió conocer el grado de intimidad que tuvieron los sujetos entrevistados con las directrices políticas y acciones del PRC.
Por otro lado, de los métodos empíricos utilizados sobresalió el análisis de documentos. Este posibilitó la interacción, selección, clasificación e interpretación de aquellas fuentes históricas que esbozan en su contenido la actividad revolucionaria desplegada por Castellanos Lleonart en su segundo recorrido por la mayor de las Antillas. Dentro del respectivo método, se acudió a la hermenéutica como procedimiento fundamental para establecer la crítica analítica-sintética de los datos extraídos en la consulta de esta tipología de fuentes.
Resultados y discusión
I. La fundación del PRC y el primer recorrido de Gerardo Castellanos Lleonart por la Isla
Tras el desarrollo de infructíferas tentativas por reanudar la lucha contra la administración colonial española durante la Tregua Fecunda, José Martí se dio a la tarea de superar todos los elementos que mantenían desunidos a los cubanos. Para lograr tales propósitos defendió, desde numerosas tribunas y artículos periodísticos, la necesidad de la emancipación de la Isla para el continente americano. Asimismo, realizó un periplo por diversos países de esta área geográfica y algunas regiones de los Estados Unidos para aunar las voluntades de los cubanos residentes en estos espacios. Sobre esta última cuestión, sobresalió el arribo del Apóstol Nacional a la ciudad de Tampa, el 26 de noviembre de 1891. El motivo de su visita se sustentaba en una invitación realizada por el Club Revolucionario Ignacio Agramonte para participar en numerosas veladas patrióticas con el fin de enaltecer los ánimos de los emigrados allí radicados y donde pudo comprobar la disponibilidad de sus habitantes para la conformación de su proyecto unificador. También, este contexto representó la plaza idónea para el pronunciamiento de significativos discursos que abogaban por el respeto a la soberanía de los pueblos, entre los que sobresalieron por su importancia e impecable oratoria: Con todos y para el bien de todos y Los pinos nuevos. Estos discursos, definieron las ideas martianas acerca de la libertad y, a la vez, constituyeron un llamado a la unificación de todos los elementos posibles de cara a la construcción de la nueva república a la cual aspiran los nacidos en Cuba (Martín, 2019).
En medio de esta conmoción, José Martí recibió el ofrecimiento de los cayohueseros para que visitara al histórico Peñón. Pese a que nunca había estado en él, sí era un asiduo conocedor de las tareas separatistas allí realizadas mediante el intercambio epistolar, desde años anteriores, con algunas de las personalidades más destacadas de Key West, y las publicaciones del periódico El Yara. Así, el 25 de diciembre de 1891, el Maestro fue recibido con grandes muestras de júbilo por sus moradores. Sobre este acontecimiento, es necesario destacar que la solicitud no correspondió a una agrupación en particular, sino a una comisión creada al efecto y presidida por Ángel Peláez. Su itinerario por el territorio estuvo marcado por diversas entrevistas, recorridos por múltiples manufacturas de tabaco y su participación en las veladas patrióticas auspiciadas por el emblemático Club San Carlos y otras agrupaciones políticas. A pesar de una infección pulmonar que le aquejó y por la que tuvo que guardar algunos días de reposo, el 3 de enero de 1892 sostuvo un encuentro con José Dolores Poyo, Fernando Figueredo Socarrás y José Francisco Lamadriz, a quienes dio a conocer el documento titulado: Borradores de las Bases y Estatutos del Partido Revolucionario Cubano. Esa misma noche, en ocasión de la investidura del emigrado cubano Gerardo A. Castellanos Lleonart como presidente del aludido Club San Carlos, dichos borradores fueron leídos públicamente entre los emigrados que allí se dieron cita.
Días más tarde, José Martí se reunió con los clubes revolucionarios de Key West y algunos visitantes tampeños para debatir las líneas de trabajo presentadas en el referido documento. En tal sentido, se trataba de conceder a la nueva organización que se venía gestándose de un carácter democrático en aras de conquistar el apoyo incondicional de todos los emigrados y la simpatía de los más escépticos. Entre los 27 asistentes, 23 residían en el Peñón y, de ellos, 10 pertenecían a la membresía de la Convención Cubana. Esta última agrupación, establecida en 1889 por el propio Castellanos Lleonart, había conseguido estructurar un alzamiento armado en la Isla para finales de agosto de 1892 y contaba para su materialización con una red de colaboradores diseminadas por toda la Isla. No obstante, la consulta de sus actas reveló que ninguno de los convencionales presentes en la reunión representó a dicha institución (Estrade, 1991).
El éxito de la visita de José Martí residió en el poder de convencimiento de las personalidades más sobresalientes de Cayo Hueso y en su excelente oratoria; pero a pesar de ello, no estuvo al corriente sobre los convencionales y sus movimientos. Hasta el término del presente estudio, no se ha podido aseverar que el Apóstol en su primera visita al Peñón conociera de las acciones realizadas por la Convención Cubana, ya que no fue hasta noviembre de 1892 cuando se produjo su afiliación en la misma. El 6 de enero de 1892 José Martí abandonó el Cayo y, a pesar de que aún no se había creado el PRC, surgieron las primeras problemáticas que dilataron las actividades unificadoras, como las acusaciones hechas por Enrique Collazo contra José Martí tras la crítica de este último al libro A pie y descalzo de Ramón Roa, el accionar del espionaje español y las divergencias existentes entre el periodista Enrique Trujillo y el propio José Martí por los mecanismos de validación empleados por los clubes revolucionarios para aprobar las bases del Partido. A pesar de ello, el acertado trabajo realizado por la Comisión Recomendadora, encargada de difundir las principales doctrinas políticas de la estructura partidista, posibilitó la coordinación en el accionar de todos los emigrados bajo la tutela partidista. En tal sentido, el 8 de abril de 1892 se desarrollaron las elecciones correspondientes a los cargos del Delegado y Tesorero, los cuales recayeron por unanimidad sobre José Martí y Benjamín Guerra respectivamente (Pérez-Concepción, 2011). La alianza establecida entre los componentes políticos y militares, a partir del establecimiento del PRC, fue la encargada de organizar y dirigir una nueva conflagración que llevaría en su seno “(…) las condiciones capaces para garantizar la permanencia del espíritu y la prácticas republicanas, democráticas y populares” (Paz, 2011, p. 25). Es importante señalar, que la creación del Partido vino acompañado, aunque días antes, de la salida del periódico Patria que se convertiría en el órgano difusor de las ideas políticas de esta agrupación. Además, José Martí asumió dentro de la nueva publicación no solo un rol como informante de los acontecimientos que se llevaban a cabo para el inicio de la última etapa de lucha, sino también como un formador de las doctrinas independentistas de los habitantes dentro y fuera de Cuba (Vicente, 1998).
A tenor de estas circunstancias, y en la medida que los emigrados se aglutinaban alrededor de la figura de José Martí como máxima representación del PRC, otro inconveniente obstaculizó el nuevo proyecto independentista. El clima existente en la Isla se hallaba permeado por el quehacer político de dos partidos constituidos tras el final de la Guerra de los Diez Años. En marcada colaboración con el régimen colonialista, el Partido Unión Constitucional asumió una posición integrista como consecuencia de su proyección ideológica. Igualmente, sus intereses políticos representaban al sector más poderoso de la burguesía nacional por cual la idea independentista no figuraba dentro de sus aspiraciones políticas.
Por su parte, el Partido Liberal Autonomista fue en esencia el que más desconfianza provocó a las acciones organizativas desplegadas por los emigrados. Su estructura se componía principalmente por la intelectualidad cubana (pedagogos y periodistas) y los representantes de la burguesía manufacturera, las cuales veían frustradas sus posibilidades económicas y políticas. Sin embargo, su programa resultó atrayente para varios sectores de la sociedad porque enunciaba una serie de reformas de corte liberal. No obstante, varios historiadores concuerdan que la diferencia esencial entre ambos partidos estaba sustentada en el tratamiento de la cuestión política, ya que estos mostraban un claro rechazo a la tendencia separatista. Otro elemento de vital importancia, es que la prédica autonomista permitió que la sociedad cubana comprendiese los atropellos del gobierno colonial. En esta dirección, la actividad política desarrollada por dicha agrupación política y su constante crítica al régimen propiciaron un cambio sustancial en la mentalidad de algunos sectores de la Isla, sobre todo en las regiones que no habían experimentado los avatares de la contienda bélica. A su vez, condicionó la afiliación de varios independentistas no emigrados a su membresía con la finalidad de conservar así los vínculos revolucionarios formados con anterioridad (Ramírez & Rosario, 2008).
Ante el despliegue político autonomista por todo el territorio nacional, el Delegado prosiguió con la preparación de su proyecto revolucionario para la creación de una república independiente. En tales circunstancias, en mayo de 1892, el Partido circuló un documento al Cuerpo de Consejo de Cayo Hueso, donde manifestaba la urgente necesidad de enviar varios comisionados a la Isla. Sus objetivos esenciales se centraron en conocer el estado de ánimo de los conspiradores ubicados hacia el interior del país y estructurarlos a modo de comités. Por esta fecha, el Delegado poseía escasas informaciones sobre las actividades separatistas desarrolladas por aislados grupos en las zonas de Matanzas y Cienfuegos (Rousseau & Díaz de Villegas, 1920).
El Partido había confeccionado un plan para enviar un comisionado a cada una de las regiones de Cuba. Estos poseerían instrucciones generales, pero, a la vez, cada uno de sus movimientos estarían dados en correspondencia con las características de las localidades visitadas (Alba, 2021). Sin embargo, el plan sufrió algunas modificaciones a fin de evadir a los espías españoles. Los primeros nombramientos recayeron sobre los convencionales Joaquín Osorio y Gerardo A. Castellanos Lleonart. Sobre el primero de ellos, encargado de trasladarse al oriente del país, se tienen escasas referencias acerca de su misión como resultado de la carencia de fuentes históricas que permitan indagar en su trayectoria. Por otro lado, sobre el último, se conserva una cuantiosa documentación la cual se centra en numerosas misivas y testimonios de los antiguos jefes de la revolución. De igual modo, el estudio de dichas fuentes permite esbozar el itinerario realizado por el territorio nacional en cada una de las tres comisiones realizadas entre 1892 y 1894. Sobre la primera comisión se ha debatido ampliamente entre investigadores cubanos y extranjeros, en gran medida por el elevado número de entrevistados —más de un centenar—. Sin embargo, el presente artículo propone un análisis más detallado de la segunda comisión (noviembre de 1892-febrero de 1893), la cual, aunque menos conocida, desempeñó un papel decisivo en la consolidación de las actividades previamente desarrolladas por la estructura partidista en el interior de la Isla. Este acercamiento busca rescatar su importancia dentro del proceso organizativo del Partido Revolucionario Cubano y aportar nuevas perspectivas historiográficas sobre una etapa que ha recibido escasa atención en los estudios tradicionales.
Asimismo, resulta válido señalar que el nombramiento de Castellanos Lleonart como comisionado especial del PRC no respondió a un hecho de carácter fortuito, todo lo contario. La designación respondió a la trayectoria de esta figura en los círculos conspirativos del centro del país durante la preparación de la Guerra de los Diez Años y su posterior desarrollo, donde combatió bajo las órdenes de los generales Carlos Roloff, Ignacio Agramonte, Francisco Villamil y José González Guerra (Padrón & Jomet, 2002). Dicha actuación en las filas del Ejército Libertador le valió el grado de comandante y la acreditación de un conocido prestigio entre sus compañeros de lucha. A ello se le sumó, su notoria influencia económica y política entre los emigrados residentes en Cayo Hueso en los años posteriores al fin de la beligerancia antes mencionada.
II. Una segunda comisión a la Isla: consolidación de las actividades conspirativas contra el régimen colonial español
Tras el éxito de la primera comisión, varios conspiradores se adhirieron a las filas del Partido bajo la tutela de José Martí. Sin embargo, el accionar de algunos grupos separatistas no se correspondió con esta postura debido a que, en buena medida, se mantuvieron vinculados con otras agrupaciones revolucionarias de la emigración y, pese a su compromiso con el PRC, buscaban el inicio inmediato de la guerra. Resulta oportuno destacar, que si bien las funciones de Luis Lagomasino como jefe de los conspiradores cubanos establecidos hacia el interior de la Isla, propuesto por la Convención Cubana, en julio de 1892, fueron paralizadas durante la primera comisión de Castellanos Lleonart, no se pudo impedir que este ofreciera sus instrucciones a diversos independentistas, entre los que se destacó el capitán Ricardo Sartorio Leal, a quién ofreció los detalles de su visita a Key West y la fecha pactada para dar inicio a la conflagración según los convencionales. En la actualidad, sería especulativo emitir un criterio afirmativo sobre sí el otro comisionado enviado al territorio cubano, específicamente al oriente del país, pudo frenar el ímpetu separatista del ya aludido Sartorio Leal, aunque sí es sabido del rechazo de su hermano Manuel al enviado de José Martí a esta región (Paz, 1992).
Antes las divergencias sostenidas por algunos conspiradores orientales con las directrices del PRC, es probable pensar que José Martí conociera sobre las actividades desarrolladas por la Convención Cubana y llegara a plantearse la necesidad de lograr una aproximación entre ambas instituciones políticas. Por otro lado, es válido considerar que las incongruencias en cuanto al accionar del PRC y la Convención Cubana podrían poner en riesgo la organización que hasta ese momento había logrado articular la estructura partidista. Es por ello, que, con la finalidad de impedir un posible alzamiento en dicha región del país, el Maestro se trasladó a Cayo Hueso, el 9 de noviembre de 1892, para sostener una entrevista con los directivos de la Convención Cubana. La reunión tuvo lugar días después, a la cual concurrieron diez convencionales y tres invitados (Muñoz, 1989). La consulta del Libro de Actas de esta institución, la correspondiente al 11 de noviembre, aporta una clara información en cuanto a las diferencias existentes. El primer detalle concierne al carácter extraordinario de la misma, lo que expresa la magnitud de la temática a tratar. Asimismo, en el listado de asistentes se revela la participación del Delegado del PRC como miembro activo de la misma, bajo la identidad del No. 2 (Muñoz, 1989).
Durante el desarrollo de la sesión, uno de los visitantes presentes, Juan A. Calderón, manifestó su inconformidad debido a que los convencionales habían faltado a su promesa de ayudar en el ámbito económico a los holguineros en su empresa bélica. Ante esta postura, el Delegado y Fernando Figueredo Socarrás expusieron las causas que condujeron al incumplimiento de lo acordado, entre las cuales sobresalió la no aceptación del mayor general Máximo Gómez como principal jefe militar del pronunciamiento. Al término del encuentro, el propio José Martí dio a conocer a los restantes invitados, el coronel Ángel Guerra y el teniente coronel Calixto Agüero, la suspensión de cualquier intento de expedición armada hasta que no estuvieran consolidadas las estructuras del PRC en el interior de la Isla. Asimismo, manifestó la necesidad de enviar nuevos comisionados al territorio nacional en aras de aplacar las ansias de lucha de los conspiradores cubanos. Uno de los propuestos para dar cumplimiento a la misión lo fue Castellanos Lleonart, el cual estuvo sugerido por el mayor general Serafín Sánchez. En un primer instante, el fundador del PRC presentó sus inquietudes al respecto debido a que la entrada en la Isla de Castellanos Lleonart significaría su eminente detención debido a que su primera comisión era ampliamente conocida entre la emigración cubana. Estos criterios fueron expresados por José Martí en una misiva enviada al propio mayor general Serafín Sánchez:
“A Gerardo, —que, con más piedad para mí, para esta bestia de carga, estaría menos enojado conmigo—, es imposible mandarlo: sería como un anuncio público. Aquella comisión que desempeñó tan brillantemente ha llegado a ser después tan conocida que ni él, ni nadie que con él hablase, estarían en Cuba seguro. Yo le escribo, y se lo explico así. Usted también se lo dice. No ha de echarse hombres semejantes en la boca del lobo” (García, 1926, p. 112).
En la actualidad resulta imposible determinar, pese la consideración de José Martí de no enviarlo a Cuba, por qué Castellanos Lleonart se hizo cargo de esta nueva misión. No obstante, lo que sí se puede afirmar es que las instrucciones para ello fueron expuestas verbalmente por el propio Delegado. Asimismo, recibió los nombramientos oficiales de los agentes del PRC para cada una de las regiones de la Isla. El nuevo propósito del comisionado residió en repasar los contactos hechos durante su primera visita y luego dirigirse al oriente del territorio nacional y expresarle a los separatistas residentes en la región que el Partido, como organización política, no constituía una dictadura civil en la preparación una nueva etapa de lucha. La aceptación de Castellanos Lleonart implicó, como en su primer periplo, dejar la dirección de su manufactura tabacalera en manos de su socio José A. López, persona inexperta en este tipo de funciones y recelosa de la independencia de Cuba, y abandonar a sus familiares.
El 15 de noviembre de 1892 arribó el comisionado al puerto de La Habana y, como en la vez anterior, se hospedó en el Hotel Roma, propiedad de John Repko. Allí volvió a entrevistarse con los hermanos Justo y Vicente Carrillo Morales en unión del coronel José María Aguirre, los cuales se comprometieron a continuar los trabajos independentistas. Posteriormente, se hospedó en la vivienda de su amigo Julio Ordetx y después visitó a Juan Gualberto Gómez, a quien le entregó diversos documentos que lo avalaba como el máximo representante del PRC en Cuba. También, participó en la conferencia del coronel Manuel Sanguily titulada El Descubrimiento, en conmemoración de los 400 años de la llegada de Cristóbal Colón al continente americano. Su participación en la presentación, le permitió al enviado sostener un encuentro cordial con el viejo veterano independentista.
La presencia de Castellanos Lleonart en la capital fue advertida por las autoridades coloniales, lo cual dejaba al visitante a expensas de una posible detención. Según refiere su biógrafo, Gerardo Castellanos García, el comisionado del PRC se auxilió del coronel peninsular de la Guardia Civil, Guillermo Tort (García, 1910). Hasta el término de la presente investigación, no ha podido localizar en las fuentes documentales a las cuales se tuvieron acceso los elementos que permitan ahondar en la relación existente entre Castellanos Lleonart y el oficial ibérico. Para esta época el militar español se desempeñaba como jefe de operaciones de los tercios de Cuba y entre su extensa y reconocida hoja de servicios, se encuentran su participación en la guerra en África, la Guerra de los Diez Años y la persecución y muerte de Manuel García, “el Rey de los campos de Cuba”. Por otro lado, es válido subrayar que el auxilio de esta figura fue de vital importancia en los movimientos hechos por el comisionado en el territorio habanero al evitarse amenazas y seguimientos por parte de las autoridades coloniales, que mantenían una estrecha vigilancia no solo por su recorrido, sino también sobre sus posibles contactos separatistas ubicados en la urbe habanera.
En otro orden, ha sido imposible comprobar sí Gerardo A. Castellanos Lleonart visitó a todos los conspiradores que fueron entrevistados en su primera comisión; no obstante, sí se constató la reafirmación de los trabajos desarrollados por muchos de ellos y a los cuales se sumó la negativa de Álvaro Caballero, quien fuera entrevistado en Cárdenas, en agosto de 1892. De este modo, el periplo por La Habana dejó un saldo de ocho entrevistados confirmados; de los cuales, solo dos poseían experiencia castrense. Este resultado preliminar coincidió con la característica esencial de su primera visita a la mayor de las Antillas, la cual se tradujo en el predomino de hombres carentes de participación dentro de las filas del Ejército Libertador cubano. Desde La Habana, Castellanos Lleonart se trasladó a la ciudad de Matanzas para entrevistarse con Mateo I. Fiol, Emilio Domínguez y Pedro Duarte. A pesar de la negación de su amigo y antiguo compañero de armas residente en la ciudad de Cárdenas, Daniel Gutiérrez Quirós, hijo del patricio santaclareño Miguel J. Gutiérrez, durante su primera comisión, el Cónsul Mambí lo visitó convencido de un cambio de postura, pero, una vez más, recibió su desaprobación para participar en el proyecto martiano.
En Santa Clara, volvió a entrevistarse con Rafael Lubián, José Braulio Alemán, Francisco López Leiva y Francisco Martínez Pupo (García, 1999) quienes, mediante el comité local establecido en aquella misma ciudad, en agosto de 1892, se comprometieron a continuar con los preparativos de la guerra que se avecinaba. En el poblado de Cruces sostuvo un encuentro con Federico Zayas, a quien le entregó las comunicaciones enviadas personalmente por José Martí. Posteriormente, se trasladó a Santo Domingo donde, acompañado del doctor Ricardo Pocurul y Pedro Rodríguez Mora, conversó con terrateniente Francisco de Paula Machado, propietario del ingenio Esperanza. En tono de extrema suspicacia, este le comentó al enviado del PRC que no era partidario de las revueltas públicas, pero sí el comienzo del conflicto armado era un hecho evidente, podía contar con su apoyo y el de sus trabajadores.
Lajas fue el siguiente poblado visitado por Castellanos Lleonart y allí logró entrevistarse con los conspiradores Antonino Rodríguez, Esteban Cuéllar y el periodista Agustín Cruz y Cruz, quienes fueron designados como representantes del Partido en dicha localidad. De camino a la ciudad de Cienfuegos, intercambió con el doctor Enrique B. Barnet y Roque de Escobar, el cual reconoció las disposiciones expuestas por el comisionado. En la región cienfueguera repasó los vínculos que había sido fijados con anterioridad, al entrevistarse, entre otras personalidades, con Leopoldo Figueroa y Félix Hernández. Este último, fue elegido como representante del PRC en el territorio sureño. A estas entrevistas, se le sumó la visita a Ricardo Piloto en el poblado de Rodas. De esta manera, culminaba el periplo del comisionado por el territorio central. Si se estableciera una comparación entre las dos comisiones, se puede detallar que el número de entrevistados decreció cuantiosamente con respecto a la primera. El descenso, en primer lugar, se debe a que el objetivo fundamental de la segunda visita radicaba en aplacar los ánimos de los conspiradores localizados en el oriente del país; y, en un segundo momento, sobre esta comisión existe menos información respecto a su antecesora. Tampoco, se pudo verificar en las fuentes documentales consultadas sí el comisionado visitó nuevamente a las localidades de La Esperanza, Trinidad, Sagua la Grande, Ranchuelo, Remedios y Sancti Spíritus como lo había hecho con anterioridad. A pesar de ello, cabe destacar que cumplió con cada una de las orientaciones expuestas por el Delegado para estos territorios.
Posteriormente, se trasladó hacia Camagüey para entrevistarse con su antiguo compañero de armas, el capitán Alejandro Rodríguez Velazco. Meses antes del arribo del comisionado, el PRC le había enviado a este conspirador un paquete con correspondencia y comunicaciones de José Martí, a fin de que le fuera entregado al propio Castellanos Lleonart en su visita y evitar así ser requisado por las autoridades coloniales de la Isla. El diálogo entre ambos estuvo marcado por el pesimismo y la oposición al estallido de una beligerancia por parte del entrevistado, pues se mostró temeroso de perder su pequeño negocio de ganado. Sobre esta postura, meses más tarde el mayor general Serafín Sánchez le escribiría a Castellanos Lleonart que Alejandro Rodríguez Velazco le había manifestado que él no pensaba en la conflagración (García, 1926). En la misma misiva, el militar espirituano da a conocer que una de las causas de este posicionamiento residía en la buena posición económica que ostentaba como resultado del comercio de ganado. No obstante, al concluir el encuentro, este le ofreció sus servicios al Partido. Además, resulta válido señalar, que durante la entrevista la esposa del entrevistado, Eva Adán, se puso a las órdenes del comisionado, hecho que la convirtió en una de las primeras mujeres en Cuba en adherirse al proyecto emancipatorio de José Martí y del PRC.
Asimismo, este conspirador camagüeyano sirvió de vínculo con otros conspiradores de la región. Por su parte, el historiador Gerardo Castellanos García expresó, en su obra Misión a Cuba. Cayo Hueso y Martí, que su progenitor se entrevistó con Francisco Sánchez y Betancourt durante su primera comisión a Cuba. Sin embargo, el propio Alejandro Rodríguez Velazco aseveró que fue él quien lo presentó ante el enviado, en diciembre de 1892. Igualmente, se entrevistó con Mateo Leal, el comandante Alberto Adán y su hermano Eloy; mientras, que las visitas pactadas con el coronel Emilio Luaces y el otrora marqués de Santa Lucía no llegaron a efectuarse, pues ambos se encontraban fuera de la ciudad. El recorrido por el territorio camagüeyano culminó en un éxito rotundo ya que la totalidad de los entrevistados se comprometieron a continuar conspirando contra la administración colonial bajo la tutela del Partido.
Desde allí, Castellanos Lleonart se embarcó hacia la región oriental para dar inicio al trayecto más complejo durante su segunda comisión, ya que este no había sido cubierto por él en su anterior movimiento por el territorio nacional. La primera localidad visitada lo fue Manzanillo, donde consiguió entrevistarse, en un primer momento, con el capitán Dimas Zamora López y el comandante José Celedonio Rodríguez. Los antiguos integrantes del Ejército Libertador cubano en la Guerra de los Diez Años brindaron sus servicios a la causa independentista. En dicha población, se comprometieron, además, el mayor general Ricardo J. de Céspedes y del Castillo (hermano del Padre de la Patria Carlos M. de Céspedes), los coroneles Federico Incháustegui y Ricardo de Céspedes y Céspedes; y T. Canal. Estos conspiradores recibieron varios documentos enviados por José Martí, lo que significó su compromiso con las directrices trazadas para la lucha por el Partido. Por otro lado, desde agosto de 1892, Manuel de Jesús “Titá” Calvar había prometido un encuentro con el enviado del Partido en su ciudad natal. La entrevista fue toda una revelación, ya que el expresidente de la República en Armas durante la Guerra de los Diez Años, influenciado por el autonomismo, se negó a colaborar con la empresa martiana. Al igual que en la primera comisión realizada, el comisionado utilizó su estrategia de convencimiento, basada en la evocación de los gloriosos días de la justa del 68, pero este no ofreció sus servicios para las actividades conspirativas ni para el futuro conflicto. Posteriormente, la siguiente entrevista se desarrolló en el domicilio del entonces brigadier Bartolomé Masó Márquez, quien accedió a actuar rápidamente y ponerse de acuerdo con el resto de los núcleos de la Isla y del extranjero.
Groso modo, la culminación del recorrido de Castellanos Lleonart por este territorio oriental trajo como resultado la materialización de nueve entrevistas; de ellas, siete ya habían participado en conflictos armados anteriores y solo uno se mostró pesimista con la directiva del PRC. Los números antes revelados demuestran que, con la entrada del comisionado en la parte oriental de la Isla, la constante de que al frente de las actividades conspirativas estuviesen hombres carentes de alguna experiencia castrense varió a favor de los que poseían un historial dentro de la causa armada. Desde el puerto manzanillero, Castellanos Lleonart navegó hasta Santiago de Cuba para entrevistarse con el mayor general Guillermo Moncada. El objetivo de la visita residió en hacerle saber al indómito mambí todo lo que ocurría en la emigración cubana, el accionar político del PRC y la adhesión de Antonio Maceo al proyecto martiano. Asimismo, le entregó diversos documentos enviados por el Delegado, en los cuales pudo constatar el estado de ánimo de los conspiradores ubicados hacia el interior de la Isla. Su respuesta favorable no se hizo esperar y, al mismo tiempo, se comprometió con el visitante a ponerlo en contacto con otros independentistas de la ciudad.
Entre los vínculos determinados por “Guillermón”, sobresalieron los periodistas Eduardo Yero Buduén y José Miró Argenter; el primero, director del periódico El Triunfo que circulaba en la ciudad desde 1888; aunque sus orígenes se situaban hacia 1886 en Manzanillo. La visita del comisionado se desarrolló en el local de impresión del periódico santiaguero y, a pesar a sus ideas separatistas, tanto Yero como Miró, denotaron gran esquivez respecto a la emigración cubana al entender que la organización y dirección de la beligerancia debía recaer sobre los revolucionarios orientales más consagrados. Ante las vacilaciones de los entrevistados, marcados por un fuerte espíritu regionalista, el visitante consideró que ni José Martí ni la mayoría de los emigrados gozaban de una reputación suficiente para ser creídos; no obstante, sus actividades habían logrado la anuencia de buena parte de los elementos útiles y necesarios para la lucha emancipatoria de la Isla, donde se constataba la presencia de antiguos miembros del Ejército Libertador cubano y de las nuevas generaciones de separatistas cubanos.
A pesar de la postura esquiva, Castellanos Lleonart partió hacia Gibara para recibir la aprobación del escribano Félix Hernández. A su retorno a la urbe santiaguera, embarcó rumbo a Baracoa bajo el pretexto de adquirir madera y otros materiales en las oficinas de Arturo Ochoa, quien era copropietario de un tren de lavado. Sin embargo, el interés del comisionado residía en visitar al Dr. Fermín Valdés Domínguez, el cual era fuertemente vigilado por los espías españoles y las autoridades locales a raíz de su antigua amistad con el Delegado del Partido. El encuentro se produjo el 31 de diciembre de 1892 y sobre este acontecimiento, el propio Valdés Domínguez expresó:
“¡Viva Cuba Libre! Con este patriótico saludo recibí en la ciudad de Baracoa (…) al comandante Gerardo Castellanos (…) Cuando ya me preparaba para ir al campo a ver a mis enfermos, me esperaba en mi cuarto de consultas, donde el reloj marcaba las ocho. No había visto nunca al Sr. Castellanos; pero su mirar franco y noble (…) y la carta de Martí que traía en sus manos y que me entregó con emoción, nos hicieron, de momento, viejos amigos” (García, 2009: 170-171).
En el contenido de la misiva se dejaba claro el nombramiento como representante del Partido en la ciudad primada de Cuba de Fermín Valdés Domínguez. La situación política existente en el lugar como resultado de la popularidad alcanzada por el autonomismo entre sus habitantes preocupaba enormemente al fundador del PRC, quién, por otro lado, consideraba a Baracoa como un punto de importancia estratégica vital para el arribo de expediciones armadas una vez iniciada la conflagración (Guerra, 1999). Pese a la propaganda colonial, los partidarios de la independencia buscaban la conformación de una red conspirativa local que accionara al unísono de las ya establecidas en el resto del país. Asimismo, consiguió la concurrencia al proyecto martiano del veterano mambí Félix Ruenes y Eusebio Valdés Domínguez; este último, hermano del Fermín.
Entre los principales resultados extraídos de esta investigación, a parte de la identificación de las particularidades de cada una de las regiones visitadas y de sus entrevistados, está la elaboración de una base de datos con todos los visitados por el comisionado del PRC a raíz de la consulta de las fuentes bibliográficas y documentales.
Tabla No. 1: Relación de entrevistados. Relación de entrevistados por Gerardo A. Castellanos Lleonart durante la segunda comisión realizada a la Isla entre noviembre de 1892 y febrero de 1893 por órdenes del Partido Revolucionario Cubano y José Martí para la preparación de la Guerra Necesaria
|
No. |
Nombre (s) y apellidos |
Localidad |
Grado militar |
Grado de aceptación del proyecto del PRC |
|
1 |
John Repko |
La Habana |
Sí |
|
|
2 |
Justo Carrillo Morales |
La Habana |
Sí |
|
|
3 |
Vicente Carrillo Morales |
La Habana |
Sí |
|
|
4 |
José María Aguirre Valdés |
La Habana |
coronel |
Sí |
|
5 |
Julio Ordetx |
La Habana |
Sí |
|
|
6 |
Juan Gualberto Gómez Ferrer |
La Habana |
Sí |
|
|
7 |
Manuel Sanguily Garrite |
La Habana |
coronel |
Sí |
|
8 |
Álvaro Caballero |
La Habana |
No |
|
|
9 |
Mateo Fiol Fuertes |
Matanzas |
Sí |
|
|
10 |
Pedro Duarte |
Matanzas |
Sí |
|
|
11 |
Emilio Domínguez Gener |
Matanzas |
Sí |
|
|
12 |
Daniel Gutiérrez Quirós |
Cárdenas |
capitán |
No |
|
13 |
Francisco López Leiva |
Santa Clara |
Sí |
|
|
14 |
Francisco Martínez Pupo |
Santa Clara |
Sí |
|
|
15 |
José Braulio Alemán Urquía |
Santa Clara |
Sí |
|
|
16 |
Rafael Lubián Rodríguez |
Santa Clara |
Sí |
|
|
17 |
Federico Zayas |
Cruces |
Sí |
|
|
18 |
Pedro Rodríguez Mora |
Santo Domingo |
Sí |
|
|
19 |
Francisco de Paula Machado |
Santo Domingo |
No, aunque después colaboró en la Guerra Necesaria |
|
|
20 |
Ricardo Pocurrul y Oña |
Santo Domingo |
Sí |
|
|
21 |
Enrique Barnet y Roque de Escobar |
Lajas |
Sí |
|
|
22 |
Agustín Cruz y Cruz |
Lajas |
Sí |
|
|
23 |
Antonio Rodríguez |
Lajas |
Sí |
|
|
24 |
Esteban Cuéllar |
Lajas |
Sí |
|
|
25 |
Félix Hernández |
Cienfuegos |
Sí |
|
|
26 |
Leopoldo Figueroa |
Cienfuegos |
Sí |
|
|
27 |
Ricardo Piloto |
Rodas |
Sí |
|
|
28 |
Alejandro Rodríguez y Velazco |
Camagüey |
capitán |
Sí |
|
29 |
Eva Adán |
Camagüey |
Sí |
|
|
30 |
Francisco Sánchez Betancourt |
Camagüey |
Sí |
|
|
31 |
Miguel Betancourt Guerra |
Camagüey |
participó en la Guerra de los Diez Años |
Sí |
|
32 |
Alberto Adán |
Camagüey |
comandante |
Sí |
|
33 |
Eloy Adán |
Camagüey |
Sí |
|
|
34 |
Mateo Leal |
Camagüey |
Sí |
|
|
35 |
José Celedonio Rodríguez Rodríguez |
Manzanillo |
comandante |
Sí |
|
36 |
Dimas Zamora López |
Manzanillo |
capitán |
Sí |
|
37 |
Manuel Frías |
Manzanillo |
Sí |
|
|
38 |
Francisco Javier de Céspedes y del Castillo |
Manzanillo |
mayor general |
Sí |
|
39 |
T. Canal |
Manzanillo |
Sí |
|
|
40 |
Federico Augusto Incháustegui Cabrera |
Manzanillo |
coronel |
Sí |
|
41 |
Ricardo Céspedes y Céspedes |
Manzanillo |
coronel |
Sí |
|
42 |
Manuel de Jesús Calvar Oduardo |
Manzanillo |
mayor general |
No |
|
43 |
Bartolomé Masó Márquez |
Manzanillo |
mayor general |
Sí |
|
44 |
Guillermo Moncada Veranes |
Santiago de Cuba |
mayor general |
Sí |
|
45 |
José Miró Argenter |
Santiago de Cuba |
coronel |
Duda |
|
46 |
Eduardo Yero Buduén |
Santiago de Cuba |
Duda |
|
|
47 |
Félix Hernández |
Gibara |
Sí |
|
|
48 |
Fermín Valdés Domínguez |
Baracoa |
Sí |
|
|
49 |
Félix Ruenes |
Baracoa |
participó en la Guerra de los Diez Años |
Sí |
|
50 |
Eusebio Valdés Domínguez |
Baracoa |
Sí |
|
|
51 |
Manuel de la Cruz Fernández |
La Habana |
Sí |
Al finalizar su cometido, Castellanos Lleonart embarcó hacia La Habana para notificarles a Juan Gualberto Gómez y a Manuel Sanguily sobre sus movimientos por el territorio nacional y, en especial, por el oriente. Durante su breve estancia en la capital, le advirtió al Delegado del PRC en la Isla sobre los inconvenientes que aquejaban a la mayoría de los conspiradores ubicados en la región antes mencionada, entre los que cabe destacar el mimetismo de varios separatistas y la agresividad de las publicaciones integristas. Antes de salir de la Isla, el comisionado visitó con éxito al periodista Manuel de la Cruz Fernández; mientras, que la entrevista pactada con el también periodista Enrique Hernández Miyares durante la primera comisión no pudo concretarse al estar ausente de su hogar.
Sobre la salida de Castellanos Lleonart de Cuba, si bien se ha podido determinar la fecha de su embarque al extranjero, el 11 de febrero de 1893, no ha sido posible aseverar cual fuera su destino. Según su biógrafo, el comisionado partió hacia Nueva York para sostener una entrevista con José Martí e informarle sobre los pormenores de su segunda visita a la Isla. No obstante, algunas fuentes revelan que es imposible que el rumbo fijado fuera la ciudad antes señalada, sino Key West. En primer lugar, a partir del 10 de febrero de ese año José Martí salió en comisión fuera de la urbe neoyorquina y no volvió hasta el 9 de marzo. A ello se añade, que Castellanos Lleonart participó en las sesiones del Club Luz de Yara y de la Convención Cubana, ambas realizadas el 19 de febrero. Además, en un artículo, publicado en 1920 en la revista Bohemia, su biógrafo manifiesta que tras la entrevista con el Delegado del PRC en Nueva York para darle cuenta de su segunda comisión, este le entregó una fotografía suya con la siguiente dedicatoria: “A Gerardo: su José Martí. N. Y. Marzo 12 de 1893” (García, 1920: 6). Sin embargo, no se ha podido determinar porque José Martí y el propio Castellanos Lleonart no se reunieron en Key West, ya que el primero de ellos estuvo en dicha localidad entre el 27 de febrero y el 2 de marzo de 1893.
Tras su arribo al Cayo, el comisionado se reunió con la Convención Cubana para dar cuenta de su recorrido por la Isla. Sobre su intervención, Fernando Figueredo expresó:
“(…) recuerdo que debidamente facultado por Martí, se reunió La Convención en mi casa y ante ella dio cuenta el comandante Castellanos de su excursión a través de Cuba. ¡Qué escena grandiosa! Cuánta cabeza cubierta de cana, cuánto hombre serio, de negocios y aún los humildes trabajadores, estuvieron pendientes de los labios del comisionado, cuando en medio de la expectación y del silencio profundo se escucharon las manifestaciones alentadoras que él nos exponía” (García, 2009: 197).
De vuelta en Cayo Hueso e integrándose a la cotidianidad del mismo, la situación financiera de Castellanos Lleonart comenzó a deteriorarse drásticamente debido a que, en su ausencia, su manufactura había sufrido los embates de un temporal que provocó la totalidad de su derrumbe y a lo que se añade la mala gestión de su socio gerente.
El cese de la segunda comisión no se tradujo en el fin de las acciones revolucionarias del Cónsul Mambí, sino todo lo contrario. Pese a su precaria situación financiera y sus movimientos hacia otras regiones de la Unión, el otrora comandante del Ejército Libertador cubano continuó su apoyo al PRC con la realización de una tercera comisión a la Isla, en 1894; el aporte monetario a las arcas del Partido, el establecimiento de numerosos clubes revolucionarios y su participación en numerosas las actividades políticas que tuvieran como eje fundamental la emancipación del territorio cubano del régimen colonial español. Tras el inicio de la Guerra Necesaria, Castellanos Lleonart cumplió múltiples funciones dentro de la emigración, entre las que sobresalieron la fundación de una institución que preparaba a los emigrados que se enrolaban en las expediciones armadas, sus constantes solicitudes para retornar a los campos de lucha –petición que siempre le fue denegada– y el envío de armamento, medicinas y otros utensilios bélicos para los disímiles campamentos insurrectos de la Isla.
CONCLUSIONES
Groso modo, el nombramiento de Gerardo A. Castellanos Lleonart como comisionado del PRC, entre 1892 y 1894, estuvo determinado por su formación patriótica inicial, debido al prestigio adquirido entre sus compañeros de lucha durante su activa participación en la Guerra de los Diez Años, donde intervino en diversos combates que le permitieron colaborar con las personalidades más representativas del mambisado cubano, entre las que se destacaron Carlos Roloff, Francisco Villamil e Ignacio Agramonte. En tal sentido, sobresalió, además, su actividad política dentro de la emigración cubana de Key West durante el período interguerras y su posición económica.
Asimismo, las comisiones realizadas por Castellanos Lleonart hacia el interior de la Isla, entre 1892 y 1894, bajo las orientaciones de José Martí, estuvieron encaminadas a conocer el estado de ánimo de los conspiradores cubanos situados dentro de la Isla. Por su parte, la segunda comisión, que tuvo como radio de acción a las regiones de La Habana, Matanzas, Las Villas, Camagüey y Oriente, no fue tan conocida como su antecesora, pero estuvo dirigida a apaciguar los posibles estallidos de espontáneos brotes armados que pusieran en peligro los trabajos desplegados por el Partido, a contrarrestar la influencia del autonomismo y a la fundación de juntas revolucionarias, cuyas acciones debían estar vinculadas entre sí y adheridas a la estructura partidista. Para dar cumplimiento a dichos objetivos, el comisionado utilizó para ello la evocación de las glorias de las gestas pasadas para lograr el convencimiento de la totalidad de sus entrevistados.
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