e-issn 2227-6513 santiago, 166, 2025
Artículo de Investigación
Movilidad social y exclusión en poblaciones vulnerables en América Latina: evidencia estructural y desafíos para la equidad
Social Mobility and Exclusion in Vulnerable Populations in Latin America: Structural Evidence and Challenges for Equity
Mobilidade social e exclusão em populações vulneráveis na América Latina: evidências estruturais e desafios para a equidade
Jessica Patricia Cruel Angulo, https://orcid.org/0000-0002-9105-9862
Rita Bolaños Mosquera, https://orcid.org/0000-0001-5659-126
María Isabel Vallejo Cárdenas, https://orcid.org/0000-0001-7373-0248
Evelin Liliana Callaveral Bolaños, https://orcid.org/0009-0001-8978-4854
Universidad Técnica “Luis Vargas Torres” de Esmeraldas, Esmeraldas-Ecuador
*Autor para correspondencia: jessica.cruel@utelvt.edu.ec
RESUMEN
La movilidad social constituye un eje central para evaluar la equidad y la cohesión en las sociedades contemporáneas. Sin embargo, en contextos caracterizados por alta desigualdad estructural, como América Latina, amplios sectores de la población enfrentan barreras persistentes que limitan sus trayectorias de ascenso social. El presente artículo tiene como objetivo analizar la relación entre movilidad social y exclusión en poblaciones vulnerables, integrando evidencia empírica reciente y marcos teóricos contemporáneos. Se adopta un enfoque cualitativo basado en una revisión narrativa de literatura indexada en Scopus, Web of Science (WoS) y SciELO entre 2018 y 2024, complementada con informes de organismos multilaterales (CEPAL, OCDE, OIT, BID) y análisis geoespaciales. Los resultados evidencian que la baja movilidad social está asociada a desigualdades en educación, segmentación laboral, segregación territorial y fragmentación institucional, configurando mecanismos de reproducción intergeneracional de la pobreza. Se concluye que la exclusión social no es un fenómeno residual, sino estructural, lo que exige políticas públicas redistributivas y estrategias integrales de inclusión.
Palabras clave: Movilidad social; exclusión social; desigualdad estructural; vulnerabilidad; América Latina.Abstract
Social mobility is a central axis for evaluating equity and cohesion in contemporary societies. However, in contexts characterized by high structural inequality, such as Latin America, large sectors of the population face persistent barriers that limit their upward social trajectories. This article aims to analyze the relationship between social mobility and exclusion in vulnerable populations, integrating recent empirical evidence and contemporary theoretical frameworks. A qualitative approach is adopted, based on a systematic review of indexed literature in Scopus, Web of Science (WoS), and SciELO between 2018 and 2024, complemented by reports from multilateral organizations (ECLAC, OECD, ILO, IDB) and geospatial analyses. The results show that low social mobility is associated with educational inequalities, labor market segmentation, territorial segregation, and institutional fragmentation, shaping mechanisms for the intergenerational reproduction of poverty. It is concluded that social exclusion is not a residual phenomenon but a structural one, which demands redistributive public policies and comprehensive inclusion strategies.
Keywords: Social mobility; social exclusion; structural inequality; vulnerability; Latin America.
Resumo
A mobilidade social constitui um eixo central para avaliar a equidade e a coesão nas sociedades contemporâneas. No entanto, em contextos caracterizados por alta desigualdade estrutural, como a América Latina, amplos setores da população enfrentam barreiras persistentes que limitam suas trajetórias de ascensão social. Este artigo tem como objetivo analisar a relação entre mobilidade social e exclusão em populações vulneráveis, integrando evidências empíricas recentes e referenciais teóricos contemporâneos. Adota-se uma abordagem qualitativa baseada em revisão sistemática da literatura indexada na Scopus, Web of Science (WoS) e SciELO entre 2018 e 2024, complementada por relatórios de organismos multilaterais (CEPAL, OCDE, OIT, BID) e análises geoespaciais. Os resultados evidenciam que a baixa mobilidade social está associada a desigualdades educacionais, segmentação do mercado de trabalho, segregação territorial e fragmentação institucional, configurando mecanismos de reprodução intergeracional da pobreza. Conclui-se que a exclusão social não é um fenômeno residual, mas estrutural, o que exige políticas públicas redistributivas e estratégias integrais de inclusão.
Palavras-chave: Mobilidade social; exclusão social; desigualdade estrutural; vulnerabilidade; América Latina.
Recibido: 12/11/2025 Aprobado: 14/12/2025
Introducción
La movilidad social constituye un indicador crítico del grado de apertura de una sociedad y de su capacidad para ofrecer igualdad de oportunidades. En sistemas sociales altamente estratificados, la movilidad tiende a ser limitada, reproduciendo desigualdades intergeneracionales (Torche, 2020). En América Latina, esta problemática adquiere especial relevancia debido a la persistencia de estructuras socioeconómicas desiguales que condicionan el acceso a recursos y oportunidades (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2022).
Tal como señala la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, 2025), América Latina y el Caribe enfrentan profundos desafíos relacionados con la movilidad social y la desigualdad, impulsados en gran medida por la segmentación de sus mercados laborales y las brechas en la calidad educativa. Estos factores estructurales generan un círculo vicioso en el que las oportunidades de ascenso social se ven restringidas, perpetuando la exclusión de amplios sectores de la población y debilitando la cohesión social, lo que a su vez limita las posibilidades de desarrollo sostenible y equitativo en la región.
Desde una perspectiva contemporánea, la exclusión social se concibe como un fenómeno multidimensional que trasciende la pobreza monetaria, incorporando dimensiones como la participación social, el acceso a derechos y la integración institucional (Atkinson, 2019). En este marco, la relación entre movilidad social y exclusión se configura como un eje clave para comprender la reproducción de desigualdades, ya que la falta de movilidad refuerza la exclusión y esta, a su vez, limita las oportunidades de ascenso.
El objetivo de este estudio es analizar dicha relación a partir de evidencia reciente, identificando los factores estructurales que limitan la movilidad en poblaciones vulnerables y discutiendo sus implicaciones para el diseño de políticas públicas. En particular, se busca destacar cómo la exclusión social actúa como un mecanismo de cierre que restringe las posibilidades de ascenso de los grupos más desfavorecidos, conformando lo que la CEPAL (2025) denomina una “trampa de alta desigualdad, baja movilidad social y débil cohesión social”.
Este enfoque permite visibilizar las limitaciones actuales y orientar la formulación de políticas públicas que promuevan mayor equidad, inclusión y movilidad en la región, fortaleciendo la cohesión social y la sostenibilidad de los sistemas democráticos, al tiempo que se reconoce la necesidad de superar las barreras estructurales que perpetúan la desigualdad.
Metodología
Se desarrolló una revisión sistemática cualitativa de literatura científica. Las bases de datos consultadas fueron Scopus, Web of Science (WoS) y SciELO, dado su reconocido prestigio en ciencias sociales. El periodo de búsqueda comprendió desde enero de 2018 hasta junio de 2024.
Los términos de búsqueda utilizados fueron: “social mobility”, “social exclusion”, “structural inequality”, “vulnerability”, “Latin America”, así como sus equivalentes en español y portugués. Se incluyeron únicamente artículos empíricos y teóricos publicados en revistas con revisión por pares, así como informes técnicos de organismos internacionales (CEPAL, OCDE, Banco Mundial, OIT, BID). Se excluyeron tesis de grado, documentos de trabajo no arbitrados y artículos sin resumen disponible.
Para fortalecer el análisis de los mecanismos de transmisión intergeneracional de la pobreza, se revisaron estudios que aplican modelos econométricos Probit y técnicas de descomposición de desigualdad de oportunidades. Estos modelos permiten estimar la probabilidad de que un individuo permanezca en situación de pobreza dados los atributos de su hogar de origen. Por ejemplo, Quiroga Alanes (2025) aplicó un modelo Probit sobre microdatos de encuestas de hogares en Bolivia (1999–2021), demostrando que variables estructurales como la educación de los padres y el empleo informal determinan significativamente la transmisión intergeneracional de la pobreza.
Siguiendo las recomendaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (Ortiz, 2026), se incorporó una revisión de estudios con enfoque geoespacial para analizar la segregación territorial y su impacto en la movilidad social. Esta técnica permite georreferenciar la localización de escuelas, estudiantes y servicios, identificando patrones de concentración de oportunidades y barreras de acceso que no son visibles mediante indicadores agregados nacionales.
Fuentes complementarias
Se incluyeron los siguientes informes y bases de datos:
• Panorama Social de América Latina y el Caribe 2025 (CEPAL, 2025)
• Panorama Laboral 2025 (OIT, 2025)
• Movilidad social y desigualdad en América Latina y el Caribe (OCDE, 2025)
• El estado de la educación en América Latina y el Caribe 2026 (Ortiz, 2026)
• Perspectivas económicas de América Latina 2025 (OCDE, 2026)
Estrategia de síntesis
El análisis temático se complementó con una triangulación metodológica, contrastando hallazgos cualitativos de estudios de caso con estimaciones cuantitativas regionales. Esto permitió identificar convergencias y discrepancias entre los patrones macroestructurales y las experiencias locales de exclusión, fortaleciendo la validez interna de los resultados.
Resultados y discusión
Los resultados del análisis de la literatura reciente permiten observar con claridad la estrecha relación entre desigualdad, movilidad social y exclusión en América Latina. En primer lugar, Torche (2020) evidencia que la región presenta una de las menores tasas de movilidad intergeneracional a nivel global, debido a la persistencia de desigualdades estructurales en educación y mercado laboral. Su estudio, basado en datos comparativos de 18 países, demuestra que el origen socioeconómico sigue siendo un determinante clave del destino social, con una elasticidad intergeneracional del ingreso que oscila entre 0,5 y 0,7, muy por encima de los valores de Europa Occidental (0,2 a 0,3).
Complementariamente, Brunori et al. (2024) encuentran que en nueve países latinoamericanos más de la mitad de la desigualdad actual es heredada del pasado —con un rango de 44% a 63%—, lo que confirma la persistencia de estructuras que reproducen inequidades. Corak (2013, 2020) actualiza la denominada “curva de Great Gatsby”, mostrando que sociedades con mayor desigualdad presentan menor movilidad social, hallazgo replicado en estudios comparativos recientes para Brasil, México y Chile (Corak, 2020). A ello se suma la evidencia de la CEPAL (2022), que señala que la pandemia de COVID-19 exacerbó las brechas sociales, incrementando la pobreza (del 30,5% en 2019 al 33,7% en 2021) y la informalidad laboral (superior al 50% en la mayoría de los países), factores que reducen aún más las oportunidades de movilidad.
En el ámbito educativo, Hanushek y Woessmann (2020) demuestran que las desigualdades en la calidad educativa tienen efectos directos en la movilidad social, reforzando la transmisión intergeneracional de desventajas. Sus análisis con datos de pruebas PISA muestran que la brecha en rendimiento entre estudiantes de alto y bajo nivel socioeconómico en América Latina es dos veces mayor que en los países de la OCDE. Desde una perspectiva más amplia, Sen (2000; 2021) plantea que la exclusión social debe analizarse desde el enfoque de capacidades, donde la falta de oportunidades reales limita la libertad de los individuos para mejorar su bienestar, enfoque que ha sido retomado por organismos multilaterales para diseñar indicadores multidimensionales de pobreza.
Asimismo, estudios recientes en contextos urbanos (OCDE, 2018, 2023) han demostrado que la segregación espacial reduce significativamente la movilidad social, al concentrar pobreza y limitar el acceso a servicios de calidad. Ejemplos en ciudades como São Paulo, Bogotá y Ciudad de México muestran cómo la distancia geográfica entre barrios pobres y zonas con empleo formal constituye una barrera estructural. En la misma línea, Quiroga Alanes (2025) aplicó un modelo Probit sobre microdatos de hogares en Bolivia (1999-2021), demostrando que variables como la educación de los padres y el empleo informal determinan significativamente la transmisión intergeneracional de la pobreza. En conjunto, estos hallazgos confirman que la movilidad social en América Latina está condicionada por factores estructurales persistentes, lo que refuerza la necesidad de enfoques integrales que aborden simultáneamente desigualdad, exclusión y calidad educativa para romper la “trampa de alta desigualdad, baja movilidad social y débil cohesión social” señalada por la CEPAL (2025).
La movilidad social se define como el cambio en la posición socioeconómica de los individuos o grupos a lo largo del tiempo, ya sea intrageneracional (a lo largo de la vida) o intergeneracional (entre padres e hijos). Desde la perspectiva estructural, esta movilidad está condicionada por la distribución desigual de recursos (Breen & Jonsson, 2005). La evidencia empírica reciente confirma que altos niveles de desigualdad reducen la movilidad, consolidando sistemas sociales cerrados (Corak, 2013). Este fenómeno se explica mediante la teoría de la reproducción social, donde las ventajas acumuladas se transmiten de generación en generación. En este sentido, la OCDE (2025) subraya que, a pesar de los avances en la reducción de la pobreza, América Latina y el Caribe siguen siendo la región más desigual del mundo: en 2024, el 10% de los que más ganan en la región percibían 12 veces más que el 10% más pobre, mientras que en los países de la OCDE esa brecha era de solo 4 veces.
La exclusión social implica la imposibilidad de participar plenamente en la sociedad, ya sea en los ámbitos económico, social, político o cultural. No se limita a la pobreza, sino que incluye dimensiones como el acceso a educación de calidad, empleo formal, salud, vivienda adecuada, redes sociales y participación ciudadana (Atkinson, 2019). En América Latina, la exclusión adquiere características particulares debido a la persistencia de dualismos estructurales (sector formal/informal, urbano/rural, étnico/racial). La CEPAL (2025) destaca que superar la desigualdad implica enfrentar de forma integral las debilidades de los sistemas educativos y fortalecer el papel de la educación en la movilidad social intergeneracional.
Reproducción de desigualdades desde la teoría de los capitales
Desde la teoría de Bourdieu (1986), la reproducción social se explica a través del capital económico (ingresos, patrimonio), cultural (conocimientos, títulos educativos, habilidades) y social (redes de contactos, pertenencia a grupos). Estos capitales no se distribuyen equitativamente y se transmiten de padres a hijos, limitando la movilidad. En contextos de alta desigualdad, los individuos de origen desfavorecido carecen no solo de recursos materiales, sino también de las redes y disposiciones culturales necesarias para acceder a oportunidades.
Sen (2000) propone que la exclusión social debe entenderse como una privación de capacidades básicas (como estar sano, educado, participar en la comunidad). Desde esta óptica, la baja movilidad social no es solo un resultado económico, sino una falla en la expansión de las libertades sustantivas de las personas. Este marco teórico ha sido fundamental para diseñar políticas de inclusión que van más allá de la transferencia monetaria.
A partir del análisis temático de la literatura seleccionada y la triangulación metodológica, se identificaron cinco ejes estructurales que limitan la movilidad social y perpetúan la exclusión en poblaciones vulnerables de América Latina.
La concentración de ingresos limita las oportunidades de movilidad ascendente. Corak (2013, 2020) demuestra que el coeficiente de Gini en América Latina (promedio de 0,46 en 2021, según CEPAL, 2022) se correlaciona negativamente con la elasticidad intergeneracional del ingreso. Esto significa que un hijo de padres de bajos ingresos tiene altas probabilidades de permanecer en el mismo estrato. Por ejemplo, en Brasil, el 60% de los hijos de padres en el quintil más pobre se mantienen en ese quintil (Torche, 2020).
La evidencia actualizada confirma que América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo. Según la CEPAL (2025), el 10% más rico capta el 34,2% del ingreso total, mientras que el 10% más pobre apenas recibe el 1,7%. Aunque la pobreza por ingresos descendió al 25,5% en 2024 —su nivel más bajo histórico—, el 32% de los latinoamericanos sigue siendo vulnerable a caer nuevamente en pobreza (Banco Mundial, 2025, citado en Naciones Unidas, 2025). El coeficiente de Gini regional, situado en 49,1 en 2024, sigue superando ampliamente el umbral de “alta desigualdad” establecido por el Banco Mundial.
Las brechas en calidad educativa afectan las trayectorias sociales. Hanushek y Woessmann (2020) muestran que la diferencia en puntajes PISA entre estudiantes del cuartil socioeconómico más alto y más bajo en América Latina equivale a más de tres años de escolaridad. Además, la inversión por alumno en zonas rurales e indígenas es significativamente menor que en zonas urbanas, lo que profundiza la segmentación. La interrupción educativa durante la pandemia (CEPAL, 2022) agravó estas diferencias.
La OCDE (2025) reporta que, aunque la cobertura primaria alcanza el 97,1%, persisten brechas críticas en niveles superiores: el 35% de los jóvenes no ha completado la educación secundaria antes de los 23 años, y la tasa bruta de finalización de la educación terciaria es de solo el 25,1%, 15 puntos porcentuales por debajo del promedio de la OCDE. Los resultados de PISA 2022 revelan que tres de cada cuatro estudiantes de la región tienen un desempeño insuficiente en matemáticas. Más alarmante aún: los puntajes promedio de los estudiantes con ventajas socioeconómicas (25% superior) en América Latina son, en promedio, más bajos que los puntajes de los estudiantes con desventajas socioeconómicas (25% inferior) en los países de la OCDE (OCDE, 2025).
El análisis geoespacial del BID (Ortiz, 2026) añade una dimensión territorial: las desigualdades educativas se profundizan a medida que se avanza en el sistema educativo, con variaciones internas significativas entre zonas urbanas y rurales, así como entre regiones dentro de un mismo país. La localización de escuelas y la distancia geográfica a servicios educativos de calidad actúan como barreras estructurales que perpetúan la segmentación.
La alta informalidad laboral (superior al 50% en países como Bolivia, Perú, Ecuador y México) reduce la movilidad social al impedir la acumulación de capital humano, el acceso a protección social y la formación de redes profesionales (CEPAL, 2022). Los trabajadores informales tienen casi nula probabilidad de ascender a posiciones directivas o técnicas calificadas. Este fenómeno afecta desproporcionadamente a mujeres, jóvenes y poblaciones afrodescendientes e indígenas.
La OIT (2025) señala que la informalidad laboral afecta a casi una de cada dos personas en América Latina y el Caribe, con un promedio regional del 48% al 51,1%. Este fenómeno no solo limita la movilidad social, sino que también fragmenta los sistemas de protección social, impidiendo la acumulación de derechos y la estabilidad laboral. La OCDE (2026) destaca que la informalidad generalizada está profundamente arraigada en los modelos productivos de la región, vinculada a baja productividad, dependencia de recursos no renovables y alta prevalencia de empleos de baja calificación.
La segregación residencial concentra la pobreza en territorios con déficit de servicios públicos, transporte eficiente y oferta educativa de calidad. Según la OCDE (2018, 2023), la movilidad social se reduce hasta un 30% en áreas metropolitanas altamente segregadas, como la Zona Metropolitana del Valle de México o la Región Metropolitana de São Paulo. El tiempo de desplazamiento al trabajo (promedio de 2 horas diarias en sectores populares) actúa como un impuesto al tiempo disponible para el estudio y el cuidado familiar coincidiendo con lo planteado por Espejo (2022).
La segregación residencial en América Latina adopta dos formas extremas: por un lado, la falta de suelo asequible para hogares de bajos ingresos; por otro, la proliferación de guetos y barrios de vivienda social que consolidan una “cultura oposicional” y perpetúan el aislamiento social (Lincoln Institute of Land Policy, 2025). La Organización de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (2018) advierte que la zonificación urbana en la región no favorece la productividad ni la resiliencia climática, generando exclusión y fragmentación socioespacial.
Un quinto eje estructural emergente es la fragmentación de las instituciones sociales y la débil cohesión social. La CEPAL (2025) caracteriza la situación regional como una “trampa de alta desigualdad, baja movilidad social y débil cohesión social”, donde interactúan múltiples factores que frenan el progreso. En un evento paralelo de abril de 2026, la CEPAL identificó tres pilares fundamentales de la cohesión social —brechas, institucionalidad y sentido de pertenencia—, destacando que la desconfianza interpersonal e institucional, junto con la creciente polarización, erosionan las bases para la acción colectiva y la movilidad ascendente (CEPAL, 2026). Las limitadas capacidades técnicas, operativas, políticas y prospectivas (TOPP) de las instituciones debilitan la implementación efectiva de políticas para reducir la desigualdad (CEPAL, 2025).
Los hallazgos confirman que la movilidad social en América Latina está estructuralmente limitada por la confluencia de desigualdades económicas, educativas, laborales, territoriales e institucionales. En línea con Sen (2000, 2021), la falta de capacidades básicas restringe el desarrollo humano y la libertad sustantiva de las personas. La exclusión social no es un efecto marginal del mercado, sino un producto histórico de la persistencia de élites económicas y de la debilidad de los Estados redistributivos.
A diferencia de enfoques que atribuyen la baja movilidad a decisiones individuales (capital humano, esfuerzo), la evidencia revisada respalda una interpretación estructural: los orígenes sociales determinan en gran medida los destinos. Esto no implica determinismo absoluto, pero sí que la agencia individual se ejerce dentro de estrechos márgenes institucionales (Breen & Jonsson, 2005).
La evidencia revisada sugiere que las políticas focalizadas (como las transferencias condicionadas) son necesarias pero insuficientes. La CEPAL (2025) aboga por reformas estructurales integrales que aborden simultáneamente: (a) el fortalecimiento de los sistemas educativos, con énfasis en calidad y equidad territorial; (b) la formalización del empleo y la articulación de políticas de desarrollo productivo; (c) la institucionalidad social y los sistemas de cuidado; y (d) la igualdad de género y el respeto de los derechos de pueblos indígenas, migrantes y personas con discapacidad.
La OCDE (2025) añade que no solo es necesario aumentar el gasto social (actualmente 3,8% del PIB en educación frente al 5% de la OCDE), sino asegurar una asignación más eficiente, estratégica y equitativa de los recursos. La movilidad social ascendente puede lograrse mediante una combinación de mayor inversión y mejor focalización.
El enfoque de cohesión social propuesto por la CEPAL (2026) sugiere que las políticas deben apuntar simultáneamente a la inclusión, al reconocimiento y a la participación significativa de los distintos grupos de población. Esto implica no solo reducir brechas materiales, sino también fortalecer el sentido de pertenencia y la confianza institucional, elementos que actualmente se encuentran debilitados en la región.
Limitaciones y futuras líneas de investigación
Este estudio se basa en fuentes de alto valor aunque no incluye análisis cuantitativos originales. Futuras investigaciones deberían:
• Desarrollar modelos multinivel que controlen por variables contextuales (país, región, etnia, género) y estimar tasas de movilidad absoluta y relativa para subgrupos poblacionales.
• Incorporar enfoques geoespaciales para identificar patrones de segregación y acceso a oportunidades a nivel subnacional.
• Evaluar el impacto de programas integrales de inclusión mediante diseños cuasiexperimentales.
CONCLUSIONES
Las conclusiones de este estudio permiten afirmar que la exclusión social en América Latina constituye un fenómeno estructural y persistente, que no desaparece con el mero crecimiento económico si no se modifican las reglas de distribución y acceso a oportunidades. La movilidad social en poblaciones vulnerables se mantiene limitada y, cuando ocurre, suele ser de corto alcance, con ascensos dentro del mismo estrato de ingresos bajos, mientras que la movilidad hacia estratos medios-altos o altos es excepcional. Además, la desigualdad se reproduce intergeneracionalmente a través de mecanismos articulados como la educación segmentada, la herencia ocupacional, la segregación residencial y la fragmentación institucional, lo que evidencia la necesidad de políticas públicas integrales y coordinadas entre sectores.
En este sentido, se requieren políticas basadas en la equidad y no únicamente en la igualdad formal de oportunidades, lo que implica la implementación de acciones afirmativas, presupuestos sensibles a la niñez y reformas fiscales progresivas. Este artículo aporta una síntesis actualizada de la evidencia sobre movilidad y exclusión en la región, ofreciendo un marco para el diseño de intervenciones transformadoras. La agenda pendiente incluye el monitoreo de indicadores de movilidad con desagregación étnica, de género y territorial, así como la evaluación del impacto de programas integrales de inclusión, con el fin de avanzar hacia sociedades más cohesionadas y con mayores posibilidades de movilidad ascendente.
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La autora trabajó en la Conceptualización, investigación, metodología, Redacción – revisión y edición.
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