e-issn 2227-6513 santiago, 168, 2026

Artículo de Investigación

La figura de Antonio Maceo en la filatelia cubana (1855-2018): memoria histórica, identidad nacional y patrimonio cultural

The figure of Antonio Maceo in cuban philately (1855-2018): historical memory, national identity and cultural heritage

A figura de Antonio Maceo na filatelia cubana (1855-2018): memória histórica, identidade nacional e patrimônio cultural

Carmen Montalvo Suárez, http://orcid.org/0000-0002-8177-693X

Centro de Estudios Antonio Maceo Grajales, Santiago de Cuba, Cuba

Autor para correspondencia: carmenms1907@gmail.com

RESUMEN

La filatelia constituye una fuente documental de inestimable valor para el estudio de la memoria histórica y la construcción de identidades nacionales. El presente artículo analiza la evolución de la representación de Antonio Maceo Grajales (1845-1896) en las emisiones postales cubanas desde 1855 hasta 2018, con el objetivo de comprender cómo el sello postal ha funcionado como vehículo de transmisión patrimonial y como instrumento de configuración simbólica del héroe independentista. A partir de un enfoque cualitativo y un método de análisis iconográfico, se examinó un corpus de 32 emisiones postales y cancelaciones conmemorativas vinculadas directa o indirectamente a la figura de Maceo. Los resultados revelan tres grandes etapas en la representación filatélica del héroe: una primera fase de construcción simbólica (1907-1958), una segunda de resignificación revolucionaria (1959-1989) y una tercera de consolidación patrimonial (1990-2018). Se concluye que la filatelia cubana ha desempeñado un papel activo en la perpetuación del ideario maceísta, adaptando sus representaciones a los contextos políticos y estéticos de cada período sin desvirtuar el núcleo simbólico del héroe. Este estudio contribuye a la valoración de los sellos postales como documentos históricos y bienes integrantes del patrimonio cultural inmaterial de la nación.

Palabras clave: Filatelia cubana, Antonio Maceo, memoria histórica, identidad nacional, patrimonio cultural, sello postal, análisis iconográfico.

Abstract

Philately constitutes a documentary source of inestimable value for the study of historical memory and the construction of national identities. This article analyzes the evolution of the representation of Antonio Maceo Grajales (1845-1896) in Cuban postal issues from 1855 to 2018, aiming to understand how the postage stamp has functioned as a vehicle of heritage transmission and as an instrument of symbolic configuration of the independence hero. Based on a qualitative approach and an iconographic analysis method, a corpus of 32 postal issues and commemorative cancellations linked directly or indirectly to the figure of Maceo was examined. The results reveal three major stages in the philatelic representation of the hero: a first phase of symbolic construction (1907-1958), a second of revolutionary resignification (1959-1989), and a third of heritage consolidation (1990-2018). It is concluded that Cuban philately has played an active role in perpetuating Maceo's ideology, adapting its representations to the political and aesthetic contexts of each period without distorting the symbolic core of the hero. This study contributes to the appreciation of postage stamps as historical documents and assets that are part of the nation's intangible cultural heritage.

Keywords: Cuban philately, Antonio Maceo, historical memory, national identity, cultural heritage, postage stamp, iconographic analysis.

Resumo

A filatelia constitui uma fonte documental de inestimável valor para o estudo da memória histórica e a construção de identidades nacionais. O presente artigo analisa a evolução da representação de Antonio Maceo Grajales (1845-1896) nas emissões postais cubanas de 1855 até 2018, com o objetivo de compreender como o selo postal funcionou como veículo de transmissão patrimonial e como instrumento de configuração simbólica do herói independentista. A partir de uma abordagem qualitativa e de um método de análise iconográfica, examinou-se um corpus de 32 emissões postais e cancelamentos comemorativos vinculados direta ou indiretamente à figura de Maceo. Os resultados revelam três grandes etapas na representação filatélica do herói: uma primeira fase de construção simbólica (1907-1958), uma segunda de ressignificação revolucionária (1959-1989) e uma terceira de consolidação patrimonial (1990-2018). Conclui-se que a filatelia cubana desempenhou um papel ativo na perpetuação do ideário maceísta, adaptando suas representações aos contextos políticos e estéticos de cada período sem desvirtuar o núcleo simbólico do herói. Este estudo contribui para a valorização dos selos postais como documentos históricos e bens integrantes do patrimônio cultural imaterial da nação.

Palavras-chave: Filatelia cubana, Antonio Maceo, memória histórica, identidade nacional, patrimônio cultural, selo postal, análise iconográfica.

Recibido: 25/4/2025 Aprobado: 9/5/2026

Introducción

El sello postal, objeto concebido originalmente como comprobante del pago del servicio de correos, ha trascendido ampliamente su función administrativa para erigirse en un soporte de comunicación visual con profundas implicaciones culturales, políticas e identitarias. Desde la emisión del primer sello postal en el mundo —el célebre Penny Black británico de 1840—, las administraciones postales comprendieron el potencial simbólico de estos pequeños rectángulos dentados, capaces de circular masivamente y de proyectar, dentro y fuera de las fronteras nacionales, una determinada imagen del país emisor (Altman, 1991; Scott Publishing Co, 2005). En el caso cubano, esa capacidad comunicativa ha sido aprovechada de manera particularmente intensa, dando lugar a un rico acervo filatélico que constituye, en sí mismo, un archivo visual de la historia nacional.

Dentro de ese universo iconográfico, la figura de Antonio Maceo Grajales (1845-1896) ocupa un lugar preeminente. Conocido como el "Titán de Bronce", Maceo encarna los valores de la independencia, la dignidad y la resistencia frente al colonialismo español, y su imagen ha sido reproducida en múltiples soportes —monumentos, billetes, pinturas, textos escolares— como parte del panteón cívico cubano. Sin embargo, el estudio sistemático de su presencia en la filatelia nacional ha recibido una atención limitada por parte de la historiografía y de los estudios culturales, pese a que los sellos postales ofrecen una perspectiva privilegiada para analizar los procesos de construcción y transmisión de la memoria histórica (Child, 2008; Reid, 1993).

La problemática que motiva esta investigación radica precisamente en esa laguna de conocimiento: aunque existen catálogos especializados y estudios descriptivos sobre emisiones postales cubanas —como los trabajos de Guerra Aguiar (1973) y los catálogos de la Empresa de Correos de Cuba- no se dispone de un análisis académico integral que articule la evolución de la representación filatélica de Maceo con los contextos históricos, políticos y estéticos que han condicionado sus sucesivas apariciones en los sellos. Tampoco se ha explorado en profundidad la función que estas emisiones han desempeñado en la configuración del héroe como símbolo de la identidad nacional, ni su valor como bienes integrantes del patrimonio cultural cubano.

En función de lo expuesto, la presente investigación se plantea las siguientes preguntas: ¿cómo ha evolucionado la representación de Antonio Maceo en las emisiones postales cubanas entre 1855 y 2018? ¿Qué factores históricos, políticos y estéticos han incidido en las transformaciones de esa representación? ¿De qué manera la filatelia ha contribuido a la construcción de Maceo como símbolo de la identidad nacional y a la preservación de la memoria histórica? ¿Cuál es el valor patrimonial de estas emisiones en el contexto cultural cubano contemporáneo?

Para responder a estas interrogantes, el estudio persigue el objetivo de analizar la evolución de la representación de Antonio Maceo en la filatelia cubana, evaluando su contribución a la memoria histórica, la identidad nacional y el patrimonio cultural del país. La relevancia de esta investigación se sustenta en tres dimensiones. En primer lugar, desde el punto de vista teórico, el trabajo aporta a la intersección entre los estudios filatélicos, la historiografía cultural y la semiótica visual, campos que han dialogado escasamente en el ámbito académico cubano. En segundo lugar, desde una perspectiva patrimonial, el estudio contribuye a la valoración de los sellos postales no solo como objetos de colección, sino como documentos históricos y bienes culturales que condensan narrativas de nación. En tercer lugar, desde el ángulo pedagógico y divulgativo, los resultados pueden servir de base para futuras exposiciones museográficas, materiales educativos y estrategias de comunicación del patrimonio postal cubano.

El trabajo sostiene que la representación filatélica de Antonio Maceo ha transitado desde una función primordialmente conmemorativa y de exaltación patriótica —propia de los períodos republicano y revolucionario temprano— hacia una función de consolidación patrimonial, en la que el sello postal se convierte en un instrumento de preservación y transmisión de la memoria histórica para las nuevas generaciones, en diálogo con las tendencias internacionales de la filatelia temática y el coleccionismo cultural.

Metodología

La presente investigación se inscribe en el paradigma cualitativo, en tanto persigue comprender e interpretar los significados culturales, históricos y simbólicos que portan las emisiones postales dedicadas a Antonio Maceo, más que cuantificar o medir variables objetivas (Denzin & Lincoln, 2012). Se trata de un estudio de carácter descriptivo-analítico, con una dimensión diacrónica que abarca desde los antecedentes prefilatélicos en la Cuba colonial hasta el año 2018, lo que permite identificar transformaciones, continuidades y rupturas en la representación del héroe a lo largo de más de un siglo.

El diseño de investigación combina el análisis documental con el análisis iconográfico, y se apoya en fuentes primarias —los propios sellos postales y materiales filatélicos asociados— así como en fuentes secundarias, entre las que se cuentan catálogos especializados, decretos de emisión, literatura histórica sobre el correo cubano y estudios previos sobre filatelia nacional e internacional.

El corpus de la investigación está constituido por la totalidad de las emisiones postales cubanas que, de manera directa o indirecta, contienen la imagen de Antonio Maceo o aluden a su figura, desde la primera aparición del héroe en un sello en 1907 hasta el año 2018. Se incluyen en este corpus no solo los sellos postales propiamente dichos (tanto de correo ordinario como aéreo), sino también las hojitas filatélicas, los sobres de primer día y las cancelaciones conmemorativas, cuando estas aportan información relevante para el análisis iconográfico.

Se empleó el método de análisis iconográfico, en la tradición que va desde los estudios pioneros de Panofsky (1939) hasta las adaptaciones contemporáneas de Kress y van Leeuwen (2006) para el análisis de la imagen en contextos comunicativos. El procedimiento se desarrolló en cuatro fases. En la primera fase, se procedió a la localización y recopilación de las emisiones a través de catálogos especializados (Empresa de Correos de Cuba, 2005; Guerra Aguiar, 1973; Scott Publishing Co., 2005) y otras. En la segunda fase, se realizó la descripción catalográfica de cada pieza, registrando sus características técnicas y contextuales en una ficha normalizada. En la tercera fase, se aplicó el análisis iconográfico a cada emisión, descomponiéndola en sus niveles preiconográfico, iconográfico e iconológico. En la cuarta fase, se procedió a la periodización de los resultados, identificando etapas diferenciadas en la representación filatélica de Maceo y elaborando la discusión interpretativa que se presenta en este artículo.

Es necesario señalar dos limitaciones del estudio. En primer lugar, el acceso a los archivos institucionales de Correos de Cuba es restringido, por lo que los datos relativos a cantidades emitidas, diseñadores y procesos de aprobación de los diseños proceden fundamentalmente de fuentes secundarias, cuya precisión no siempre puede ser contrastada. En segundo lugar, el análisis iconográfico, por su naturaleza cualitativa, comporta un margen de interpretación subjetiva que se ha procurado minimizar mediante la triangulación con fuentes documentales y la revisión de la literatura histórica sobre cada período.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Para comprender cabalmente la evolución de la representación filatélica de Antonio Maceo, resulta imprescindible situarla en el devenir del correo y la filatelia en Cuba. Esta sección ofrece una síntesis de dicho devenir, desde los orígenes del sistema postal en la Isla hasta el período revolucionario, con especial atención a aquellos hitos que enmarcan o prefiguran las emisiones dedicadas al héroe.

La historia del correo en Cuba se remonta a 1755, año en que se estableció el primer sistema de correos oficial bajo la administración colonial española. Este servicio, que cubría la ruta entre La Habana y Santiago de Cuba con escalas en diversas provincias, empleó inicialmente coches, caballos e incluso mensajeros a pie para el traslado de la correspondencia (Guerra Aguiar, 1973). Con el tiempo, la introducción del telégrafo, el ferrocarril, el correo naval y, posteriormente, el correo aéreo, fueron modernizando y diversificando las vías de comunicación postal.

Durante esta etapa, conocida como prefilatélica, las marcas postales —cuños, canceladores y anotaciones manuscritas— constituían los únicos elementos identificativos del origen, tránsito y recepción de la correspondencia, así como del porteo correspondiente. Estas marcas, que hoy constituyen un valioso objeto de estudio para los historiadores postales, anteceden a la aparición del sello como comprobante de franqueo.

El 24 de abril de 1855 marca un parteaguas en esta historia: ese día comenzaron a circular en Cuba los primeros sellos postales, emitidos por España para uso común en Cuba y Puerto Rico. Estas estampillas, que carecían de dentado, fueron impresas en papel azulado con filigrana de lazos y sus valores faciales estaban expresados en reales de plata fuerte. Sin embargo, la serie que la filatelia cubana reconoce como la primera genuinamente propia es la reimpresión del 13 de septiembre de ese mismo año: la serie de Isabel II, elaborada en papel de fabricación manual y con colores diferentes a la emisión anterior, destinada exclusivamente a la Isla. Esta serie conoció sucesivas reimpresiones en las que variaron colores, valores faciales, tipo de impresión y otras características técnicas, sentando las bases de una tradición filatélica que no ha cesado de enriquecerse hasta nuestros días.

Al calor de la guerra iniciada el 10 de octubre de 1868 en el oriente cubano, surgió una de las experiencias más singulares de la historia postal latinoamericana: el correo insurrecto, también conocido como correo mambí. La necesidad de mantener comunicaciones fluidas entre las fuerzas independentistas obligó a organizar un sistema de mensajeros a pie o a caballo —los postillones— que transportaban las orientaciones del mando militar a las unidades subordinadas, operando en condiciones de extrema precariedad y bajo constante amenaza enemiga (Fernández Pequeño, 1997; Guerra Aguiar, 1973).

Poco después del alzamiento, el camagüeyano Vicente Mora Pera recibió el encargo de organizar el traslado de la correspondencia al interior de la Isla. No obstante, hubo que esperar hasta 1874 para que este correo contara con su primera estampilla, emitida por el Gobierno de la República en Armas con un valor facial de 10 centavos, un dentado de 12 por 12 y una tirada de 100 000 ejemplares, impresa según los parámetros de la Continental Bank Note Company. Este sello cumplió una triple función: franquear la correspondencia, servir como medio de propaganda de la causa independentista y recaudar fondos para la adquisición de municiones.

Las condiciones de seguridad y secreto en que operaba el correo mambí explican la escasez de evidencia sobre el empleo efectivo de estos sellos. Las cartas eran sistemáticamente destruidas tras su lectura para evitar que cayeran en manos enemigas, y la documentación conservada es fragmentaria. No obstante, los ejemplares que han llegado hasta nosotros constituyen piezas de altísimo valor filatélico y simbólico.

El 11 de marzo de 1896, en plena Guerra de Independencia, el correo mambí puso en circulación una segunda serie, compuesta por cuatro valores faciales. A diferencia de la emisión de 1874, esta se caracterizó por el grabado en acero y un dentado de 14 por 14. Al término de la contienda, los sellos restantes, almacenados en la Tesorería General de la República, fueron entregados al Consejo Nacional de Veteranos. Ambas emisiones del correo insurrecto representan, hoy, testimonios excepcionales de la capacidad organizativa del independentismo cubano y de la función simbólica que el sello postal adquirió desde sus orígenes en el país.

Con el advenimiento de la República, la filatelia cubana experimentó un notable impulso. A partir de 1905, año en que se emite el primer sello de la Cuba republicana, las administraciones postales comprendieron el valor del sello como instrumento de afirmación nacional y como medio de proyección internacional.

La primera aparición de Antonio Maceo en un sello postal cubano se produce el 1 de febrero de 1907, apenas cinco años después del establecimiento de la República y once años después de su caída en combate combate (Cairo, 2005). Este sello, emitido para correo ordinario con un valor facial de 50 centavos, presenta la efigie del general en colores gris y negro, impresa mediante la técnica de estampado y troquelado. En términos iconográficos, la imagen se inscribe en la tradición del retrato de prócer que dominará buena parte de la filatelia conmemorativa de la primera mitad del siglo XX: un busto de perfil o semiperfil, enmarcado en una orla, con el nombre del patriota y el valor facial como únicos elementos textuales.

Figura 1. Primera aparición de Antonio Maceo en un sello postal cubano el 1 de febrero de 1907

Fuente: Archivo de la autora (2026)

Durante la etapa republicana, las emisiones conmemorativas se multiplicaron, honrando a los patriotas de las gestas independentistas y recordando los eventos fundacionales de la nación. Series como Patriotas Cubanos (1910, con reediciones en 1917, 1954, 1961 y 1964), Invasión de Oriente a Occidente (1933) o las emisiones dedicadas al centenario del natalicio de Maceo (1948) y al cincuentenario del inicio de la Guerra de 1895 dan cuenta de la centralidad que la figura del "Titán de Bronce" y de sus compañeros de armas adquirió en la iconografía postal del período.

El triunfo de la Revolución Cubana en 1959 abrió una nueva etapa para la filatelia nacional. El 28 de enero de ese mismo año se emitió el primer sello del nuevo gobierno, conocido popularmente como "el soldado rebelde", y a partir de entonces la producción filatélica se intensificó y diversificó, incorporando temáticas sociales, deportivas, científicas y culturales, sin abandonar la veta histórica y patriótica.

En lo que respecta a la figura de Maceo, el período revolucionario se caracteriza por una resignificación de su imagen a la luz del ideario socialista y antiimperialista, así como por una sostenida política de emisiones conmemorativas que no solo honran al héroe en sus fechas canónicas (natalicio, muerte, Protesta de Baraguá), sino que lo vinculan con acontecimientos y organizaciones del presente (congresos del Partido Comunista de Cuba, aniversarios de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, relaciones diplomáticas con otros países). Esta actualización constante del legado maceísta, que la filatelia expresa con claridad, constituye uno de los ejes del análisis que se desarrolla en los apartados siguientes.

El análisis del corpus de 32 emisiones postales permite identificar tres grandes etapas en la representación filatélica de Antonio Maceo, las cuales se corresponden, a grandes rasgos, con los períodos históricos descritos en la sección anterior, aunque con solapamientos y matices que se señalan oportunamente. Estas etapas son: a) construcción simbólica del héroe (1907-1958); b) resignificación revolucionaria (1959-1989); y c) consolidación patrimonial (1990-2018).

La primera aparición de Antonio Maceo en un sello postal cubano se produce el 1 de febrero de 1907, apenas cinco años después del establecimiento de la República y once años después de su muerte en combate. Este sello, emitido para correo ordinario con un valor facial de 50 centavos, presenta la efigie del general en colores gris y negro, impresa mediante la técnica de estampado y troquelado. En términos iconográficos, la imagen se inscribe en la tradición del retrato de prócer que dominará buena parte de la filatelia conmemorativa de la primera mitad del siglo XX: un busto de perfil o semiperfil, enmarcado en una orla, con el nombre del patriota y el valor facial como únicos elementos textuales.

La serie Patriotas Cubanos, emitida el 1 de febrero de 1910 a solicitud del Consejo Nacional de Veteranos de las Guerras de Independencia, marca un hito en esta etapa. Compuesta por nueve valores faciales, impresa por la American Bank Note Company y con un dentado de 12 por 12, la serie retoma la imagen de Maceo utilizada en 1907, aunque con variaciones cromáticas. La inclusión del héroe en una serie colectiva dedicada a los próceres independentistas revela la voluntad de construir un panteón visual de la nación, en el cual Maceo ocupa ya un lugar destacado junto a otras figuras como Máximo Gómez, Calixto García o Ignacio Agramonte. Desde la perspectiva de la memoria colectiva (Halbwachs, 1950), esta serie puede interpretarse como un acto fundacional de fijación de la galería de héroes que la joven república necesitaba para legitimarse simbólicamente.

La reedición de 1917 introduce una innovación relevante en el diseño: la supresión de la orla y la inserción del busto del patriota en un círculo de color más oscuro, con la leyenda "República de Cuba" y el nombre del patriota bajo la degolladura en forma circular. Este cambio, inspirado en tendencias europeas de la época, denota una creciente atención a la dimensión estética del sello y una voluntad de modernizar la imagen del héroe, adaptándola a los estándares internacionales del diseño filatélico.

La década de 1930 aporta una de las emisiones más significativas de esta etapa. Con motivo del 65 aniversario del inicio de la Guerra de Independencia, Correos de Cuba pone en circulación, el 20 de mayo de 1933, una serie diseñada por Julio Díaz Horta, impresa en acero y compuesta por cinco estampillas. La pieza de tres centavos, en color castaño oscuro, reproduce los célebres Mangos de Baraguá, escenario de la histórica protesta de Maceo contra el Pacto del Zanjón en 1878. Esta emisión reviste un interés particular, pues por primera vez no se representa directamente al héroe, sino un lugar emblemático asociado a su gesta. La elección de Baraguá como motivo iconográfico evidencia la progresiva mitificación del episodio como momento fundacional de la intransigencia patriótica cubana. Las dos variedades de impresión descritas en los catálogos especializados —la presencia de solo dos palmas reales en lugar de cuatro, y la rotura en la esquina del techo de la casa visible en el paisaje— añaden un valor añadido para el coleccionista y el estudioso.

El año 1948 constituye un punto culminante de esta primera etapa, al conmemorarse el centenario del natalicio de Maceo. La convocatoria nacional de concursos artísticos en diversas manifestaciones —literatura, escultura, pintura— demuestra la centralidad del héroe en la vida cultural cubana. Correos de Cuba no se mantuvo al margen y emitió, el 15 de diciembre, una serie de ocho valores faciales para correo ordinario. Aunque los documentos disponibles no precisan todos los detalles iconográficos de cada valor, la emisión en su conjunto debe entenderse como parte del amplio dispositivo conmemorativo que, en palabras de Jelin (2002), actualiza la memoria del héroe y la pone al servicio de las necesidades simbólicas del presente.

Ese mismo año, el 21 de mayo, se emite un sello aéreo de ocho centavos con motivo del cincuentenario del inicio de la Guerra de 1895. La estampilla, titulada La Mejorana, reproduce la obra homónima del artista plástico Juan Emilio Hernández Giro y alude al encuentro sostenido entre José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo en la finca La Mejorana el 5 de mayo de 1895, para discutir la estructura del gobierno durante la contienda. La tirada, limitada a solo 100 ejemplares, convierte a este sello en una pieza de alto valor filatélico. Desde el punto de vista iconográfico, la inclusión de una obra pictórica —y no de un retrato canónico— inaugura una línea de representación indirecta del héroe que será retomada en etapas posteriores.

En 1954 se produce una nueva reedición de la serie Patriotas Cubanos, con cambios en colores y diseño, incorporando filigrana de estrella y un dentado de 10 por 10. La imagen de Maceo se consolida, así como un elemento recurrente del paisaje filatélico republicano, sometida a un proceso de estandarización que, sin embargo, no excluye variaciones y adaptaciones puntuales.

Un hito temprano de esta resignificación se produce el 24 de abril de 1961, cuando se conmemora el Día del Sello Cubano con una emisión de tres valores diseñados por Cándido Parra. El primer valor (1 centavo) reproduce el sello del correo mambí de 1874; el segundo (2 centavos), el sello de Maceo de 1907; y el tercero (10 centavos), el primer sello emitido por la Revolución el 28 de enero de 1959, conocido como "el soldado rebelde". La yuxtaposición de estas tres imágenes construye un relato visual de continuidad histórica entre la lucha independentista del siglo XIX y la Revolución triunfante en 1959, situando a Maceo como eslabón simbólico entre ambos momentos (Child, 2008).

En 1968, la serie Centenario de la Guerra de Independencia, compuesta por 13 valores, conmemora el inicio de las gestas independentistas. La particularidad técnica de esta emisión —los valores de 1 y 3 centavos fueron impresos en hojas de formato especial con tiras de cinco sellos— evidencia la creciente sofisticación de la producción filatélica cubana.

El 15 de marzo de 1978, con motivo del centenario de la Protesta de Baraguá, se emite un sello conmemorativo que toma como motivo la obra pictórica Antonio Maceo de Armando García Menocal. El diseñador Antonio Medina opta por una composición austera, limitando los elementos textuales al valor facial (13 centavos) y la leyenda "Correos de Cuba". La tirada de 2 012 000 ejemplares —considerablemente superior a las de la etapa republicana— indica la voluntad de alcanzar una difusión masiva.

La emisión del 10 de octubre de 1991, con motivo del IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, merece una atención especial. Diseñada por Carlos Echanagusía, consta de dos valores: uno de cinco centavos con la figura ecuestre de Maceo en la Plaza de la Revolución de Santiago de Cuba y la inscripción "Un eterno Baraguá", y otro de cincuenta centavos con el logotipo del Congreso. La cancelación de esta emisión fue realizada por las máximas autoridades políticas, incluyendo la firma de Fidel Castro. Este acto, que trasciende lo meramente postal, ilustra de manera elocuente cómo la filatelia puede convertirse en un escenario de legitimación política, donde la figura histórica del héroe es invocada para respaldar las decisiones del presente (Brunn, 2011).

A partir de la década de 1990, coincidiendo con el llamado "Período Especial" y la posterior recuperación económica, la representación filatélica de Maceo entra en una nueva fase que hemos denominado de consolidación patrimonial. Las emisiones de esta etapa, sin abandonar la veta conmemorativa, se caracterizan por una creciente diversificación de motivos, un mayor cuidado en el diseño gráfico y una voluntad explícita de vincular la figura del héroe con instituciones, lugares de memoria y efemérides que trascienden el calendario patriótico tradicional.

El 19 de mayo de 1995, el centenario de la caída en combate de José Martí da lugar a una emisión diseñada por Roberto Quintana, compuesta por cinco valores. El sello de 90 centavos reproduce nuevamente la obra La Mejorana, de Hernández Giro, estableciendo un diálogo intertextual con la emisión de 1948 y reafirmando la importancia del encuentro entre Martí, Gómez y Maceo como momento fundacional de la unidad revolucionaria.

El 14 de junio de ese mismo año, el sesquicentenario del natalicio de Maceo se conmemora con un sello diseñado por Roberto Quintana, que combina en primer plano el retrato del héroe, la bandera cubana como fondo y la obra Batalla de Peralejo de Hernández Giro. La composición, más compleja que la de emisiones anteriores, integra elementos iconográficos de distintas procedencias —retrato, símbolo patrio, pintura histórica— en un único espacio visual.

La serie Patriotas Cubanos conoce una nueva reedición en 1996, con diseños de Román Compañy y Roberto Quintana, compuesta por nueve valores. La particularidad de esta edición es que tres valores no se pusieron en circulación en la fecha prevista (enero), sino el 20 de julio, y corresponden a los patriotas Serafín Sánchez, Juan Gualberto Gómez y Quintín Bandera, lo que evidencia la ampliación del panteón filatélico más allá de sus figuras centrales.

El centenario de la caída en combate de Maceo, el 7 de diciembre de 1996, motiva una de las emisiones más ricas de esta etapa: una serie de cinco sellos y cuatro valores, multicolor y con dentado de 10 por 12, que despliega un verdadero programa iconográfico en torno a la muerte del héroe. El sello de 75 centavos reproduce el ideario de Frank y Maceo; el de 65 centavos, la obra pictórica de García Menocal sobre la muerte del héroe; los dos sellos de 15 centavos muestran, respectivamente, el monumento del Cacahual —donde reposan los restos de Maceo y su ayudante Panchito Gómez Toro— y una obra pictórica de Caravia; y el sello de 10 centavos reproduce la obra escultórica de Alberto Lescay en la Plaza de la Revolución de Santiago de Cuba. Esta diversidad de motivos —pintura histórica, escultura monumental, lugares de memoria— revela una estrategia de saturación simbólica que busca abarcar todas las dimensiones del legado maceísta.

El 15 de marzo de 1998, al cumplirse el 120 aniversario de la Protesta de Baraguá, se emite un sello multicolor con diseño de Juan W. Borrego, donde la imagen de Maceo se superpone al monumento erigido en el lugar del histórico episodio. La composición establece así una continuidad visual entre el héroe de carne y hueso y el lugar de memoria que lo conmemora.

El 25 de diciembre de 1998, la serie Centenario de la Guerra de Independencia, compuesta por 10 sellos y una hojita filatélica especial, se ve envuelta en un incidente que ilustra los avatares de la producción postal: detectado un error en la transcripción del texto, las hojitas fueron retiradas de circulación casi de inmediato, aunque once de ellas no pudieron ser recuperadas. La reimpresión corregida, puesta en circulación el 5 de enero de 1999, difiere ligeramente en el color respecto a la edición anterior, creando una variedad que es hoy objeto de interés para los coleccionistas.

Las dos primeras décadas del siglo XXI atestiguan una notable continuidad en la presencia filatélica de Maceo, que se diversifica hacia temáticas como las relaciones internacionales (sello de 2012 conmemorativo de los 20 años de relaciones diplomáticas entre Cuba y Belarús, con la figura ecuestre de Lescay), la vida institucional (sello de 2013 por el XX aniversario de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, con la misma figura ecuestre) y la cooperación postal regional (serie Próceres y Líderes de la UPAEP en 2014, con imágenes de Agramonte, Céspedes, Martí y Maceo).

El 14 de junio de 2016, al cumplirse el 120 aniversario de la caída en combate de los hermanos José y Antonio Maceo, se realiza una cancelación especial con dos sellos alegóricos. Dos años después, en marzo de 2018, la cancelación especial de primer día de la emisión dedicada al 140 aniversario de la Protesta de Baraguá —realizada en el Salón de los Vitrales de la Plaza de la Revolución Antonio Maceo de Santiago de Cuba— cierra el período de estudio con un gesto que condensa el recorrido analizado: un sello de 85 centavos reproduce un dibujo a pluma de Hernández Giro, con elementos añadidos por el diseñador Ricardo Monnar, mientras el caché del sobre muestra la imagen de Maceo y los canceladores ilustran el machete alzado, en una operación semiótica que sintetiza, en un único objeto postal, la imagen del héroe, su gesta y su símbolo más característico.

Los resultados expuestos ponen de manifiesto que la representación filatélica de Antonio Maceo ha experimentado una evolución significativa a lo largo de más de un siglo, evolución que no puede atribuirse únicamente a cambios en las técnicas de impresión o en las modas estéticas, sino que responde a transformaciones profundas en las funciones atribuidas al sello postal como vehículo de memoria, identidad y patrimonio. En esta discusión se interpretan los hallazgos a la luz de las categorías teóricas presentadas, se contrastan con la literatura existente y se señalan las principales implicaciones del estudio.

La primera etapa identificada (1907-1958) revela un proceso de construcción simbólica del héroe que se ajusta a los patrones descritos por Anderson (1993) y Hobsbawm y Ranger (2002) para los nacionalismos del siglo XIX y principios del XX: la joven república cubana necesitaba un panteón de próceres que legitimara su existencia y cohesionara a la población en torno a valores compartidos (Williams & Williams, 1956).

. En este contexto, el sello postal funcionó como un soporte de difusión masiva de la imagen canónica de Maceo, anclada en el retrato de busto y en la retórica visual de la heroicidad militar.

Sin embargo, el análisis ha mostrado que incluso dentro de esta etapa relativamente estable se produjeron variaciones significativas. La introducción de motivos paisajísticos (los Mangos de Baraguá en 1933) u obras pictóricas (La Mejorana en 1948) prefigura una tendencia que se intensificará en etapas posteriores: la sustitución progresiva del retrato del héroe por representaciones indirectas —lugares, monumentos, obras de arte— que presuponen en el espectador un conocimiento previo de la figura histórica y que desplazan el énfasis desde la identificación del personaje hacia la evocación de su legado. Esta evolución, que Kress y van Leeuwen (2006) describirían como un tránsito de la representación narrativa a la conceptual, tiene profundas implicaciones para la función memorial del sello: ya no se trata solo de "mostrar" al héroe, sino de "contar" su historia y de inscribirlo en un paisaje simbólico más amplio.

La segunda etapa (1959-1989) ilustra de manera paradigmática la función política del sello postal que Brunn (2011) ha teorizado para otros contextos nacionales. La Revolución Cubana, necesitada de establecer una genealogía que conectara la lucha contra la dictadura de Batista con las gestas independentistas del siglo XIX, encontró en la figura de Maceo un eslabón ideal. Emisiones como la del Día del Sello Cubano en 1961, con su yuxtaposición del sello mambí de 1874, el sello de Maceo de 1907 y el "soldado rebelde" de 1959, construyen un relato visual de continuidad histórica que es, al mismo tiempo, una operación de legitimación del nuevo orden político (Child, 2008).

La cancelación de la emisión del IV Congreso del Partido Comunista por parte de las máximas autoridades políticas, incluido Fidel Castro, eleva el acto filatélico a la categoría de acontecimiento político. En este gesto se condensa lo que Jelin (2002) denomina "trabajos de la memoria": la figura de Maceo es activamente reapropiada y puesta al servicio de una agenda contemporánea, demostrando que la memoria no es un depósito estático de recuerdos, sino un campo de disputa donde distintos actores compiten por fijar los significados del pasado.

La tercera etapa (1990-2018) presenta rasgos que merecen una reflexión particular. Por un lado, se observa una intensificación de la producción filatélica dedicada a Maceo, con series que despliegan programas iconográficos cada vez más complejos. Por otro lado, la diversificación de los motivos —monumentos, obras pictóricas y escultóricas, lugares de memoria— sugiere un desplazamiento desde la función político-propagandística hacia lo que hemos denominado función patrimonial.

La emisión del 50 aniversario del Museo Postal en 2015, con su reproducción de la piedra litográfica del sello de Maceo de 1907, constituye un ejemplo particularmente revelador de lo que podríamos llamar metacomentario filatélico: el sello se convierte en objeto de su propia representación, y la institución postal se autorrepresenta como guardiana de un acervo que merece ser preservado y exhibido. Este gesto autorreflexivo conecta con la noción ampliada de patrimonio cultural defendida por García Canclini (1999) y por la UNESCO (2003): los sellos postales, tradicionalmente considerados objetos de colección o documentos administrativos, son reivindicados como bienes culturales que condensan y transmiten la memoria histórica de la nación.

Figura 2. Serie conmemorativa del 50 aniversario del Museo Postal en 2015

Fuente: Archivo de la autora (2026)

Un hallazgo transversal que emerge del análisis es la notable plasticidad simbólica de la figura de Maceo en el ámbito filatélico. A lo largo de 111 años, su imagen ha sido utilizada para significar la independencia nacional (etapa republicana), la continuidad revolucionaria (etapa 1959-1989) y la preservación del patrimonio cultural (etapa 1990-2018). Sin embargo, en ningún caso se ha desvirtuado el núcleo simbólico del héroe: la valentía, la intransigencia, la lealtad a los ideales patrios.

Esta plasticidad, lejos de ser una debilidad, puede interpretarse como una fortaleza del símbolo. Al modo de lo que Barthes (1957, 1964) denominó "mito", la figura de Maceo funciona como un significante disponible para ser llenado con distintos significados según las necesidades del presente, sin perder por ello su capacidad de evocación histórica. La filatelia cubana ha sabido explotar esta plasticidad, ofreciendo en cada época una versión del héroe que resulta reconocible y, al mismo tiempo, pertinente para el contexto de recepción coincidiendo con Nora (1984).

La confrontación de los hallazgos con la literatura académica existente revela varias lagunas. En primer lugar, los estudios filatélicos cubanos (Fernández Pequeño, 1997; Guerra Aguiar, 1973), aunque valiosos, adolecen de un enfoque predominantemente descriptivo y catalográfico, sin incorporar las herramientas teóricas de la semiótica visual, los estudios de memoria o la teoría del patrimonio. En segundo lugar, la bibliografía internacional sobre filatelia y construcción nacional (Altman, 1991; Brunn, 2011; Child, 2008) ha prestado escasa atención al caso cubano, que presenta particularidades notables: la existencia de un correo insurrecto, la longevidad de un proceso revolucionario que ha hecho un uso intensivo de la iconografía independentista, y la relativa autonomía de la producción filatélica respecto a las tendencias del mercado internacional del coleccionismo. El presente estudio aspira a contribuir a colmar ambas lagunas.

CONCLUSIONES

El análisis ha revelado que la figura de Maceo ha estado presente en la filatelia cubana de manera ininterrumpida desde 1907, acumulando más de treinta emisiones conmemorativas, cancelaciones especiales y hojitas filatélicas que configuran un corpus de notable riqueza cuantitativa y cualitativa. Esta persistencia testimonia la centralidad del héroe en el imaginario nacional y la voluntad sostenida de las administraciones postales de honrar su memoria.

Se ha constatado la notable plasticidad simbólica de la figura de Maceo, que ha sido utilizada en distintos contextos para significar la independencia, la continuidad revolucionaria y la preservación patrimonial, sin que ello haya implicado una desvirtuación del núcleo simbólico de valentía, intransigencia y patriotismo que la define.

El presente estudio permite afirmar que la filatelia cubana ha contribuido activamente a la construcción y transmisión de la memoria histórica nacional, funcionando como un espacio simbólico donde el pasado se cristaliza y se ofrece a la contemplación colectiva, con la particularidad de que el sello, a diferencia del monumento arquitectónico, circula masivamente y atraviesa todas las capas de la sociedad.

El acceso restringido a los archivos institucionales de Correos de Cuba ha obligado a depender de fuentes secundarias para determinados datos catalográficos, y el análisis iconográfico, por su naturaleza cualitativa, comporta un margen de subjetividad interpretativa que se ha procurado atenuar mediante la triangulación documental. Futuras investigaciones podrían complementar este abordaje con entrevistas a los diseñadores de las emisiones, estudios de recepción entre coleccionistas y públicos no especializados, o análisis comparativos con la representación filatélica de Maceo en otros países. Asimismo, la digitalización creciente de los acervos filatélicos abre perspectivas novedosas para el estudio y la difusión de este patrimonio, que el presente trabajo ha aspirado a contribuir a valorar en toda su riqueza simbólica e histórica.

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