e-issn 2227-6513 santiago, Número especial, 2026
Artículo de Investigación
Educar para la patria: Luis María Buch y el Colegio Juan Bautista Sagarra (1924-1926)
Educating for the Nation: Luis MaríaBuch and the Juan Bautista Sagarra School (1924-1926)
Educar para a pátria: Luis María Buch e o Colégio Juan Bautista Sagarra(1924-1926)
Arnaldo Alfredo Delgado Fernández, http://orcid.org/0000-0002-2656-9727
Universidad de Oriente, Santiago de Cuba, Cuba
Autor para correspondencia: arnaldo.delgado@uo.edu.cu
RESUMEN
Este artículo analiza la gestión de Luis María Buch al frente del colegio Juan Bautista Sagarra durante los años 1924-1926, destacando su papel en la formación cívica y patriótica de la juventud santiaguera. La investigación se basa en fuentes hemerográficas y documentales, permitiendo reconstruir la participación de la institución en actos públicos, ceremonias patrióticas y conmemoraciones de héroes nacionales como José Martí, Antonio Maceo y Carlos Manuel de Céspedes. Se evidencia cómo Buch concibió la escuela como un espacio de socialización cívica, integrando instrucción académica, valores morales y memoria histórica, contribuyendo así a la construcción de identidad nacional en la República temprana. La muerte de Buch en 1926 marcó el cierre de una etapa, pero la continuidad del colegio bajo la dirección de Francisco Ibarra Martínez confirmó la solidez institucional de la obra del educador. Este estudio aporta nuevos elementos a la historiografía educativa de Santiago de Cuba, subrayando la importancia de la educación privada en la consolidación de la ciudadanía y el nacionalismo cívico.
Palabras clave: Educación, patriótica, ciudadanía, memoria histórica.
Abstract
This article examines the administration of Luis María Buch at the Juan Bautista Sagarra School between 1924 and 1926, highlighting his role in the civic and patriotic education of Santiago de Cuba’s youth. The research draws on newspaper and documentary sources, reconstructing the school’s participation in public events, patriotic ceremonies, and commemorations of national heroes such as José Martí, Antonio Maceo, and Carlos Manuel de Céspedes. Buch conceived the school as a space for civic socialization, integrating academic instruction, moral values, and historical memory, thereby contributing to the construction of national identity during the early Cuban Republic. Buch’s death in 1926 marked the end of an era, but the school’s continuity under Francisco Ibarra Martínez confirmed the institutional strength of his educational project. This study provides new insights into Santiago de Cuba’s educational historiography, emphasizing the significance of private education in the consolidation of citizenship and civic nationalism.
Keywords: Education, patriotic, citizenship, historical memory.
Resumo
Este artigo analisa a gestão de Luis María Buch à frente do Colégio Juan Bautista Sagarra entre 1924 e 1926, destacando seu papel na formação cívica e patriótica da juventude de Santiago de Cuba. A pesquisa se baseia em fontes hemerográficas e documentais, permitindo reconstruir a participação da instituição em eventos públicos, cerimônias patrióticas e comemorações de heróis nacionais como José Martí, Antonio Maceo e Carlos Manuel de Céspedes. Evidencia-se como Buch concebeu a escola como espaço de socialização cívica, integrando instrução acadêmica, valores morais e memória histórica, contribuindo para a construção da identidade nacional na primeira República cubana. A morte de Buchem 1926 marcou o fim de uma etapa,mas a continuidade do colégiosob a direção de Francisco Ibarra Martínez confirmou a solidez institucional de sua obra educativa. Este estudooferecenovos elementos para a historiografia da educaçãoem Santiago de Cuba, ressaltando a importância da educação privada na consolidação da cidadania e do nacionalismo cívico.Palavras-chave: Educação, patriótica, cidadania, memória histórica.
Recibido: 25/5/2025 Aprobado: 12/6/2026
Introducción
La educación desempeñó un papel fundamental en el proceso de construcción nacional cubano durante las primeras décadas de la República. Más allá de su función instructiva, las instituciones escolares fueron concebidas como espacios privilegiados para la formación de valores cívicos, patrióticos y morales, en un contexto marcado por los desafíos de consolidación del nuevo Estado y la necesidad de fortalecer una identidad nacional forjada en las luchas independentistas. En este escenario, la escuela se convirtió en uno de los principales instrumentos para la transmisión de símbolos, tradiciones y narrativas históricas que contribuían a legitimar el proyecto republicano y a fomentar el sentido de pertenencia a la nación cubana.
En Santiago de Cuba, ciudad estrechamente vinculada a los principales acontecimientos de la historia nacional, la educación adquirió una dimensión particularmente significativa. La memoria de las guerras de independencia, la presencia de numerosas asociaciones patrióticas y el protagonismo de destacados educadores favorecieron el desarrollo de prácticas pedagógicas orientadas a la exaltación de los héroes nacionales y al fortalecimiento de una cultura cívica sustentada en el respeto a los valores republicanos. Dentro de este proceso, las escuelas públicas y privadas desempeñaron un rol activo en la organización y participación en ceremonias, homenajes y conmemoraciones que trascendían el ámbito académico para insertarse en la vida pública de la ciudad.
Entre las instituciones educativas privadas que alcanzaron mayor relevancia en el Santiago republicano destacó el Colegio Juan Bautista Sagarra, fundado el 24 de febrero de 1903 por el maestro Luis María Buch Rodríguez. Bajo su dirección, el plantel se consolidó como una de las instituciones privadas más prestigiosas de la región oriental, distinguiéndose por una formación integral basada en la disciplina, la educación cívica y el culto a la nación cubana. La participación sistemática de sus estudiantes en actos patrióticos y actividades de carácter social reflejó una concepción de la enseñanza que integraba instrucción, civismo y compromiso ciudadano. Asimismo, la figura de Buch trascendió el ámbito escolar mediante su desempeño como concejal del Ayuntamiento, su activa participación en la masonería y su contribución a importantes iniciativas sociales desarrolladas en la ciudad (Delgado Fernández et al., 2026).
El estudio de los años finales de su gestión reviste especial interés histórico, pues permite comprender la manera en que el proyecto educativo impulsado por Buch se articuló con los procesos de construcción de memoria e identidad nacional en la República temprana. Sin embargo, la historiografía ha prestado mayor atención a la fundación y consolidación inicial del colegio que a los acontecimientos que marcaron los últimos años de dirección de su fundador y el proceso de transición ocurrido tras su fallecimiento en 1926. El análisis de este período resulta esencial para valorar la continuidad de los ideales pedagógicos defendidos por Buch y la influencia ejercida por la institución en la formación de generaciones de jóvenes santiagueros.
Durante los últimos años, diversas investigaciones han contribuido al conocimiento de la trayectoria de Luis María Buch y del colegio Juan Bautista Sagarra. Entre ellas sobresalen los estudios de Oliva Crespo (2023) sobre Francisco Ibarra Martínez y la continuidad institucional del plantel; las valoraciones de Delgado Fernández (2026a) acerca del carácter patriótico y nacionalista de la institución entre los años 1903-1923; de igual manera lo referente a las normativas de la educación privada en Cuba durante este periodo abordadas por Cordoví & Murguia (2017) y Delgado Fernández (2026b); así como los aportes teóricos de Jelin (2021) en torno a las políticas de la memoria y los procesos de construcción de identidades colectivas. Así como los análisis sobre nacionalismo educativo que realizan (Delgado Fernández et al., 2026b; Delgado Fernández y Escalona Chadez, 2026). Estos trabajos constituyen referentes fundamentales para la presente investigación, al ofrecer herramientas conceptuales e información histórica que permiten contextualizar el papel desempeñado por Buch y su colegio en la vida educativa y cívica de Santiago de Cuba.
En correspondencia con lo anterior, el presente artículo tiene como objetivo reconstruir y analizar la gestión de Luis María Buch al frente del Colegio Juan Bautista Sagarra durante el período 1924-1926, a partir del estudio de fuentes hemerográficas y documentales, identificando la participación de la institución en actos cívicos y patrióticos y valorando su contribución a la formación de valores nacionales y a la preservación de la memoria histórica en Santiago de Cuba.
Metodología
El presente trabajo constituye un estudio descriptivo-interpretativo de corte histórico, orientado a reconstruir y analizar la trayectoria de Luis María Buch al frente del Colegio Juan Bautista Sagarra durante los años 1924-1926, así como a examinar su impacto en la formación cívica y patriótica de la juventud santiaguera. La elección de este tipo de estudio se sustenta en la necesidad de abordar un fenómeno educativo y social desde la reconstrucción crítica de sus hechos y la interpretación de su significado histórico.
Se empleó el método histórico-lógico, que permitió organizar cronológicamente los acontecimientos y establecer relaciones de causa y efecto entre las acciones de Buch, la dinámica institucional del colegio y el contexto sociopolítico local. Como técnicas centrales se utilizaron la revisión documental y el análisis hemerográfico, esta última aplicada a periódicos de la época —Diario de Cuba y La Independencia—, con el propósito de identificar la participación de la institución en actos patrióticos, cívicos y sociales. La hemerografía permitió, además, reconstruir con precisión las fechas, los protagonistas y la magnitud de los eventos, evaluando tanto la presencia de la escuela como la intervención personal de su director en la vida pública.
La investigación se apoyó también en fuentes secundarias especializadas, incluidas monografías, estudios biográficos y trabajos de historia local, que sirvieron para contextualizar los hechos y contrastar la información obtenida de los periódicos. La crítica externa e interna de las fuentes se aplicó para garantizar la autenticidad, validez y confiabilidad de los datos, evaluando autoría, fecha, intención comunicativa y consistencia con otros registros históricos. Asimismo, se empleó el método biográfico que permitió articular la trayectoria de Luis María Buch con su influencia educativa, social y cívica, destacando su papel como promotor de valores patrióticos, identidad nacional y memoria histórica.
En conjunto, esta metodología posibilitó interpretar los últimos años de la dirección de Buch como un momento clave en la historia de la educación santiaguera, evidenciando la articulación entre escuela, ciudadanía y memoria, así como la perdurabilidad de su legado en la comunidad educativa y en la sociedad de su tiempo.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La figura de Luis María Buch ocupa un lugar relevante dentro de la historia educativa y social de Santiago de Cuba durante finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Maestro, educador y promotor de importantes iniciativas sociales, su legado trascendió el ámbito académico y dejó una profunda huella en la vida pública santiaguera. Nació en Santiago de Cuba el 25 de agosto de 1864. Desde temprana edad mostró una marcada vocación por el estudio y la enseñanza. Realizó sus estudios primarios en el Colegio Santiago, institución en la que posteriormente llegó a desempeñarse como profesor auxiliar. Más adelante ingresó en el Instituto Provincial de Oriente, donde obtuvo el título de Bachiller en Ciencias y Artes (González, 1936).
Foto 1: Luis María BuchRodríguez 1864-1926

Fuente: Rivero Ponce (1992)
En 1883, con apenas 19 años de edad, alcanzó el título de Maestro de Instrucción Primaria, iniciando así una extensa trayectoria dentro del magisterio. Sus primeros años como docente transcurrieron en Dos Caminos de San Luis, donde dirigió una escuela durante aproximadamente siete años. Posteriormente fue trasladado a Santiago de Cuba para asumir responsabilidades en centros escolares de los barrios de Belén y Dolores. Durante el período de la Intervención norteamericana en Cuba, las autoridades le encomendaron la dirección de una nueva escuela, función que desempeñó hasta 1902. Ese año decidió retirarse de la enseñanza pública para dedicarse plenamente a la educación privada, convencido de que desde ese espacio también podía contribuir al desarrollo intelectual y moral de la juventud cubana (González, 1936).
Su vocación pedagógica lo llevó a participar en la fundación del colegio Centro de Instrucción, donde además impartió clases de Geografía. Sin embargo, una de sus obras más trascendentes llegaría en 1903 con la creación del Colegio Juan Bautista Sagarra, institución que dirigió hasta su fallecimiento.
Este será el lugar donde pasará a las páginas gloriosas de la educación y la historia santiaguera y cubana en general, al lograr la organización de una institución educativa patriótica y nacionalista. Bajo su dirección se convirtió en la institución educativa privada, laica, más prestigiosa de Santiago de Cuba durante la primera mitad del siglo XX. Fundado el 24 de febrero de 1903 (Forment, 2017), el plantel desarrolló una formación integral académicamente, insertando incluso el estudio del Esperanto, convirtiéndose en la primera escuela cubana en incluir este idioma en el programa oficial. Su estructura estaba sustentada en la disciplina, la educación cívica y el profundo culto a la nación cubana y al ideario martiano. Su orden cívico-militar fomentó valores como el respeto, el deber y el amor a la patria, convirtiendo al colegio en el escenario habitual de actos patrióticos, homenajes a los héroes nacionales y actividades culturales vinculadas con la preservación de la memoria histórica cubana (Delgado Fernández, 2026a).
La labor de Luis María Buch no se limitó exclusivamente al ámbito educativo. También tuvo una activa participación en la vida pública santiaguera como Concejal del Ayuntamiento y alcanzó el grado 33 dentro de la masonería. Diversas referencias históricas le atribuyen igualmente un papel decisivo, junto al apoyo de sectores masónicos, en la fundación del Hospital de Emergencias de Santiago de Cuba el 10 de abril de 1922 (Poveda, 2015), obra que respondió a una necesidad urgente de asistencia médica para la población y que posteriormente llevaría su nombre.
Luis María Buch y el colegio Juan Bautista Sagarra 1924-1926
Son escasos los estudios que hacen referencia a los últimos tres años de la dirección de la prestigiosa institución educativa ya al momento del cambio de dirección de la misma tras la muerte de Luis María Buch. Nos referimos al periodo 1924-1926.
El 28 de enero de 1924 era celebrado por segunda vez como fiesta nacional el natalicio de José Martí; sin embargo, en la prensa de la época revisada —Diario de Cuba, La Independencia y El Cubano Libre— no se encuentran referencias sobre la participación del colegio Juan Bautista Sagarra en los actos públicos de la efeméride. No obstante, esta ausencia no niega la posible implicación de la institución en las festividades, dadas las características de la celebración y el decreto presidencial de abril de 1922 que regulaba la participación de las escuelas del país en el homenaje a Martí.
El 24 de febrero, en el marco de las celebraciones alegóricas al Grito de Baire, fue inaugurado en solemne acto el mausoleo a Tomás Estrada Palma en el Cementerio General. Estuvo presente un numeroso público, sobresaliendo los estudiantes del Colegio Juan Bautista Sagarra, la Escuela Normal, la Academia Herbart, el Instituto Provincial y una comisión del Colegio Dolores. Otras instituciones oficiales de Santiago de Cuba también estuvieron presentes, acompañadas por el Ejército y la Comisión Pro Estrada Palma. Fueron oradores en el acto Francisco Chávez Milanés y el Dr. Daniel Serra Navas, director de la Escuela Normal (La Independencia, 1924, 25 de febrero).
En 27 de noviembre de 1924, para conmemorar la triste efeméride del asesinato de los ocho estudiantes de medicina, como era una consolidada tradición, el colegio “Juan Bautista Sagarra”, depositó flores en el busto del ilustre defensor de los estudiantes fusilados, pronunciando do un discurso un alumno de dicho Colegio” (La Independencia, 1924, 27 de noviembre, p.3.)
El 6 de diciembre del propio año se celebró en el parque Aguilera un acto cívico con el objetivo de perpetuar el día señalado para la realización de la colecta Pro-Maceo Gómez, la cual estaría destinada a la adquisición de la finca “El Cacahual”, donde reposan los restos de Antonio Maceo y su ayudante Francisco Gómez Toro (Panchito).
El espacio fue propicio para que los niños de las escuelas públicas procedieran a la siembra de un árbol en el cantero que queda detrás de la estatua del patriota Francisco Vicente Aguilera, momento que fue acompañado por la música de la banda del Primer Distrito Militar. Aunque la asistencia fue mayoritariamente de las escuelas públicas, también hubo presencia de colegios privados como la Academia Herbart y de Luis María Buch director del colegio Juan Bautista Sagarra, quien, a su vez, en su condición de masón, representaba a la Logia Prudencia número 2. El acto estuvo presidido por el alcalde interino, señor Palomino, quien presidía también, por sustitución, el Comité pro-Maceo Gómez (Diario de Cuba, 1924, 7 de diciembre).
El día 7 del propio mes, para conmemorar la caída en combate de Antonio Maceo y Francisco Gómez Toro, se desarrolló en el Panteón de los Mártires un acto organizado por la Escuela No. 4 José Antonio Saco. Dicho evento contó con “representaciones de los colegios Herbart, Escuela Normal de Oriente y otros. El colegio “Juan Bautista Sagarra” correctamente uniformado montaba guardia de honor en torno de honor en torno de la reja que encierra el túmulo” (La independencia, 1924, 8 de diciembre, p.1)
Desde la perspectiva del nacionalismo educativo, este conjunto de prácticas cívicas y conmemorativas pone de relieve el papel de la escuela como espacio privilegiado para la formación de una identidad nacional. La reiterada presencia de estudiantes en actos públicos, ceremonias patrióticas y rituales de homenaje evidencia una pedagogía cívica orientada a la internalización de valores, símbolos y narrativas históricas que configuran el imaginario nacional. Estas prácticas no solo articulan el vínculo entre educación y nación, sino que también contribuyen a la construcción de una cultura política basada en la memoria compartida y la veneración de figuras heroicas (Delgado Fernández y Escalona Chadez, 2026).
En diálogo con las propuestas de Jelin (2021) sobre las políticas de la memoria, estos actos pueden entenderse como dispositivos de institucionalización del recuerdo, en los cuales el Estado, las autoridades locales y las instituciones educativas intervienen activamente en la selección, organización y transmisión del pasado. De este modo, las conmemoraciones no son meros ejercicios de evocación, sino escenarios donde se disputan sentidos sobre la historia y se consolidan versiones legítimas de la memoria colectiva. En este proceso, la escuela desempeña un rol mediador fundamental, al reproducir y legitimar una memoria oficial que contribuye a sostener determinados proyectos de nación y formas de pertenencia social.
El 28 de enero de 1925 para agasajar el natalicio del Apóstol de la independencia de Cuba, la “Comisión Pro Homenaje a Martí”, organizó un solemne homenaje. Este “consistió en la ofrenda de la flor simbólica que el inmortal prócer pidiera en versos sencillos” (Diario de Cuba, 1925, 29 de enero, p.4). Participaron un total de 32 escuelas públicas además de la Escuela Normal, además de algunos planteles privados como la Academia Herbart y Colegio Cubano. En los rotatorios de Santiago de Cuba no se afirma la participación del colegio Juan Bautista Sagarra en el acto, tampoco se niega, pero si se afirma la presencia de su director Luis María Buch, quien en ese momento también se desempeñaba como Concejal del Ayuntamiento de la ciudad (Diario de Cuba, 1925, 29 de enero).
Para conmemorar el reinicio de las gestas de independencia el 24 de febrero, nuevamente es partícipe el colegio Juan Bautista Sagarra. Durante el acto para honrar la memorable fecha en el Cementerio General, será izada la bandera de “La Demajagua” por los alumnos de la prestigiosa institución educativa. Momento en el que se realiza la “Entrega oficial del sepulcro del Padre de la Patria a la Asociación de Maestros de Instrucción Pública; acto en que hará uso de la palabra, el doctor Miguel Angel Martínez Ramírez en nombre de la Comisión Pro-Estrada Palma” (La Independencia, 1925, 25 de febrero, p.1).
El 19 de mayo del propio año la Comisión Pro Martí, que fundó la escuela pública No. 3 Spencer, organizó el acto de conmemoración del 30 aniversario de la caída en combate de José Martí. Este dio inicio a las 4:30 de la tarde ante la tumba del más universal de los cubanos. Conto con la presencia de la Banda Municipal, la del Ejército y distinguidas personalidades de Santiago. Sobresalió el momento de la entonación del Himno a Martí, por las niñas del colegio Spencer, como era tradición, el alumnado del colegio Juan Bautista Sagarra fue partícipe del acontecimiento con un pelotón de estudiantes bajo el mando del teniente Geovani Baró, y de Don Luis María, su director. De igual manera asistió una nutrida representación de estudiantes de esta institución educativa, al acto de descubrir un “busto del apóstol Martí en los jardines del departamento de varones de los Colegios Internacionales del Cristo (Diario de Cuba, 1925, 20 de mayo).
El 10 de octubre de 1925 el rotatorio Diario de Cuba se hizo eco de las palabras de Don Luis haciendo referencia al legado patriótico de Carlos Manuel de Céspedes y la necesidad de preservar el espíritu de la revolución de Yara. En este sentido concluyó:
(…) Carlos Manuel de Céspedes necesitó doce hombres para crear la República; uno sólo, es suficiente para mantener el legado de la Revolución redentora.
¡Haga la Providencia el milagro del hombre! (Diario de Cuba, 1925, 10 de octubre, p.15).
Como parte de la tradición del colegio Juan Bautista Sagarra en su empeño por honrar y preservar la memoria histórica y en honor a la lucrosa efeméride, fue colocada una ofrenda floral en el sepulcro del Padre de la Patria con la siguiente inscripción: “El Colegio Juan Bautista Sagarra al Padre de la Patria; un hermoso ramillete de flores naturales” (Diario de Cuba, 1925, 11 de octubre, p.3).
El 27 de noviembre del propio año, nuevamente los estudiantes del Juan Bautista Sagarra, correctamente vestidos de uniforme militar, junto a su director, en patriótica peregrinación. Se trasladaron al nicho donde por algún tiempo habían reposado los restos del defensor de los estudiantes de medicina, Federico Capdevila. Momento en el que rindieron merecido homenaje a los ocho jóvenes asesinados injustamente y al digno militar español que había levantado su voz ante tal injusticia (Diario de Cuba, 1925, 28 de noviembre).
De igual manera estuvo el colegio en el Cementerio General, en las festividades del 7 de diciembre (Día de los mártires de la patria), una comisión de alumnos del colegio Juan Bautista Sagarra, uniformados de “gala”. Como era característico estuvo presente en las festividades el colegio Spencer, la Academia Herbart, los Colegios Internacionales del Cristo además de otras escuelas públicas y privadas de la ciudad. También, se insertó en el homenaje una comisión de la tropa de Boy Scouts “Estrada Palma” con su jefe al frente (Diario de Cuba, 1925, 8 de diciembre).
El 28 de enero de 1926 parque de la Libertad era nuevamente epicentro de las festividades alegóricas al natalicio de José Martí. En este sentido señala el rotativo Diario de Cuba; “el homenaje se rindió en el parque de la Libertad, ante un busto de Martí colocado allí al efecto, junto a la columna de la Libertad que se destaca majestuosamente en aquel lugar de recreo y de distracción” (Diario de Cuba, 1926, 29 de enero, p.1.). La organización estuvo a cargo de la Comisión Pro Martí del colegio Spencer, contando con una nutrida representación que encabezaba la plataforma donde se encontraban las escuelas públicas y las instituciones patrióticas y masónicas del territorio. Significativo señalar que el único colegio privado que participó en el acto, fue el Juan Bautista Sagarra. La parada escolar partió desde el parque Céspedes hasta el de la Libertad, donde cada una de las escuelas, colocaba flores ante el busto del Apóstol y al paso de la última estaba prácticamente cubierto de flores (Diario de Cuba, 1926, 29 de enero; La Independencia, 1926, 29 de enero)
Muerte de Luis María Buch Rodríguez
El 22 de marzo de 1926 Santiago de Cuba sufría la muerte de Don María Buch que se desempeñaba como director del colegio y como Concejal del Ayuntamiento de Santiago, duro golpe para la educación cubana y específicamente para el colegio Juan Bautista Sagarra. El día posterior en primera plana del rotativo La Independencia, aparecía el anuncio: “A las 8 de la noche de ayer falleció, en esta ciudad, el concejal y educador señor Luis M. Buch”. Posteriormente se reconocía la obra política educativa y social del destacado maestro, sobre su labor al frente de su colegio señala el diario que el distinguido maestro había colocado a una altura envidiable a la institución educativa. Ante la resonancia del deceso del destacado maestro, Concejal y distinguido masón que ostentaba el grado 33 de la masonería, la Alcaldía Municipal resolvió:
Primero: Que en el día de hoy vaquen todas las oficinas municipales, y que la bandera nacional sea izada a media asta en los edificios de las mismas.
Segundo: Que al entierro que se efectuará a las cuatro y media de esta tarde concurran todas las fuerzas de Policía francas de servicio, el personal del Cuerpo de Bomberos con todo su material rodante, y la Banda Municipal.
Tercero: Que se dedique, en nombre del Ayuntamiento, una corona fúnebre con inscripción alusiva a las virtudes del extinto; y que sea enlutada la fachada de la Casa Municipal, en señal del justo duelo que se experimenta (La Independencia, 1926a, 23 de marzo, p.8).
La sección “Sobre Instrucción Pública” del mencionado rotativo, también se hizo eco de la sentida pérdida de Don Luis. Resaltando su labor en la formación de los jóvenes (La Independencia, 1926b, 23 de marzo). El día 24 de marzo se informaba en primera plana del mismo diario que el Hospital de Emergencias que él había fundado, a partir de ese momento llevaría su nombre para honrar su memoria. Se reconocía además que los jóvenes que se formaron en el Juan Bautista Sagarra bajo su dirección contaban con una sólida preparación y compromiso con los destinos de la patria (La Independencia, 1926, 24 de marzo).
Sobre el sepelio informa el Diario de Cuba, que se llevó a cabo el 23 de marzo en los salones del Colegio Juan Bautista Sagarra, donde también fuese su domicilio. El cortejo fúnebre estuvo muy concurrido, estando presente la Banda de Música Municipal, la Policía, el Cuerpo de Bomberos, sobresaliendo los alumnos del Juan Bautista Sagarra correctamente uniformados, luciendo un distintivo luto. Estarán representaciones de otros colegios entre los que se encontraban el Herbart, con su directora Ana Abril, el Dolores y La Escuela Normal. Frente al ayuntamiento se detuvo el cortejo y siendo arreada la bandera nacional se colocó sobre el féretro del ilustre intelectual hijo de Santiago de Cuba. Posteriormente se detuvo en Santo Tomás frente al parque Crombet, donde se le realizaron al cadáver los honores correspondientes a la alta jerarquía masónica, por parte de la Logia Fraternidad no1. Seguidamente redoblaron las campanas del templo de Santo Tomás quedando despedido el duelo. Finalmente, a las cinco de la tarde fue sepultado le ciudadano y patriota ejemplar que fue Don Luis María Buch Rodríguez. (Diario de Cuba, 1926, 24 de marzo)
Válido destacar que, en todo este proceso tras la muerte de Luis María, el colegio Juan Bautista Sagarra había cerrado sus puertas. Pero el 1 de abril de 1926, su hija Angelina Buch, anuncia la reapertura del colegio para el cinco de abril, que a partir de este momento estará dirigido por el joven maestro Francisco Ibarra Martínez. El anuncio llegará mediante una carta de la propia Angelina, publicada a su solicitud, en el Diario de Cuba. Algunos autores como Oliva Crespo(2023) en su libro La huella infinita de Francisco Ibarra Martínez, afirma que Ibarra ya dirigía el Colegio desde el 25 de diciembre de 1925, lo que también afirma Villalón(2006) en su Cronología de la educación en Santiago de Cuba (1522–1958),además de Ruíz García(2011) en su Trabajo de Diploma: Aproximación a la vida y obra pedagógica e historiográfica de Francisco Javier Ibarra Martínez. Se debe señalar que ninguno de estos autores ofrece una referencia clara de la fecha. Esta investigación, sin embargo, afirma que Luis María Buch dirigió su colegio hasta el día de su muerte 22 de marzo de 1926 y que Ibarra asume la dirección a partir de la reapertura del colegio el 5 de abril de 1926 (ver foto 2). Siendo esto una deuda historiográfica de la historia de la educación en Santiago de Cuba, se presenta a continuación la carta mencionada de la hija del fundador del colegio.
Foto 2: Carta publicada en el Diario de Cuba informando la reapertura del colegio y la nueva directiva

Fuente:(Diario de Cuba, 1926, 1 de abril, p.3).
Desde su posición como director del colegio privado Juan Bautista Sagarra, Buch concibió la institución educativa como un espacio de socialización cívica, en el que la instrucción académica se integraba a un proyecto formativo orientado a la producción de ciudadanos virtuosos. La escuela operó, así, como una microestructura republicana, en la que se ensayaban formas de organización, disciplina y responsabilidad colectiva coherentes con el ideal de república que el propio Buch defendía tanto en el plano educativo como en el político.
En este sentido, la experiencia del Colegio Juan Bautista Sagarra bajo la dirección de Luis María Buch, puede interpretarse como una práctica de pedagogización del proyecto nacionalista cívico, mediante la cual se buscó demostrar la viabilidad de una república sustentada en la formación moral de sus ciudadanos. La centralidad otorgada a los valores patrióticos y al legado de los próceres independentistas revela una concepción de la educación como herramienta estratégica para la preservación de la nación frente a las tensiones y limitaciones estructurales del orden republicano temprano
El reconocimiento a su trayectoria trascendió su tiempo. Según refiere Oliva Crespo (2023) en 1945 durante el Cuarto Congreso Nacional de Historia celebrado en Santiago de Cuba, Francisco Ibarra Martínez presentó un trabajo biográfico dedicado a Luis María Buch. A partir de esa investigación fueron aprobados varios acuerdos de homenaje y reconocimiento a su figura.
Dichos acuerdos aparecieron publicados en el Cuaderno de Historia Habanera No. 33, dirigido por Emilio Roig de Leuchsenring, bajo el título: Historia y Americanidad. Cuarto Congreso Nacional de Historia. Discursos y Acuerdos. En ese documento se declaró textualmente:
a) Don Luis M. Buch constituyó un modelo de maestros y ciudadanos conscientes de su responsabilidad.
b) Se dio perfecta cuenta de la enorme transcendencia de la obra política, patriótica y social de la escuela cubana, y a ella dedicó con singular devoción toda su existencia.
c) No creyó que su ministerio debía confinarse dentro de las cuatro estrechas paredes de su colegio, y amplió su radio de acción con una limpia ejecutoria social.
d) Gracias a sus empeños y a su actuación personal, dotó a Santiago de Cuba de un Hospital de Emergencia.
e) Como maestro constituyó en Cuba la más formidable avanzada del movimiento de renovación de la enseñanza. (Roig de Leuchsenring, 1946, p.78).
El período comprendido entre 1924 y 1926 constituye una etapa particularmente significativa para comprender los últimos años de la dirección de Luis María Buch al frente del Colegio Juan Bautista Sagarra. La documentación periodística consultada permite constatar la constante presencia de la institución en las principales ceremonias patrióticas de Santiago de Cuba, evidenciando la coherencia entre el proyecto educativo impulsado por Buch y los ideales cívicos y nacionalistas que caracterizaron su trayectoria. La participación sistemática del alumnado en actos conmemorativos vinculados a José Martí, Carlos Manuel de Céspedes, Antonio Maceo, Francisco Gómez Toro y los estudiantes de Medicina de 1871 demuestra que la escuela trascendía la mera función instructiva para convertirse en un espacio de construcción de ciudadanía, memoria histórica e identidad nacional.
La muerte de Luis María Buch, el 22 de marzo de 1926, marcó el fin de una etapa fundamental en la historia de la educación santiaguera. Sin embargo, la continuidad del Colegio Juan Bautista Sagarra bajo la dirección de Francisco Ibarra Martínez revela la solidez institucional alcanzada por la obra de su fundador. Más allá de su labor como maestro, concejal y promotor social, Buch dejó como legado una concepción de la educación comprometida con la formación moral, patriótica y cívica de las nuevas generaciones. El estudio de estos últimos años de su gestión no solo contribuye a enriquecer la historiografía educativa de Santiago de Cuba, sino que también permite dimensionar la trascendencia de una figura cuya influencia perduró mucho después de su desaparición física, proyectándose en la memoria colectiva y en las instituciones que ayudó a forjar.
CONCLUSIONES
El estudio permitió constatar que, durante el período 1924-1926, el Colegio Juan Bautista Sagarra desempeñó un papel relevante en la formación cívica y patriótica de la juventud santiaguera bajo la dirección de Luis María Buch. La participación sistemática de la institución en actos conmemorativos y ceremonias públicas evidencia una concepción educativa que trascendía la instrucción académica para incorporar la formación moral, el culto a los héroes nacionales y la construcción de una identidad republicana sustentada en los ideales martianos. En este sentido, la labor de Buch contribuyó a consolidar un modelo pedagógico donde escuela, ciudadanía y nación aparecían estrechamente vinculadas.
Por otra parte, la investigación aporta nuevos elementos para la historiografía educativa de Santiago de Cuba al documentar los últimos años de la dirección de Luis María Buch y esclarecer el proceso de transición ocurrido tras su fallecimiento en marzo de 1926. El análisis de las fuentes hemerográficas permitió corroborar que Buch permaneció al frente de la institución hasta su muerte y que la dirección fue asumida por Francisco Ibarra Martínez a partir de la reapertura del colegio el 5 de abril de 1926. Estos resultados confirman la trascendencia histórica del educador y la perdurabilidad de un legado pedagógico que continuó influyendo en la educación santiaguera más allá de su desaparición física.
Referencias bibliográficas
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