e-issn 2227-6513 santiago, 168, 2026

Artículo de Investigación

Necesaria aproximación a la historiografía para elaborar una historia de la psicología en Cuba

Necessary approach to historiography to elaborate a history of psychology in Cuba

Uma abordagem necessária à hiostoriografia para desenvolver uma história da psicologia em Cuba

Asel Viguera Moreno, https://orcid.org/0009-0007-0960-757X

Universidad de Oriente, Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Psicología, Santiago de Cuba, Cuba

Autor para correspondencia: aviguera75@gmail.com

RESUMEN

Sistematizar las realizaciones de la psicología cubana es una necesidad declarada por varios investigadores. Para ello, se precisa sentar las bases teóricas y metodológicas de tal empeño. De aquí la pertinencia de un acercamiento a la historiografía de la Psicología. El presente artículo constituye tal aproximación y se orienta a presentar las concepciones por las que ha atravesado la Historia de la Psicología: teorías, métodos, orientaciones filosóficas y epistemologías que la sustentan. Se analiza además la relación entre los sistemas psicológicos con las elaboraciones historiográficas, sus autores y contextos. Quedan explicitados los problemas que han surgido en el debate historiográfico y las alternativas de solución, así como los antecedentes a la denominada historiografía crítica.

Palabras clave: Historia, historiografía, epistemología.

Abstract

Systematizing the achievements of Cuban psychology is a need declared by several researchers. To this end, it is necessary to lay the theoretical and methodological foundations for such an endeavor. Hence the relevance of an approach to the historiography of psychology. The present article constitutes such an approach and is oriented to present the conceptions through which the History of Psychology has gone through: theories, methods, philosophical orientations and epistemologies that sustain it. It also analyzes the relationship between psychological systems and historiographical elaborations, their authors and contexts. The problems that have arisen in the historiographic debate and the alternative solutions are explained, as well as the antecedents to the so-called critical historiography.

Keywords: History, historiography, epistemology.

Resumo

Sistematizar as realizações da psicologia cubana é uma necessidade declarada por diversos pesquisadores. Para tanto, é essencial estabelecer os fundamentos teóricos e metodológicos para tal empreendimento. Daí a relevância de uma abordagem à historiografia da Psicologia. Este artigo constitui tal abordagem e visa apresentar as concepções que moldaram a História da Psicologia: teorias, métodos, orientações filosóficas e epistemologias que a fundamentam. Analisa também a relação entre os sistemas psicológicos e as obras historiográficas, seus autores e contextos. Os problemas que surgiram no debate historiográfico e as soluções propostas são explicitados, assim como os antecedentes do que se conhece como historiografia crítica. Palavras-chave: História, historiografia, epistemologia.

Recibido 12/05/2026 Aprobado 22/06/2026

Introducción

El presente texto, es uno de los momentos iniciales que sirven de soporte a una investigación cuyo punto de inicio, es la necesidad de elaborar una historia de la psicología en Cuba. Tal recorrido por la historiografía de la Psicología, surge como exigencia para fundamentar las bases teóricas, conceptuales y metodológicas de tal empeño. Varios autores reconocen la ausencia de sistematización histórica de las realizaciones de la psicología en Cuba (González Rey, 2012); así como una necesidad declarada el producir una Historia de la Psicología en Cuba (Corral Ruso, 2003). Se apunta además, por otra voz autorizada, que la historia completa de la psicología cubana sigue siendo una actual preocupación (De la Torre Molina, 2009).

Sobre esta declaración compartida por los mencionados autores, vinculados a la labor de hacer historia de la Psicología, se ha de considerar otro influjo que sobrepasa el ámbito nacional. La expansión, desarrollo y profesionalización de la disciplina psicológica más allá de los tradicionales centros productores de conocimientos y la disminución del liderazgo norteamericano (Danziger, 1993). Esto ha traído como consecuencia que se resalte el interés de disímiles contextos por sus tradiciones (De la Torre Molina, 1991, 1997; Klappenbach, 2012; Lima, 2012; Mogaji et al., 2012; Naidoo et al., 2002). Relacionado con tal escenario, los psicólogos de diferentes localidades muestran insatisfacción con la historiografía norteamericana y europea; de ahí la pertinencia de elaborar sus propias historias (Danziger, 1993; Miranda Gallardo & Torres Castro, 2012).

En relación a esta idea se ha utilizado la expresión indigenisation, “indigenización” y la tipificación indigenous psychology, “psicología indígena” o indigenisation movement, “movimiento de indigenización” (Adair, 1993; Brock et al., 2012; Carpintero Capell, 2012; Danziger, 1993; Mebarki, 2012; Naidoo et al., 2002; Sher, 2012; Sinha, 1986, 1993, 1994). Tales conceptos, refieren los procesos de importación de teorías y prácticas psicológicas (europeas y norteamericanas), la manera en que se asimilan, aplican y transforman en contextos sociales locales (Latinoamérica, Asia y África).

La dificultad de estos conceptos estriba en que pueden generar interpretaciones anuladoras del reconocimiento de producciones autóctonas, si se concentran en lo allegadizo y su acomodo. Resultaría en colonización intelectual o “imperialismo cultural” a pesar de reconocerse, por ejemplo, que los primeros cincuenta años de psicología norteamericana implicaron cierta indigenización de corrientes europeas (Danziger, 1993). Se suprimiría la posibilidad de revelar el origen de ideas psicológicas en la ideología y Filosofía autóctonas y la posible integración con lo importado. Frente a ello, se ha planteado la pugna entre dependencia e identidad (De la Torre Molina, 1986, 1991, 1997, 1998), como un referente historiográfico que pone de manifiesto las contradicciones al conformarse una tradición de pensamiento e ideas psicológicas tanto en la ideología como en la Filosofía.

Para De la Torre Molina (1998), es conocido que los pueblos originarios americanos elaboraron ideas acerca de cuestiones relacionadas con la psique por tanto, “…el pensamiento europeo no se depositó como en tabla rasa en los indígenas; y que los latinoamericanos, además de ser precursores en algunas áreas, vieron nacer la ciencia psicológica como árbol vigoroso con raíces propias” (p. 4275). Estas ideas orientan hacia la posibilidad de pensar otra Historia que complemente el historiar y la historiografía tradicional.

Surge de esta manera la necesidad de pensar una historiografía que permita construir historias alternativas a las tradicionales. Toda vez que han sido los grandes centros de poder/saber, quienes legitimaron, como fundadores de las teorías y los sistemas contemporáneos, las concepciones historiográficas más reconocidas que, al ser utilizadas en otros contextos, muestran límites explicativos (Viguera Moreno, 2017).

Para esta empresa de un historiar alternativo, crítico, se necesita primeramente una actualización sobre el devenir del debate historiográfico en Psicología. Indagar sobre el alcance y posibilidad de esa Historia de la Psicología a la luz de las transformaciones de los métodos, las concepciones, objetos y productos de los historiadores (Aguirre Rojas, 2011) en el contexto cubano. En esta dirección se define el propósito de la presente indagación: valorar el devenir historiográfico en Psicología con la mirada puesta en la realidad del contexto cubano y la necesidad de una historia en tanto productor de propuestas en la psicología como ciencia y profesión.

Surgen interrogantes en ese sentido: cómo y para qué se ha hecho Historia de la Psicología. La historiografía como objeto de análisis en su devenir, sus momentos de continuidad-discontinuidad, rupturas e inflexiones y su alcance en relación a las propuestas psicológicas que aparecieron en el siglo pasado en los ya centros de poder mencionados. Y por último, como consecuencia de esa valoración histórico-crítica: qué referentes historiográficos de ese devenir aportan a la manera en que se debe hacer una historia de la psicología en Cuba.

Metodología

El texto presente resulta un artículo de investigación descriptivo. Su pretensión se orienta a presentar las maneras en que se ha producido la Historia de la Psicología: un análisis histórico-crítico de la historiografía de la Psicología, que al mismo tiempo establece relaciones con el objeto de la Historia, la propia ciencia en su devenir tradicional. Para ello hay un posicionamiento desde una dialéctica que intenta desentrañar los aportes, límites, problemas, métodos y objetos de cada propuesta historiográfica analizada. Como métodos teóricos se consideran el análisis, la síntesis y la comparación. Ello cobra significado en el ya mencionando método histórico-crítico.

A partir de la identificación de la necesidad de hacer la historia de la Psicología en Cuba, declarada por varios autores, comenzó a realizarse una búsqueda de los diferentes enfoques historiográficos desde los que se ha producido el conocimiento histórico en Psicología. Este camino necesariamente derivó en la necesidad de comprender el devenir de dicha historiografía, su historia. Siempre desde una visión crítica que permitiera entender la relevancia y pertinencia de las propuestas para considerar los posibles fundamentos a seguir que surgen de la necesidad para el contexto cubano.

La toma de conciencia y declaración que es necesaria una historia de la Psicología en Cuba, a partir de su declaración por voces autorizadas, cobró un vital significado con la identificación de textos de autores de contextos como Asia, Latinoamérica y África. Tal referencia devino en una clave hermenéutica para valorar los límites de los paradigmas dominantes en la historiografía, la pertinencia y valor de las llamadas historias críticas como un posible referente para la nación caribeña. No obstante, se reconoce el papel jugado de la historia tradicional y se asumen sus aportes. De aquí que la propuesta no rompe con las funciones de las viejas historias de la Psicología, valora sus aportes y las integra a las críticas.

Por el hecho de ser el objeto de indagación elaboraciones de orden teórico-conceptual y metodológico, fue necesario realizar análisis de textos y revisión bibliográfica; un total de 62 entre libros y publicaciones seriadas. De aquí que la crítica epistemológica, sobre las condiciones de producción del conocimiento científico sea eje vertebrador de los resultados propuestos. La relación objeto-método, las condiciones de posibilidad de dicha producción, sus límites y alcances hilvanados en una continuidad que se remonta a finales del siglo XIX hasta la actualidad.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

La mayoría de los textos de Historia de la Psicología refieren el origen de la ciencia psicológica al referir un contexto, un hecho y un científico como protagonista: la Alemania a finales del siglo XIX (1879), Universidad de Leipzig, la creación de un laboratorio y su fundador, Wilhelm Wundt (1832-1920). Así puede encontrarse este tipo de acercamiento histórico en forma de tamiz historiográfico. Se significaba el mito del origen y el rol del padre fundador.

De esta forma, quedó la marca para que muchas de las historias constituyan panegíricos a los sistemas en Psicología y sus personalidades notables. Se dejan a la zaga historias “contadas en voz baja” de profesionales que no trascendieron, pertenecieron a una academia de prestigio o lograron una obra considerada como “histórica” (Boakes, 1989). En este caso, la criba de los objetos de interés para la Historia, posee orificios que retienen solo los de tamaño considerable: profesionales y sus prácticas, por ejemplo, no califican en la élite que trasciende; se solapan como subproductos de utilidad secundaria.

Estas Historias son las más consumidas en el ámbito académico (Viguera Moreno y Corral Ruso, 2025). Su finalidad está marcada por una visión científico-natural de la ciencia que permeó una buena parte de la Psicología al dimitir de la Filosofía. En este sentido, la Psicología científica en su paso triunfante desterró la tesis fundamentada por Dilthey (1833-1911) (1966) en su distinción entre ciencias de la naturaleza y del espíritu, al declarar para las últimas el interés hacia la estructura histórica del mundo humano.

Para Dilthey, la Psicología explicativa amputaba la totalidad e historicidad de la vida psíquica, por esto proponía un método, la verstehen (comprensión), para aprehender el mundo histórico y psicológico. Su Psicología Comprensiva establecía un puente entre Psicología e Historia (Massimi, 2000). A pesar de esto, la ciencia psicológica en su versión nomotética simplificaba la historia como constitución de lo humano y vía para su comprensión.

Empero, la hegemonía de esta Psicología cientificista, mayormente de origen norteamericano (salvo la Reflexología soviética), inspirada en el pragmatismo y el positivismo lógico, no logró una total hegemonía en la academia occidental. Así se mantuvieron propuestas como las de Brentano (1838–1917) y Husserl (1859-1938), que desarrollaron perspectivas fenomenológicas y existencialistas, fundamentos filosóficos y epistemológicos de la Gestalt y el Humanismo. Por otro lado, el papel del Enfoque Socio-Histórico en Psicología con Vygotski (1896–1934), recuperaba la relación entre Psicología e Historia.

La relación entre estas dos ciencias y las formas en que ha sido concebida la Historia de la Psicología, ha pasado por diferentes inflexiones y rupturas hasta llegar a su estado actual. Desde finales del siglo XIX aparecen las primeras aproximaciones históricas. Muchos psicólogos, entre ellos James Baldwin, mostraban interés por la Historia, al publicar Psychology, past and present en 1894; luego, Sketch of the history of psychology en 1905 y History of Psychology en 1913. En la Psicología recién establecida, la Historia vino a ser necesaria para legitimar la nueva ciencia y su carácter científico -negada posibilidad por figuras como Immanuel Kant (1724–1804) y Augusto Comte (1798–1857)- (Corral Ruso, 2003; Daval & Guillemain, 1964).

El propósito consistía en develar el camino antecedido en el seno de la Filosofía como historia de las ideas psicológicas y proporcionarle autonomía e identidad basada en una tradición. En ello se implicaron norteamericanos y alemanes. Wundt (1922) en el Compendio de Psicología de 1896 incluía reflexiones sobre historia de la Psicología. De igual manera lo hacía William James (1842–1910) (1994) en sus Principios de Psicología de 1890 y Brentano (2020) en su Psicología desde el punto de vista empírico.

Estos trabajos de finales del XIX y principios del siglo pasado comenzaron por tener un carácter clásico y se asocian a figuras como Edwin Boring (1886–1968), (1979). Se realizaron en un período de dominio positivista en el cual la Historia era fuente de certeza para la ciencia, al legitimar y justificar el presente. Es el período en que los historiadores de la ciencia y científicos se afianzaban generalmente en la idea de acumulación progresiva del conocimiento y su objetividad.

Se hacía legítima una ciencia sin sujeto, suspendida de intenciones y juicios que contaminaran el producto científico. Nikolas Rose (1996), al utilizar el término “historias recurrentes” del historiador George Canguilhem (1904–1995), plantea que su rol era convalidar “[…] el presente por medio de su respetable tradición […] llevando a cabo una división entre textos y autores sancionados y caducados, entre teorías y argumentos que coinciden con la imagen actual que la disciplina tiene de sí misma…” (p. 2).

En estos primeros años del siglo pasado, sobre todo en los Estados Unidos, la Psicología se debatía en el destierro del introspeccionismo que había defendido Titchener (1876–1927). Era un momento de búsqueda de alternativas y la Historia se hacía necesaria. Se conoce además que la Historia de la Psicología en esta época se convirtió en demanda y muchos editores se lanzaron a la caza de productores potenciales del tema (Danziger, 1996).

En este mismo contexto, ya caducada la vieja psicología metafísica criticada por John Broadus Watson y encaminado el estudio de la conducta observable, se implantó la Psicología conductista. Era esta una manera de resolver la crisis que trascendía de finales del XIX, en este caso se mantenía el método (el experimento) y se cambiaba el objeto (la conciencia). La propuesta recibió aceptación, pues se presentaba como una pertinente tecnología para el control social, el desarrollo productivo y la creación de una sociedad próspera, capitalista.

Para este mismo tiempo, en cuanto a la relación ciencia-sociedad en la historiografía, se instauraba el problema del internalismo-externalismo como parte de los análisis históricos de la Psicología. Las historias internas fueron elaboradas más por psicólogos que por historiadores profesionales y atendieron al desarrollo del conocimiento psicológico y los métodos para producirlo; daban cuenta de la forma consecutiva en que devenían. Las externas, por el contrario, buscaban la causa del cambio científico, no en criterios de falsedad o verdad, o en el carácter inmanente del desarrollo de la ciencia, sino en la relación establecida con influjos de tipo social, económico, político e ideológico.

De tal manera, el historiador se posicionaba en una de las partes: internalismo o externalismo. De aquí resultaban historias de las ideas o de las influencias institucionales. Fuera de tales apegos, si el análisis parte del posicionamiento asumido en el presente artículo, “[…] la inmaculada pureza de la pura ciencia…” (Hobsbawm, 1974, p. 492) de los internalistas, es compelida por contaminaciones que pertenecen al interno de su constitución disciplinar: ideologización de la Psicología. Y en el caso contrario, los contextos sociopolíticos y económicos no constituyen determinantes externos, contienen elementos emanados del saber científico-profesional presentes en los encargos sociales que recibe la psicología: psicologización de los espacios sociales.

Las concepciones de Vygotski (1997) pueden fundamentar el anterior párrafo. Para el soviético, un descubrimiento que modifique una idea en determinado ámbito y que trascienda el espacio que le da origen, y se convierta en principio explicativo, mantiene en su evolución el carácter social enmascarado bajo el acto cognoscitivo. Y es en su último momento de desarrollo, en que la idea termina por mostrar su verdadera naturaleza: “[…] después de haberse desarrollado hasta convertirse en una ideología o hasta conseguir conexión con ella, la idea parcial, de hecho científico que era, se convierte de nuevo en un hecho de la vida social…” (p. 21-22) al retornar al seno de donde surgió.

Por otro lado, si se sigue el hilo conductor de la polémica historiográfica en términos cronológicos, en Europa durante el intermedio de las dos guerras mundiales, se dio una revolución teórica que devino en pensamiento crítico y en ocasiones, emancipador. Aparecieron las nuevas lecturas del marxismo, ejemplificadas en la escuela de Frankfurt. La concepción de sujeto ya no dueño de sí, al momento en que Freud (1856–1939) “descubre” lo inconsciente. Una filosofía de la temporalidad con Heidegger (1889–1976) y su obra Ser y tiempo. Además, la revolución en la historiografía francesa de los años treinta (Escuela de los Annales), que practicaba una crítica a la vieja Historia y proponía objetos que habían sido interés de otras ciencias sociales. Propuestas que definían objetos nuevos, demandantes de acercamientos metodológicos desde un enfoque multidisciplinar.

A pesar de estos debates -y el hecho de que ocurrieran en el viejo continente-, a partir de los años treinta el interés por la Historia de la Psicología se debilitó. Para la Psicología positivista en busca de la ciencia (Corral Ruso, 2003), la tesis de la Historia y lo histórico no tenía cabida. Si aparecía algún trabajo que se moviera bajo esta adscripción epistemológica su finalidad era legitimar, no comprender o influir sobre el objeto que había definido: la conducta. En Europa a esta escasez de Historias se le agregaban las consecuencias de la guerra. Sin embargo, aparecen algunos intentos como el caso de Georges Politzer (1903–1942) con su Crítica de los fundamentos de la Psicología, publicada en 1927.

En Norteamérica, el mandato del Conductismo implantó una ciencia estable y la Historia se hace necesaria en períodos de incertidumbre y búsqueda de nuevos referentes, de aquí que no fuera un objeto “atractivo” para los psicólogos ocupados en controlar y predecir el comportamiento. Ello implicó el hecho de que se retomara la inclinación por la Historia alrededor de los años cincuenta y en el período que le sucedió. Ejemplo de ello es la reedición de la Historia de la psicología experimental de Boring (1979). Así, el cambio hacia el cognitivismo, cuestionada la propuesta conductista, se volvió hacia lo histórico como necesidad. La incertidumbre y la exigencia de deslindar lo útil y necesario para legitimar un camino, reabrieron los espacios para la ciencia histórica.

Finalizados los años cincuenta, con el arribo de la década de los sesenta aparecía en los Estados Unidos la Tercera Fuerza. El Humanismo intentaba recuperar el sujeto simplificado por las tecnologías del comportamiento y el procesamiento de la información. En este contexto, tuvo un notable impacto La estructura de las revoluciones científicas de Thomas Kuhn (1922–1966). El texto marcó un hito con sus nociones de paradigma, matriz disciplinaria, crisis y revoluciones científicas. La obra daba al traste con la noción acumulativa de la ciencia. La tesis de Kuhn (1986) tuvo una importante recepción en los historiadores de la Psicología, pues desde sus inicios existió una conciencia de la crisis en que se encontraba la ciencia psicológica y se usó para el análisis de los sistemas (Caparrós Benedicto, 1991).

Justo en esta década, el historiador de la Psicología Robert Watson (1960), en su artículo The history of psychology: a neglected área (La historia de la psicología: un área olvidada), se declaraba en contra del enfoque tradicional de la Historia de la Psicología. Watson exponía la necesidad de especialización de la Historia de la Psicología (Brozek & León, 1983; Gallegos, 2014; Quintana, 1991; Tur et al., 1997; Vera Ferrándiz, 2008;). Era necesaria la constitución como disciplina y profesionalización del historiador, así como el concierto de las ciencias sociales para producir Historia de la Psicología y el llamado a la Epistemología y la Filosofía.

El historiador norteamericano consideraba que para hacer Historia de la Psicología no era suficiente la formación disciplinar psicológica, se necesitaba oficio. Un adiestramiento en cuestiones metodológicas de la Historia, asimismo en Filosofía de la Historia, y como ciencia en sentido general. Se promovía así la especialización de la Historia de la Psicología y del historiador. La institucionalización de la naciente especialidad antes de concluir los sesenta fue evidente. Se creó la División 26 de la APA y la Journal of the History of the Behavioral Sciences en 1965; un Programa de Doctorado en Historia de la Psicología en 1967; dos Summer Institute of the History of Psychology en 1968 y 1971 y los Archives of the History of American Psychology en 1966 (Quintana, 1992).

Ello marcaba un nuevo período, pues hasta ese momento la investigación histórica en Psicología había tenido un carácter mayormente tradicional y amateur. Un período que en general no implicó “[…] un esfuerzo historiográfico profundo que condujera la Historia de la Psicología […] hacia su nivel explicativo auténticamente histórico” (Caparrós Benedicto, 1980, p. 406).

Había sido un momento de dominio positivista que privilegiaba el ideal de objetividad y neutralidad valorativa por parte del historiador. Esto implicaba que el método utilizado otorgaba el carácter científico al conocimiento: el criterio de verdad histórica estaba determinado por el refinamiento y efectividad de los métodos empleados en la investigación. Se trataba de una ruptura entre método y objeto: el objeto en su existencia independiente a la experiencia, podía ser explicado por el método sin modificación. Por último, la asunción de un marco teórico-conceptual que no partía del análisis y crítica de la realidad: la Historia partía de supuestos construidos de antemano, a priori, erigidos para encasillar en categorías la historia como proceso real que deviene en el tiempo.

Serían estos problemas centro de muchas discusiones en la nueva Historia e historiografía crítica de la Psicología. Se debían trazar propuestas –vistas desde las intenciones que motivaron la actual indagación– para sustentar la construcción y el acto de verificar el conocimiento a partir de tres elementos interrelacionados. El primero, asumir la unidad dialéctica objeto-método, en la que el primero resulte de una construcción a partir de la relación con los hechos de la realidad y no como descubrimientos cuya objetividad muestre su naturaleza ahistórica e invariable. En segundo lugar, la fundamentación y constitución del método en tanto derivación de las características propias del objeto. Y por último, definición de la praxis socio-histórica como criterio de partida y llegada para la elaboración teórico-conceptual. Es esta una síntesis de valor teórico y metodológico para guiar el propósito inicial sobre el que se funda la presente propuesta.

El nuevo período de la historiografía en Psicología, coincidió justo con los convulsos años sesenta. En este período se abrió una crítica al positivismo lógico y se repensó, a partir de influjos sociales como la revolución cultural de 1968, la percepción del tiempo histórico. El irrumpir del presente y redefinir su relación con el pasado (Aguirre Rojas, 1999, 2011). A partir de ese momento se ha complejizado el oficio de historiador. Se reintroduce “[…] el rol activo y creador de los sujetos históricos en la construcción de su propia historia…” (Aguirre Rojas, 2011, p. 121). Se abrieron condiciones de posibilidad para la aparición de un historiar crítico de la Psicología.

Ya en los años ochenta ocurrió un cambio que tenía su antecedente desde entrados los setenta y se expresó en ciertas producciones. Son ejemplo Ernest Hilgard, quien editara en 1978 conferencias de los presidentes de la APA y Blumenthal quien mostrara otra visión de Wundt como padre fundador (Danziger, 1993, 1996). Además, obras importantes como Toward a critical historiography of psychology de Woodward y Ceremonial versus critical history of psychology de Harris, en 1980. Asimismo, el trabajo de Kelly, Inventing psychology’s past: E. G. Boring’s historiography in relation to the psychology of his time de 1981 (Danziger, 1990b).

Aparecieron textos orientados a la reflexión historiográfica y al trabajo de archivo que revelaron fuentes de distinto tipo (Boakes, 1989). Tales indagaciones colocaban al historiador en el método, más cerca de la Historia que de la Psicología. Esta oleada aparecía justo en el momento en que la Psicología Cognitiva enfrentaba problemas no solubles desde su marco teórico-conceptual.

Este período veía surgir la denominada historiografía e historia crítica de la Psicología (Fierro, 2015; Kaulino, 2015; Ostrovsky, 2010). Los enfoques críticos aparecieron en el intento de ofrecer una solución al problema del internalismo-externalismo y superar el recuento-narración de la disciplina. Estos se nutrían de la crítica kuhniana a la continuidad acumulativa, de la aplicación de la sociología del conocimiento al estudio histórico de la ciencia psicológica y de la comunicación establecida con la historia social y cultural.

Al unísono aparecía en España, ligado a la figura de Carpintero y Peiró (1981), un florecimiento en los estudios históricos de la Psicología. Se creó la Revista de Historia de la Psicología (RHP) en 1980, procedente del Departamento de Psicología General de la Universidad de Valencia. Además, la Sociedad Española de Historia de la Psicología (SEHP) en 1988 (Quintana, 1991). Una de las características de la revista y parte de un Programa de Investigación en Historia de la Psicología, fue el uso de la bibliometría como método para el análisis (Carpintero Capell & Peiró Silla, 1981; Lafuente & Ferrándiz, 1991; Lascurain et al., 1997; López-Latorre, 1991;). En la RHP han colaborado y publicado, entre otros historiadores, el norteamericano Josef Brozek y el canadiense Kurt Danziger.

Dentro de los enfoques críticos destaca Kurt Danziger, quien coloca la mirada de la Historia hacia sí misma (1990a; 1990b; 1993; 1996). Su propuesta toma como sustento la concepción del Programa Fuerte de la Sociología del Conocimiento, desarrollado por David Bloor y Barry Barnes en los setenta. Desde una postura construccionista, el historiador privilegia el estudio de los “sujetos colectivos” y sus producciones prerreflexivas. El interés por el sujeto lo toma en cuenta solo como punto de partida para llegar a lo colectivo. De este modo, intenta superar las limitaciones del historiar anterior y plantea el paralelismo entre la Historia de la Psicología y la disciplina psicológica (Danziger, 1993).

La propuesta danzigeriana, al realizar una crítica de la historiografía tradicional, declara su función autocomplaciente, que no influye en las prácticas científicas vigentes. Esta Historia no impactaba la investigación, la producción de conocimiento, puesto que se encuentra en el espacio de “las relaciones públicas” (en la formación de grado) o en el de la socialización profesional (en la formación de posgrado). Son las asistencias de la Historia a la disciplina psicológica que “[…] mantienen viva a la primera a pesar de su esencial falta de relevancia para las tareas científicas centrales de esta última” (Danziger, 1993, párr. 9).

No obstante, la aparición de los enfoques críticos para historiar la Psicología a partir de los años ochenta pueden referirse autores y obras que por sus características merecen el calificativo de historias críticas y pueden ubicarse como antecedentes. Tal es el texto de Michel Foucault (1926–1984) de 1957, La Psicología de 1850 a 1950. En el estudio se articula una hermenéutica al realizar un análisis histórico de la Psicología y sus contradicciones. Subraya los límites de una psicología positivista y destaca el papel de la aplicación, pues para él “[...] la psicología ‛científica’ nació de las contradicciones que el hombre encuentra en su práctica…” (Foucault, 1997, párr. 38).

Foucault sostiene que no habría Psicología “[…] sino por el análisis de la existencia del hombre y por la recuperación lo que hay de más humano en el hombre […] su historia” (Foucault, 1997, párr. 39). Se presenta aquí una clave para el presente análisis, la naturaleza histórica de lo humano. Es notable además, la consideración de estructuras condicionantes del tránsito en Psicología desde “el prejuicio de la naturaleza” al “descubrimiento del sentido” como herencias del siglo XIX. Precisa el autor que “[…] en las formas actuales de la psicología se reencuentran esas contradicciones bajo la forma de una ambigüedad que es descrita como coextensiva de la existencia humana” (Foucault, 1997, párr. 39). Como “cosificación” o adherencia al sujeto de constructos que se presentan en una bifurcación que la propia naturaleza humana no posee.

Otro autor es Canguilhem (2008) en ¿Qué es la psicología? de 1958. Para el autor responder esta pregunta declara “[…] la obligación de esbozar una historia de la psicología […], en relación con la historia de la filosofía y de las ciencias, una historia necesariamente teleológica…” (pp. 7-8). Según el francés, lo diverso de la Psicología no permite que exista una coherencia conceptual, de aquí la imposibilidad de responder qué es la Psicología. Critica la simplificación de lo humano desde una valoración “[…] gnoseológica y ética… [como proyecto, a] …la psicología como ciencia del comportamiento, el cual carece de idea del hombre…” (Talak & Vezzetti, 2007, p. 24), al convertir el ser humano en instrumento.

Un tercer antecedente es El significado histórico de la crisis de la Psicología. Una investigación metodológica de Vygotski en 1927. El texto es una historia crítica en tanto quedan enunciadas y expuestas las determinaciones de la crisis. El atolladero en que la Psicología se encontraba, y su propuesta de la práctica como espacio de solución. Esta obra devela la existencia de dos Psicologías (la científico natural y la espiritualista), no pensadas desde la pluralidad presentada como hechos o escuelas, sino por su significado histórico. La crítica deja ver “[…] dos tendencias que subyacen y actúan en todas las corrientes en litigio” (Vygotski, 1997, p. 149).

El psicólogo soviético considera el derrotero de la ciencia psicológica determinado no solo por los autores, sus obras o escuelas. Propone el significado histórico como una clave que, al ser comprendida, revela la “estructura subyacente” condicionada “[…] por el propio desarrollo de la ciencia y por la naturaleza de la realidad a estudiar…” (Vygotski, 1997, p. 53). El texto valora “[...] los sistemas teniendo en cuenta sus tendencias, las oposiciones entre unos y otros, sus condicionamientos reales y su esencia teórico-cognoscitiva [...], su correspondencia con la realidad, a cuyo conocimiento están destinados” (Vygotski, 1997, pp. 8-9). Entiéndase por correspondencia, la alusión a las “abstracciones primarias” como resultado de la acción instrumental que constituye objetos psicológicos y que son tenidos en cuenta por Vygotski como una relación constante de crítica entre el concepto y el hecho en la praxis.

Es dialéctica la concepción vygotskiana de ciencia al argüir que su desarrollo no ocurre linealmente: “[…] si hay en él zigzags, retrocesos o recodos comprendemos su significado histórico y los consideramos, […] como eslabones necesarios…" (Vygotski, 1997, pp. 225-226). La comprensión de lo histórico desde su significado es definición medular no solo en lo metodológico, en la crítica, además en su dimensión axiológico-valorativa: el valor social que adquiere dotar de significado y sentido el conocimiento histórico.

Todo el devenir historiográfico en Psicología hasta aquí analizado ha confluido en una consecuencia asociada a la especialización de la Historia y profesionalización del historiador. Se ha tomado conciencia de que la historiografía pasada ha sido responsabilidad de insiders (historiadores amateurs), psicólogos pertenecientes a la comunidad historiada, quienes produjeron historias-relatos celebratorias y autocomplacientes, dada la implicación ineludible. La otra postura (outsider), del historiador profesional, tiende a ser crítica (Danziger, 1993). En este caso, ha de asumir el hecho de no gozar de popularidad, de enfrentar resistencias o demandas de historias oficiales por parte de los miembros de las academias.

Ello conduce a repensar no solo elementos implicados en el oficio de historiador, el objeto y método; sino también los estratos en la comunidad de psicólogos y las relaciones de poder/saber establecidas entre academia y profesión. Se reconocería la posibilidad de producir sus propias historias (a los profesionales) para autocomprenderse sin aceptar discursos históricos asignados.

La consideración de los derroteros que puede tomar la Historia de la Psicología hecha por historiadores profesionales, “[…] ha significado la aparición de voces de outsiders -que son outsiders desde el punto de vista del científico insider- que reclaman la posición de insiders en virtud de su filiación disciplinar…” (Danziger, 1993, párr. 38). El reto radica en pensar una historia crítica construida por historiadores internos que impliquen en su trabajo la especialidad de los externos, capaces de repensar la clásica historia de las grandes personalidades y sus teorías convertidas en sistemas (Valsiner, 1999). Donde se pueda combinar el compromiso del insider y el límite mantenido por el outsider hay “[…] razones para esperar el surgimiento de una historiografía que sea a la vez crítica y eficaz” (Danziger, 1993, párr. 38).

Finalmente, se puede declarar que la preocupación por la Historia y el debate historiográfico en Psicología ha tenido una importante tradición y mayor fuerza en Estados Unidos (Civera Mollá, 1992; Tortosa Gil et al., 1991; Tur et al., 1997). En Norteamérica, la comunidad psicológica sufrió constantes rupturas, de aquí la necesidad de reconsiderar en cada crisis, qué habían hecho y qué impacto tenía el conocimiento histórico registrado de la disciplina y cómo debía producirse para que cumpliera con su función legitimadora. Constituía además una impronta la tradición del pragmatismo y el desarrollo de una sociedad capitalista, demandante de tecnologías de lo psicológico eficaces para el control social.

En Europa, a pesar de ser un centro de saber con una herencia considerable en lo referido a la tradición historicista, con pensadores como Marx (1818–1883), Hegel (1770–1831), Michel Foucault, Marc Bloch (1886–1944) y Braudel (1902–1985), no hubo una producción significativa en la historiografía de la Psicología hasta arribada la década de los setenta y ochenta. Incluso el Enfoque Socio Histórico, que considera la historia como principio explicativo (Vygotski, 1997), no se centró en la discusión sobre cómo y qué tipo de Historia de la Psicología debían elaborar.

A diferencia de los Estados Unidos, donde hubo una pronta y creciente profesionalización de la Psicología, el contexto académico europeo de finales del XIX no se inclinaba a la independencia de la Filosofía (Watson, 1965) y hubo un desarrollo pausado de la profesión. En este sentido, se debe considerar la ocurrencia de dos guerras mundiales que, si bien impulsaron la aplicación de la Psicología, obstaculizaron la posibilidad de pensarse a sí misma con la intención de expandir y generalizar a nivel mundial sus teorías y sistemas.

En el viejo continente coexistieron varios sistemas en diferentes espacios y cada comunidad estaba concentrada en sus problemas y objetos. Existía certidumbre, tradición y no un intento por legitimar una Psicología semejante a la Física (salvo la Reflexología). Un ejemplo es la Gestalt, que al igual que el Conductismo, utilizó animales y experimentos para la investigación; sin embargo, generó alumbramiento (insight) y los norteamericanos por su parte, estímulo-respuesta (E-R).

El acercamiento a la historiografía de la Psicología revela un primer dominio de la historia tradicional, que se inicia con la fundación de la ciencia psicológica a finales del siglo XIX. Ya en el siglo XX, aparecen de forma tenue algunos estudios histórico–críticos como los de Vygotski, Foucault y Canguilhem. Es un período donde por lo general los historiadores forman parte de las comunidades académicas y las historias tienen una finalidad evaluativa y legitimadora. Le sigue una discontinuidad con la aparición del artículo de Watson en 1960 como parteaguas. A partir de aquí, se inicia una etapa en la que se delinean los fundamentos para la constitución de la Historia de la Psicología como disciplina, unida a la profesionalización del historiador.

Terminada la década, a partir de los setenta y principios de los ochenta, se configuran las denominadas historias críticas de la Psicología hasta la actualidad. Etapa en que han aparecido disímiles propuestas orientadas hacia los propios problemas historiográficos. En consecuencia, han surgido propuestas de nuevos objetos, métodos y establecimiento de relaciones con diferentes disciplinas y temáticas no tenidas en cuenta por la anterior historiografía.

CONCLUSIONES

Comprender el acaecer historiográfico en la Psicología viabiliza la toma de conciencia de que para elaborar una historia de la psicología en Cuba, debe necesariamente fundamentarse un posicionamiento teórico-conceptual y metodológico. De esta manera, se evitarán los relatos anecdóticos o la repetición de las ya superadas historias tradicionales surgidas en Europa y estados Unidos.

Problemas como el internalismo externalismo, la búsqueda de objetividad en la producción del conocimiento histórico, el amateurismo y profesionalización del historiador de la Psicología, son puntos de análisis para pensar qué tipo de Historia de la Psicología hacer en Cuba. Otra temática a considerar son las funciones de ese conocimiento histórico a revelar y su relación con las prácticas psicológicas en el contexto cubano. Todo ello, a la luz de las llamadas historias críticas, surgidas como propuestas alternativas a las tradicionales de los grandes sistemas y personalidades de la ciencia.

Si se sigue esta lógica, resalta que en Cuba no han existido teorías y sistemas psicológicos como en el continente europeo o en Norteamérica. En este sentido, una Historia por tendencias, métodos, conceptos y teorías, no encontrarían un sistema (escuela psicológica) de pertenencia que les diera unidad, sentido y significado. De igual manera, no sería viable una Historia por paradigmas o adscripciones epistemológicas: positivismo, fenomenología, hermenéutica o dialéctica de las que se han tenido en la mayoría de los casos, solo intenciones metodológicas sin que lleguen a ser puros en su manera de articularse.

El estudio de personalidades notables tampoco sería relevante para todas las etapas. Luego de 1959, en Cuba, la producción de conocimiento se concibe en proyectos y se planifica. Los logros se piensan en el contexto grupal. Esta es una de las características del último período; el resultado individual forma parte de una producción colectiva. La idea de padre fundador con discípulos que crea una teoría devenida en sistema y una tradición, no encontraría asidero en este escenario.

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